DIAGNOSTICAN UN SERIO DETERIORO DE LA CALIDAD AMBIENTAL DE COLASTINÉ
A solicitud de la vecinal Pro Adelanto Colastiné Norte, un grupo de ingenieros hídricos del Instituto Nacional del Agua, Centro Regional Litoral, investigó cómo se encuentra desarrollado el sistema de drenaje para evacuar los excesos hídricos superficiales y cómo es la calidad del agua del acuífero que utiliza la creciente población de la zona para la explotación domiciliaria. Es decir, analizó el agua superficial y subterránea.
Como se sabe, el área se encuentra en un proceso dinámico de rápida urbanización, principalmente a partir de la construcción de los terraplenes de defensa contra inundaciones, la cual se realiza a partir de loteos inmobiliarios sin mayores controles gubernamentales y sin una legislación que los regule.
El resultado de esto es que las dimensiones de los lotes son variables, sin plan director de regulación de los asentamientos y de desarrollo de la infraestructura urbana. Tampoco estos loteos contemplan un desarrollo progresivo de obras de saneamiento, tales como un sistema de provisión de agua potable, de recolección de las aguas residuales ni tratamiento de las mismas, ni obras de drenaje superficial.
Integraron el equipo de trabajo los profesionales Dora Sosa, María Roxana Mazón, Alejandro Secchi, Miguel Genesio y José Villordo. El director del proyecto fue Jorge Collins.
A nivel general, en el informe sostienen que “el cambio demográfico del área provoca alteraciones en las condiciones naturales del escurrimiento superficial por modificaciones de la red de drenaje natural y de los almacenamientos superficiales y en la calidad del agua subterránea por la infiltración de elementos contaminantes de los pozos negros de las residencias domiciliarias y de los emprendimientos comerciales e industriales”.
SUPERFICIAL Y SUBTERRÁNEA
A nivel superficial, se estudió la dinámica hídrica que define las orientaciones del flujo superficial, los lugares de almacenamiento y la capacidad del sistema para evacuar los excesos hacia los sistemas de bombeos. Se determinaron las áreas bajas, altas y las que podrían actuar como áreas de conducción; se evaluaron las alcantarillas, entubados de cruces de rutas y cunetas que pueden condicionar el normal escurrimiento.
Como resultado, “vimos que el sistema de drenaje estaba muy desorganizado, no había una red de distribución del agua pluvial, tampoco cuencas superficiales; el agua no se dirige hacia las zonas finales para ser bombeada y en los sistemas de bombeo había destrucción por parte de los vecinos”, afirmaron Collins y Sosa en una entrevista con El Litoral.
En lo que respecta al nivel subterráneo, los especialistas sospechaban de la presencia de un manto arcilloso importante que separaría lo superficial de lo subterráneo.
Es importante aclarar que el suelo en esa zona está compuesto por arena -donde se conectan los pozos negros-, un limo arcilloso y, más abajo, otra capa de arena en la cual generalmente se explotan las perforaciones domiciliarias de agua.
A través del empleo del método geoeléctrico, se revisó el espesor de la capa arcillosa y se encontró que no tenía la calidad de sedimentos que había en perforaciones de antecedentes de la zona. “Eran más limoarcillosos, es decir, en su composición tiene granos más grandes que dejan pasar el agua mucho más que una arcilla propiamente dicha, por lo que los sedimentos no eran tan impermeables ni tan potentes como para separar lo que llega a los pozos negros de las tomas de agua”, sentenciaron.
Y agregaron: “Todo eso está comunicado de alguna forma, por lo que si los pozos negros están muy cerca de las perforaciones (como ocurre en la zona) implica una situación de riesgo. Hemos encontrado pozos ubicados a sólo tres metros del lugar dónde la familia tiene la perforación del agua que consume”.
Como recomendación, los ingenieros dijeron que “es necesario hacer los pozos cementados, es decir, que se selle el nivel impermeable de las arcilla y se aisle el filtro para evitar que, entre el caño y el agujero que se hace para colocarlo, se generen espacios por donde penetre agua”.
LOS ESTUDIOS
Para evaluar el nivel de contaminación del agua subterránea se tomaron muestras en 12 perforaciones ubicadas estratégicamente considerando la densidad demográfica, la ubicación de posibles focos de contaminación, canillas públicas y escuelas.
Luego la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la provincia y el Ente Regulador de Servicios Sanitarios (Enress) realizaron los análisis físico químicos y bacteriológicos.
Los resultados se compararon con lo que dictamina la Ley 11.220 y “determinamos cuáles están por encima de la ley y cuáles no” (ver aparte), y se transmitió la información a los vecinos porque “la gente debe saber cuál es la calidad del agua que toma para empezar a cuidarse”, coincidieron.
También fueron expuestos ante autoridades de la anterior gestión municipal, del Concejo Municipal y de las autoridades que acompañan hoy a Martín Balbarrey en la intendencia.
“La solución definitiva a este problema es proveer de cloacas y de una red de distribución de agua potable, además de una red para el escurrimiento del agua pluvial”, finalizaron.
Área de estudio
La zona de estudio tiene una extensión aproximada de 920 hectáreas y sus límites son: al sur, la ruta nacional N° 168; al oeste, la Laguna Setúbal; al este, el río Colastiné; y al norte, Callejón Laborie.
Conclusiones y recomendaciones
Con respecto a las debilidades de la calidad del agua de extracción, los investigadores sostienen en el informe que las perforaciones que se realizan en la zona no sellan las aguas superiores y estas mismas contribuyen a aumentar la comunicación entre las arenas superiores con las que se explotan; es frecuente observar que las distancias entre los pozos negros y las perforaciones domiciliarias no guardan una distancia adecuada de separación, alrededor de 3,5 metros que sumadas a la situación anterior agravan el problema; los sedimentos que conforman la tapada del acuífero son por lo general del tipo limo arenoso, y aunque en la zona se encuentran capas arcillosas éstas no son lo suficientemente potentes para separar los mismos, confiriéndole al acuífero explotado una falta de protección natural.
En cuanto a soluciones plantean: el riesgo de contaminación de acuífero es elevado, por lo tanto es necesario realizar un monitoreo permanente para evaluar la evolución de la situación actual; es imprescindible implementar un sistema eficiente y seguro de provisión de agua potable; resulta también necesario realizar obras de saneamiento para las aguas residuales domésticas a fin de evitar el deterioro del acuífero explotado.
Sostienen que los resultados deberán ser de conocimiento público y se deberá poner énfasis en que hasta tanto no se realicen las obras, las perforaciones para abastecimiento de agua tendrán que separarse lo más posible de los pozos negros aledaños y realizar periódicas determinaciones físico-químicas y bacteriológicas de las aguas de consumo; deberá advertirse de la gravedad de realizar perforaciones que conecten las aguas residuales con el acuífero explotado, solicitando a la brevedad el cegado de los mismos.
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