Diálogos musicales
Alejandro Santos sube al escenario y toca la flauta baja. Notas de una clara melodía se entremezclan con aquellas que aparecen del sortilegio de la improvisación y hacen que los cauces se desborden y, luego, se vuelvan a encontrar. Con una técnica depuradísima para los instrumentos de viento, el sonido “percutido” nos transmite ritmos del altiplano en su fusión con otros de distintas latitudes.El aplauso surge espontáneo entre el público. Santos es multi-instrumentalista y da cuenta de ello. El teclado es, por un momento apenas, el protagonista. La mano derecha dibuja una línea melódica homófona al nítido silbido que se apoya en cadencias que fluyen casi de manera obligada. El reconocido ritmo del candombe rioplatense se intercala con un seis por ocho aletargado y luego aparece el cuatro por siete. La oscilación entre los géneros es una constante que se mantendrá a lo largo de todo el recital. El diálogo intermusical en cada tema denota el camino andado. Sus primeras búsquedas fueron en el folklore. Luego se orientó al rock, la bossa nova, las nuevas corrientes del tango y el jazz moderno. Sin dejar ninguno afuera, todos estos estilos fueron parajes ineludibles en el repertorio de la noche. Con un toque “cantado” en la flauta traversa interpretó temas “de músicos norteamericanos que merecen mi admiración”. Así, aparecieron versiones impecables de frases célebres de Miles Davis o Dizzy Gillespie. Su mirada interpretativa demostró un circular cómodo dentro del género, producto de sus años de estudio en la escuela de música Berklee College de Boston (USA) y su posibilidad de compartir escenarios con grandes figuras del jazz internacional.De la mano de la guitarra trajo la música más significativa del país carioca. Sin muestras de un dedicado trabajo de la voz, entonó la letra en español de un tema que “es un aire de bossa que le escribí a mi hija”. En este recorrido inagotable, no quedó afuera la música ciudadana. La vanguardia del tango quedó plasmada en la flauta traversa con un sonido limpio ya sin demasiados efectos. La perfecta digitación y la sensibilidad para generar climas a partir de la variación de las intensidades, demuestran la dedicación al estudio y configuran su estilo propio a la hora de tocar. El arreglo de Libertango, de Astor Piazzola, fue el momento de expresión superlativo de todo el recital. “Gracias maestro”, dijo con la mirada hacia arriba invocando al compositor fallecido.Por último, “quiero invitar a tocar a unos jóvenes músicos santafesinos”. Junto a Mario Spinossi, en teclados y Julián Macedo, en batería electrónica, interpretaron un tema que “se lo escribí a mi madre y ahora lo quiero compartir con ustedes”. Siempre con la improvisación como base implícita, el diálogo musical y el contrapunto como telón de fondo, una canción con aires de balada y su fusión con el folklore de proyección fue el cierre de la noche. Alejandro Santos ha hecho “camino al andar” en el mundo de la música y lo demostró de la mejor manera que lo sabe hacer: tocando.
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