Diego Schissi: "El tango híbrido es inevitable"
"El tango híbrido es inevitable. Como generación, tenemos que encontrarle sentido a lo que hacemos y eso es más importante que determinar si somos o no de sangre azul", expresó el pianista en diálogo con Télam.
Schissi, de 42 años, acaba de lanzar un DVD con la presentación de su último material, "Tongos, tangos improbables", donde ofrece composiciones propias interpeladas por un lenguaje que asume la tímbrica del tango, pero que desafía por momentos su concepción rítmica.
"Hay un movimiento de músicos en el tango que está tratando de construir una trama de sentido; de hacer una música que tenga su razón de ser. Y siento que eso es algo que está por pasar", dijo.
Acompañado por su quinteto (Santiago Segret en bandoneón, Ismael Grosmanen en guitarra, Juan Pablo Navarro en contrabajo, Guillermo Rubino en violín), Schissi se presentará el sábado desde las 21 en el ciclo TangoContempo que se realiza en el teatro SHA (Sarmiento 2255).
El músico clausurará su actividad del año el miércoles 14 a partir de las 22 en el VIII Festival de Tango del Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575).
-La música del quinteto transita por los bordes del género e incluso desde el lenguaje no termina de asumirse como tango. Ahora participarán en el ciclo Tango Contempo y luego en el Festival del Tasso, un espacio con mucho valor simbólico para el género, ¿Cómo es la interacción del quinteto con estos circuitos del tango? -Nos sorprende y nos halaga que nos inviten a situaciones que estén vinculadas con el tango porque tenemos el deseo de formar parte de esa familia. A veces sospechamos que estamos adentro y otras afuera. Creo, de todos modos, que estas convocatorias, realizadas desde la apertura, transitan por el camino correcto.
Nuestro proyecto coquetea con el rótulo de tango, pero es, sobre todo, un proyecto de composiciones.
-¿Asumen como un imperativo el hecho de presentar nuevas composiciones y no repetir las fórmulas ya probadas? -Tenemos un deseo de acercarnos al tango pero somos incapaces de hacerlo exactamente de la forma en que la hicieron nuestros maestros. Tenemos que hacerlo como nos sale a nosotros, con honestidad, con las herramientas que tenemos a mano.
Faltaríamos a nuestra verdad artística si quisiéramos hacer algo pretencioso y dijésemos “ahora el tango somos nosotros”; pero a la vez faltaríamos a la verdad si quisiésemos adecuarnos a un molde para entrar en el género.
El gran esfuerzo de esta generación es encontrar una música que le de sentido a este tiempo y a la vez a las músicas heredadas.
Todavía no lo hemos logrado generacionalmente. Estamos luchando por ello.
-¿Qué músicos de esa generación te parece que están ofreciendo un trabajo valioso? -Son muchísimos, pero entre ellos, sin dudas, están Agustín Guerrero, Ramiro Gallo, Fernando Otero, Pablo Mainetti, los grupos Endija, Tata Dios, Quasimodo…
De alguna manera, todos sentimos el deseo que algo que tenga que ver con nosotros a la par que con el género. Y es difícil porque el género es maravilloso y te da ganas de dejarlo como está.
Escuchás a (Aníbal) Troilo y decís “ya está, nos vamos a casa”; pero a la vez somos músicos y tenemos que buscar nuestro camino.
Tengo el sentimiento de que hay una sensación de urgencia, la necesidad de un “hay que hacerlo ahora”. Tengo la ilusión de que hay un reconocimiento que está por llegar, que es algo que puede ocurrir en la década que viene.
-¿Eso que está por pasar es un punto de llegada estético o eso ya se consiguió y lo que falta es el reconocimiento de los medios, los productores, los ámbitos institucionales? -Creo que una cosa no sucede sin la otra. Porque hablamos de una música popular que ya ha tenido su hito de popularidad y ahora tiene una sobrevida que nadie sabe cómo va a ser.
Se trata de lograr un lugar, como decía Roberto Arlt, a través de la prepotencia de trabajo. Elijo ver que la responsabilidad es nuestra. No se trata de declamar por ayuda, que hace falta, sino generar un proyecto que no pueda pasar de largo.
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