“DIEGO ESTABA EN MI CASA CUANDO MATARON A CABRERA”
Mónica tiene 30 años y una gran pena: su marido, el agente federal Diego Parvluczyk, está imputado del homicidio calificado con alevosía de Sandra Cabrera. Pero para Mónica, el padre de sus dos hijos es inocente porque la madrugada del 27 de enero estuvieron juntos desde las tres en la casa que ocupaban en La Florida. Dice que sabía de la existencia de la meretriz asesinada porque Parvluczyk le había contado que era su informante, y aunque él admitió que mantenía una relación con Cabrera, Mónica descree que hayan sido amantes. No hace falta que aclare que “banca a muerte” al policía. Es evidente que sus argumentos se construyen desde un amor confiado, a toda prueba.
Esta instructora de gimnasia nacida en General Pacheco, provincia de Buenos Aires, se cruzó con Parvluczyk hace 12 años, en un boliche al que también el policía de San Isidro había ido a bailar. Entonces él ya revestía en la Federal. Se pusieron de novios y no se separaron más. Hace una década se casaron y ella lo acompañó a todos los destinos que la fuerza le asignó. Primero estuvieron en Concepción del Uruguay, luego en Pinamar. Hace cuatro años llegaron a Rosario y se instalaron en el barrio La Florida con sus dos hijos. Todo cambió con la muerte de Cabrera, cuatro meses atrás, porque Parvluczyk fue pasado a disponibilidad y comenzó a cobrar la mitad del sueldo. Debieron dejar la vivienda y se mudaron a Buenos Aires, donde quedaron los chicos, de cinco y nueve años, al cuidado de sus abuelos. Desde que su esposo fue detenido, la mujer regresó a Rosario, para poder visitarlo tres veces por semana.
—¿Por qué sostiene la inocencia de su marido?
—Porque es muy buena persona y a la hora del asesinato estaba conmigo en mi casa. No es, como se está diciendo, violento, frío o calculador. Ama a su familia y no haría nada que nos causara daño. Él ama su trabajo, de hecho trabajaba mucho.
—¿Qué pasó la noche del lunes 27 de enero?
—Diego llegó a las tres, tres y cuarto. Lo saludé y se fue para la pieza. Yo estaba con una amiga, que entonces se fue. Uno de mis nenes tiene el sueño pesado y desde que nació me levanto para llevarlo al baño. El despertador sonó a las tres y media, como siempre, me levanté y fui al baño. Después nos acostamos todos y dormimos. Esto lo declaré ante el juez, igual que mi amiga. También lo vio el dueño del gimnasio donde yo trabajaba. Diego no me dijo de donde venía, pero nunca me decía. Habitualmente llegaba de madrugada, aunque los lunes lo hacía más temprano, entre las tres y las tres y media, porque los martes debía estar a la mañana en la sección. A veces trabajaba de día y otras de noche, porque se dedicaba a tareas de inteligencia.
—Si es inocente, ¿por qué cree que está detenido?
—Porque Cabrera era su informante y estuvo con él esa noche. Porque se presentó en Tribunales cuando nadie lo estaba buscando (el 23 de febrero). De la cuestión legal no entiendo nada.
—¿Estaba al tanto de la relación entre su marido y Cabrera?
—Sabía que era su informante porque me lo comentó hace mucho. Una vez que íbamos en el auto y ella estaba parada en la calle, me dijo: “Mirá, esa chica es mi informante”. Pero del trabajo no hablábamos. No sé nada sobre una eventual relación amorosa, nunca me habló de eso. Cabrera nunca fue a mi casa, como se dijo, y eso lo pueden atestiguar los vecinos. Creo que ella era sólo su informante, no su amante.
—¿Conocía al subcomisario Alberto Lomonte (ex titular de Drogas Peligrosas de la Policía Federal en Rosario)?
—Sí, porque era el jefe de Diego. No sé si él tiene algo que ver con el homicidio, sí que tenía muy buena relación con Diego. Cada vez que necesitaba algo llamaba a mi casa y a veces iba a buscarlo por cosas del trabajo. Me conocía a mí y a los chicos (Hace 20 días Lomonte fue separado de su cargo. Se considera que Parvluczyk era su mano derecha. La dependencia en la que ambos revestían fue allanada y se secuestró documentación que probaría manejos desprolijos).
—¿Su esposo tenía enemigos?
—No sé. Él hizo muchos procedimientos antidroga, pero no creo que alguien lo quisiera perjudicar.
—¿Cómo es su vida desde el momento de la detención?
—Desesperada, porque sé que Diego es inocente. Creo totalmente en él y quiero que encuentren al verdadero culpable. Siento un gran dolor, más porque están los nenes en juego. El más grande ya se da cuenta y me pregunta por su papá. No sé cómo hago con todo esto. Lo único que quiero es ir a mi casa, pero tengo que ser fuerte por mis hijos. Por momentos me siento dentro de una película, de un mal sueño.
— ¿Está enamorada de Diego?
—Sí, sumamente. Y lo banco a muerte.
PEDIDO DE LIBERTAD
El defensor de Diego Parvluczyk pidió ayer su libertad por falta de mérito por entender que no existen elementos suficientes que justifiquen la continuidad de la detención de su cliente. El juez Carlos Carbone le correrá vista al fiscal Ismael Manfrín antes de expedirse. El abogado Carlos Varela estimó que este lunes la cuestión estará resuelta. Un dato: el delito que se le imputa al policía federal no es excarcelable y tiene una pena de reclusión perpetua.
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