DIÁLOGOS INMEDIATOS
Ha quedado el resabio, la herencia que todo lo oprime, que todo lo reduce, que monta el perímetro de lo pensable, que dice ‘medios de comunicación’ donde debería decir ‘campo comunicacional’, que confunde con alevosía Estado y gobierno, que excluye allí donde debería incluir, que circunscribe ‘las políticas de comunicación’ a ‘reglamentación de medios’. Ha quedado el resabio, sí, el resabio de algo que pasó, de un elixir impúdico. Ha quedado la sombra. Pero en la oscuridad algo se mueve, se mueve y moviliza. Ha quedado la sombra pero a la sombra también ha quedado algo.
LA CONSTRUCCIÓN DE COMUNICACIONES ALTERNATIVAS
Cuando se coincidió casi con unanimidad en que los gobiernos confunden políticas de comunicación con políticas de medios de comunicación, se manifestaban dos fenómenos: primero, es necesario reflexionar sobre las especificidades de lo comunicacional (lo político, lo social, lo cultural, lo económico, lo artístico y sus relaciones); segundo, hay una mirada anterior que ha reflexionado al respecto y que ha decidido cerrar el debate, callar las voces, clausurar el significante.
Dentro de ese marco, pensar políticas nacionales de comunicación exige navegar por las lagunas de los medios y, al mismo tiempo, por los mares de la comunicación no mediática.
Con referencia al primer punto, es vital impedir las tendencias hacia la concentración de los grandes medios de información. De lo contrario, se reduciría más aún el campo de la comunicación interpersonal y se acabaría destruyendo la multiplicidad de vías por las cuales cada individuo puede ejercer su derecho a la libertad de expresión.
El modelo imitativo que ha guiado durante décadas las políticas de los países tecnológicamente atrasados no hace sino circunscribir la comunicación a un molde que no se adapta a las circunstancias reales.
Si bien no es posible desterrar de sus aposentos a los antiquísimos medios utilizados para la comunicación –entiéndase TV, prensa escrita, cine, entre otros– una de las claves para retomar el debate radica en poder construir canales alternativos de comunicación, en los que se puedan comunicar las actividades de los hombres en circuitos más reducidos donde los grandes medios no alcanzan a introducirse. Muchos grupos, como las organizaciones no gubernamentales, las asambleas barriales, las entidades sin fines de lucro, no son incluidos en el sistema comunicacional y terminan por crear sus propios medios de expresión. Lo interesante sería que una vez que estos grupos se ponen en marcha el gobierno de turno apoye estas iniciativas independientes aunque sea en materia económica.
EN LA BÚSQUEDA DE UNA “COMUNICACIÓN” CON OTRO SENTIDO
Uno de los puntos principales para la formulación de políticas de comunicación debe basarse en resignificar la actual concepción sobre el sentido de la palabra “comunicación”.
Hasta nuestros días, la comunicación ha sido sustentada desde una perspectiva verticalista, donde una clase numéricamente minoritaria con un alto grado de ‘instrucción’ transmite mensajes a una gran masa de ‘no instruidos’. Hoy se cita necesario indagar por una comunicación ‘horizontal’, en la que cada individuo pueda desempeñar un papel activo dentro de la comunicación. Esta estructura horizontal hace posible aventurar el crecimiento y el desarrollo de lazos comunitarios mediante una continua circulación de enunciados que no se refieren exclusivamente a aquellas noticias transmitidas por los medios masivos de comunicación, sino que atañen a los pequeñas prácticas discursivas que se engendran en ámbitos comunes y que pasan a formar parte de la idiosincrasia de un grupo social determinado.
Al momento de buscar soluciones, los comunicólogos se centraban en lo que el catedrático Antonio Pasquali ha dado en llamar las ‘mega-utopías’. En resumidas cuentas, éstas refieren a un Nuevo Órden Económico Internacional que rompa con la estructura del sistema capitalista. Esta utopía de destruir el capitalismo impide enfocar una solución en los problemas concretos. El problema no ha consistido en que las propuestas fuesen demasiado utópicas sino en que existía un grupo minoritario al que no le era conveniente que se lleven a cabo.
SOCIEDADES CONTEMPORÁNEAS VS. DEBATES NO GENERALIZADOS
La mayoría de las lecturas sobre políticas comunicacionales tienden a plantear grandes problemas que engloban a decenas de países. Sin embargo, creemos imposible el planteo de soluciones apropiadas a la situación concreta de cada nación en tanto y en cuanto la discusión se plantee en giros tan generales. Hablar de todos los pueblos, como si fueran realidades similares, implica dejar de lado la noción de “sociedades contemporáneas”. En efecto, cada sociedad tiene sus problemas y sus realidades, que difieren enormemente de otros pueblos. A pesar de una cercanía en cuanto a la dependencia económica y cultural, y también en lo concerniente a los problemas estructurales, cada país con sus diversidades culturales posee rasgos irreductibles y, por lo tanto, intratables en el ámbito de soluciones generales.
Dentro del mundo de la globalización resulta imprescindible poder rescatar las manifestaciones culturales propias de cada pueblo o nación para poder darlas a conocer al mundo entero. Es importante poder entender que la caída de las fronteras nacionales no se debe traducir en políticas de homogeneización de culturas, donde todos los habitantes del planeta posean las mismas costumbres, hábitos y gustos. Sino, por el contrario, resulta imperioso establecer mecanismos estructurales en beneficio de la diversificación y la multiplicidad de culturas, donde cada una pueda tener acceso al conocimiento de la otra.
LIMITACIONES DE LOS PAÍSES “TECNOLÓGICAMENTE EN DESARROLLO”
Las nuevas tecnologías resultan para los países tecnológicamente atrasados un fenómeno económico-cultural de marginación. En nuestra región, la tecnología implica importación de insumos y asentamiento de empresas transnacionales que se constituyen como ejes de los sectores dinámicos de la economía. Desde otra perspectiva, además, la concepción del desarrollo como progreso tecnológico es propia de la construcción simbólica de una gran cultura occidental en detrimento de las especificidades de las diferentes culturas autóctonas. ¿Cuál es el fundamento teórico y político del desarrollo? Los países “en desarrollo” deberían ser llamados los países “tecnológicamente en desarrollo”. Los otros aspectos sociales —vínculos familiares, tradición, arte— no pueden reducirse al desarrollo tecnológico.
La barrera que separa a los países tercermundistas de las potencias debería convertir nuestro empecinamiento imitatorio en políticas proclives al fortalecimiento y asentamiento de prácticas culturales locales. El desarrollo de bases técnicas y tecnologías son requisitos indispensables para el establecimiento de un Nuevo Orden Internacional; no obstante, cabe una pregunta más sustancial: ¿cómo lograr un nuevo orden en medio de la dependencia tecnológica? Creemos que el nuevo orden es un proyecto demasiado pretencioso. En otras palabras, conviene concebir nuevas políticas de comunicación destinadas a una superación conjunta del estado actual del Tercer Mundo sin contar para la ocasión con ayudas “ingenuas” de los países desarrollados.
Las conclusiones de la Comisión Mc Bride (grupo de expertos en ciencias sociales que se reunieron con el objetivo de proponer un nuevo modelo mundial de comunicación e información) alertan que “en la medida en que la descentralización permite la expresión de intereses y realidades locales, regionales y comunitarias, cabe considerarla como un modo de facilitar la democratización. Ahora bien, los medios de comunicación descentralizados propenden a menudo a imitar el funcionamiento del sistema centralizado, creando un corporativismo local y amoldándose a la jerarquía social de la localidad.”
Una política de comunicación debe establecer tecnologías acordes a las necesidades de una sociedad y no dejar que los países industrializados construyan en los países del Tercer Mundo necesidades ilusorias de acuerdo con la realidad que éstos viven.
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