DiCaprio: "Me gustan los personajes complicados"
Para transformarse en J. Edgar Hoover viejo, Leonardo DiCaprio se sentó horas frente a maquilladores que le agregaron manchas en la cara, dientes amarillos y pulposos rollos de gordura. Una buena parte de la película de Clint Eastwood, J. Edgar , se la pasa transpirando y mirando con desdén bajo la luz implacable del cuartel del F.B.I. Significó, también, memorizar interminables monólogos que debían decirse con la cadencia vertiginosa propia de Hoover. Además, DiCaprio, que se caracteriza por salir siempre con supermodelos en la vida real, tuvo que forcejear con un hombre y después besarlo.
Y además, ponerse un vestido.
Enfrentado a este tipo de demandas, la mayor parte de las estrellas, incluso las ansiosas por llamar la atención de los que votan el Oscar, hubiesen dado media vuelta y huido. ¿Verse feo y no heroico? Un riesgo demasiado grande, aunque sea con Eastwood en la conducción. Pero DiCaprio, al menos el post- Titanic , viene desarrollando una carrera con decisiones peligrosas y de alguna manera sigue rindiendo.
“Cuando no puedo definir inmediatamente el personaje y hay un elemento de misterio y mucho por investigar, es cuando digo que sí”, dice DiCaprio, de 36 años. “Me gustan los personajes complicados.” A Hollywood, por supuesto, no le gusta esa respuesta. El sistema de las estrellas se ha vuelto más sutil, pero sigue siendo un sistema: se supone que los artistas deben tener una fisonomía más constante, con menos metamorfosis. “Al aparato le gusta encasillar al actor”, dice Brian Grazer, un productor de J. Edgar .
Probablemente ayude que DiCaprio se las ingenió para guardar una mística acerca de su vida personal. Mantener esa distancia es algo de lo que se ocupa. En la entrevista no pretende hacerse el amigo como muchos artistas lo hacen. Le gusta su privacidad y ese juego hace que sus actuaciones tengan más éxito; la gente se inclina más por aceptarlo como un personaje inabarcable si es que no tienen una idea clara de quién es fuera de la pantalla.
Las elecciones de DiCaprio pueden ser poco comunes. Los personajes son en su mayoría tortuosos, antipáticos, tipos omnipotentes, creados con la ayuda de un grupo minúsculo de directores como Martin Scorsese, Christopher Nolan o el propio Eastwood. “Leonardo podría hacer mucho dinero haciendo películas mecánicas, pero a él le gusta el desafío -dice Clint-. Y es un gran desafío protagonizar a alguien que no tiene nada en común con uno”.
J. Edgar encaja justo con su canon. Las buenas películas biográficas ofrecen un retrato de la persona con todos sus defectos e invitan a los espectadores a que juzguen por sí mismos; y eso es lo que intenta el filme de Eastwood.
El grupo hollywoodense que ama las películas serias, celebra que DiCaprio se arriesgue y lo eleva a nivel de dios por su voluntad para hacer ese tipo de dramas que son una especie en extinción en los grandes estudios. Pero otro grupo, más pendiente de los negocios -agentes, ejecutivos de estudios- asegura que hacer todas estas biografías es un error. Su preocupación es que DiCaprio deje de ser interesante para el público si no condimenta su carrera con papeles más variados.
¿Le preocupa a DiCaprio encasillarse en algo por querer justamente no estar encasillado? Si le preocupa, no lo admite. “Jamás. No. No me preocupa”, dice rápidamente.
Como persona, resulta ser como uno sospechaba. Está cansado, recién llegado a Los Angeles desde Australia donde había estado filmando El Gran Gatsby . Pero también se muestra pícaro y educado.
“Teneme paciencia mientras se me acomodan las ideas”, dice con una sonrisa y ajustándose la gorra azul de béisbol (puesta hacia atrás naturalmente). Se ilumina cuando habla de las películas y personas que han influido en él, en particular, El ocaso de una estrella , de Billy Wilder, y dice que lo conversó con Eastwood durante el rodaje. Querían emular el tratamiento que en ese filme de 1950 se le da a la voz en off. Pero DiCaprio también pone el piloto automático para responder de vez en cuando. Y las preguntas personales no son apreciadas. Por ejemplo, como respuesta a la pregunta “¿por qué sale con todas esas supermodelos?” lanza una mirada como diciendo, “¿vos no lo harías si pudieses?”, pero enseguida agrega, gélido: “Nunca hablé de ese tipo de cosas y no lo voy a cambiar”.
Prefiere hablar de J. Edgar , especialmente de ese maquillaje prostético que encuentra frustrante y claustrofóbico. Estima que se pasó casi dos semanas de los 39 días de rodaje como el “viejo Hoover”, lo que requirió sentarse hasta cinco horas diarias en la silla de maquillaje. “Mantener el personaje y luchar contra las ganas de rasgarlo y no sentirse encerrado en ese envoltorio es muy difícil. Es como estar embadurnado con miel y envuelto en un acolchado de plumas”.
Dedicó meses a investigar el personaje para poder caracterizarlo. Viajó a Washington a visitar el Departamento de Justicia y una de las casas en las que vivió Hoover. También se encontró con las pocas personas que trabajaron con él y aún viven. “Quería que me contaran cómo caminaba, cómo hablaba, cómo eran sus manos, cómo era su escritorio, qué cosas tenía sobre el escritorio. La investigación de estos papeles es mitad divertido y mitad desafío. Eso es lo emocionante”.
Los aficionados a DiCaprio se darán cuenta que, en efecto, tiene cosas importantes en común con Hoover, al menos en la superficie. Hoover era muy cercano a su madre (encarnada por Judi Dench) y DiCaprio tiene un vínculo muy estrecho con la suya, Irmelin, que lo crió en la zona de Los Feliz de Los Angeles y lo llevó a todos los castings.
“La diferencia es que la madre de Hoover le decía lo que tenía que hacer, en cambio mi madre me escuchaba, me apoyaba y no le importaba si llegaba a ser actor. Simplemente escuchaba a ese pequeño arrogante que decía que quería serlo, y no se me reía en la cara”, dice.
Hoover también fue alguien que se perdió en su propio ego y en su necesidad de ser el centro de atención, algo que DiCaprio debe vislumbrar como una posible fatalidad. “No es un tema que me preocupe mucho -dice-. Tengo total conciencia de que todo esto es fugaz”.
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