Dichosa Madryn
De tanto crecer, Puerto Madryn se ha convertido en la más cosmopolita de las ciudades turísticas del sur. Vale la salvedad de “turísticas” porque Comodoro Rivadavia también se expande y también es cosmopolita, pero su crecimiento está signado por el petróleo. Aquí, en Madryn, no. Aquí, la naturaleza fue la responsable excluyente para que el pueblo que supo ser manso como las aguas de su golfo, hoy se de diques de gran ciudad.
Como toda localidad del Chubut que se precie, en Madryn viven los recuerdos de los colonos, los conquistadores y los aborígenes. Un tehuelche hecho monumento mira, gigante, desde un extremo de la ciudad como pasean los turistas por las calles del centro, que llevan casi siempre nombres que homenajean a las huestes asesinas de Roca o a los laburantes que quisieron construir la Gales argentina.
La conjunción entre los sobrevivientes del genocidio, los tesoneros recién llegados y los matadores establecidos edificó esta Madryn en expansión permanente, pero, nobleza obliga, casi todo lo que sirva para establecer un vínculo de raíz con la zona, lo ha hecho un paisaje que hace que, quienes quieran que aquí vivan, por origen que tengan, jamás sientan envidia por esas postales de la Costa Azul europea que muestran en la televisión.
La amplitud de las playas, la benevolencia de la temperatura, el aroma fresco del aire del mar, los acantilados que la protegen y el puerto que la hace de nadie y de todos se confabulan a la perfección para hacer que todo aquel que viene quiera quedarse. Sin embargo, debe quedar claro que una cosa es el placer de las vacaciones y la fuerte política turística de la región y otra, la idea de vivir para siempre.
Nora, una hotelera de Madryn, aclara que la Patagonia ha incorporado una nueva jerarquía a sus ya conocidas “VYQ” y “NYC”. Los primeros son los “venidos y quedados”, los otros, los “nacidos y criados”. A estos hay que sumarles los “TAF”, que significa “traídos a la fuerza”. Nora tiene razón. Hay mucha gente que ha venido a la Patagonia porque fue expulsada de su sitio original, por la falta de trabajo, ese mal tan argentino.
Son los que se creían que la Patagonia era nomás que una postal. Nada más erróneo. El viento y el invierno se encargaron de mostrarles la realidad a los forasteros. Y en Madryn hay de todo. Claro que, a diferencia de otros pueblos, el crecimiento se ha dado más organizadamente, un poco porque ha habido algo de planificación, otro porque la tierra, aunque se ha encarecido, no es para nada escasa.
Igualmente, más allá de la suerte que le ha tocado a cada uno o de las ganas de permanecer o no que puedan tener, es inobjetable que un lugar donde el sol manda durante buena parte del año, la playa es una estancia de arena blanda y olas leves toda la vida y la fauna y la flora parecen cantarle un homenaje todo el tiempo a la costa, es ideal para unas vacaciones más que dignas. En eso estamos nosotros.
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