DIECIOCHO AÑOS DE CÁRCEL PARA UN HOMBRE QUE MATÓ A OTRO EN UN RITO SATÁNICO
Luis Alberto Romero era el dueño del santuario más famoso de Cañuelas, un lugar donde la gente le dejaba cientos de ofrendas al Gauchito Gil. Pero el 27 de setiembre de 1999, el hombre apareció brutalmente asesinado a cuchillazos en el mismo lugar donde cada día realizaba sus oraciones.
Ahora, a casi siete años de uno de los crímenes más recordados y violentos que se hayan producido en esa localidad al sur de la provincia de Buenos Aires, un herrero de la zona fue condenado a 18 años de cárcel.
Se trata de Hernán Celestino Colman, un vecino de la víctima. El Tribunal Oral Nº 3 de La Plata lo acusó el lunes de haber asesinado a Romero en un ritual satánico.
La fiscal Rosalía Sánchez había pedido prisión perpetua para Colman mientras que su defensor, Jorge Zamarbide, la absolución por falta de pruebas.
Además de la condena a Colman, durante el juicio, Guillermo Herrera, un hombre que iba a declarar como testigo, fue detenido minutos antes, ya que los jueces entendieron que una prueba presentada en el debate también lo comprometía en el asesinato. Era una botella de cerveza encontrada en la escena del crimen con sus huellas digitales.
El crimen tiene también a otro tercer hombre implicado, aunque prófugo, de apellido Zalazar.
El 27 de setiembre de 1999 Romero apareció asesinado en el santuario del Gauchito Gil que él mismo había armado en el pueblo. Estaba amordazado y con las manos atadas con cintas para embalar y tenía varias heridas de cuchillos en todo el cuerpo. A su alrededor, la Policía encontró velas, botellas, estampitas y otros elementos religiosos.
Sin embargo lo que más llamó la atención de los investigadores fueron las paredes escritas con sangre con el número 666, que simboliza al diablo. Además había gran cantidad de huevos arrojados contra una misma pared. Estos datos convencieron a los policías de que se había efectuado un ritual satánico.
Familiares de la víctima dijeron además que a Romero le habían robado electrodomésticos y objetos de valor del santuario.
El mismo día del crimen, a cinco cuadras apareció un auto abandonado y totalmente incendiado. Dentro de él, los policías encontraron los electrodomésticos. El vehículo era de la concubina de Colman. Cuando la Policía le preguntó por el auto, la mujer aseguró que se lo habían robado.
Pero los investigadores entendieron que tenía relación con el crimen y en noviembre, fue detenido Colman. Desde el 9 de noviembre, está arrestado en la Unidad 24 de Florencio Varela.
Durante toda la instrucción y el juicio el hombre negó haber participado del asesinato y aseguró que las imágenes del Gauchito Gil encontradas en su casa por la policía en dos allanamientos eran porque su mamá, que vive en la zona norte del conurbano, vende ese tipo de imágenes.
“Realmente no hay pruebas para condenar a mi cliente. Dicen que encontraron perfumes en su casa pero nunca aparecieron, que se perdieron. Y ni siquiera se habló de huellas, de ADN, de nada. De esta manera, entendemos que son insolventes todas las pruebas”, dijo a Clarín el abogado Zamarbide, quien adelantó que apelará la sentencia. De todas formas, como Colman fue detenido en 1999 cuando todavía regía el dos por uno, es probable que en menos de dos años pueda recuperar la libertad.
Este contenido no está abierto a comentarios

