DIEZ MATRIMONIOS DAN DE COMER A LOS CHICOS DE NUEVA POMPEYA
Cada sábado, Albina Colnaghi saca los muebles de su comedor al patio y los cambia por un largo tablón y algunos bancos. Cuando se acerca el mediodía, los pibes de Nueva Pompeya empiezan a desfilar, atraídos por la promesa de un plato de comida.
El comedor Niño Jesús nació hace dos meses, gracias a la suma de voluntades de unos diez matrimonios del barrio. La mayoría de ellos son desocupados, beneficiarios del Plan Jefes y Jefas de Hogar.
Albina es ama de casa y vive con su marido y dos hijos. “Los sábados comemos tarde”, dice resignada. Es que la cantidad de chicos que va a su casa es cada vez mayor -empezaron siendo 15, ahora son más de 60- y hay que dividirlos en tandas para que alcance la precaria vajilla.
“Ver tantos pibes que andan en la calle los fines de semana, que no saben dónde ir… Hacía mucho que quería hacer algo por ellos”, confiesa. Es que los sábados y domingos, los comedores de la vecinal y de la escuela permanecen cerrados.
Nora, su hermana, es empleada de la Legislatura: trabaja desde hace 20 años como ordenanza en la cocina de la Cámara de Diputados. “Esto es un sueño que yo siempre tuve: ayudar a la gente. Es algo que nos nació: aliviarles el hambre a los chicos, con los pocos pesitos que podemos juntar”, afirma.
DESCONFIANZA
Liliana Cardozo trabaja como enfermera en la Unidad Coronaria del Sanatorio del Diagnóstico. Su esposo, Gerardo Simón, es el cocinero del comedor. Tiene un Plan Jefes de Hogar. Cada tanto, el hombre se aparta del asador donde está preparando unas hamburguesas, para acotar algunos detalles del proyecto que llevan adelante.
“Acá no hay nada de política, eh?”, se defiende. Y asume que muchos vecinos no quieren colaborar porque desconfían.
Marisa Corregidor, María Cristina Ortiz, Mónica Fernández, Mirta Cardozo, Walter Olivari y Rubén Maidana son algunos de los nombres que protagonizan esta iniciativa. Algunos lo hacen como contraprestación de los planes sociales que reciben.
“Nosotros no tenemos ayuda de nadie. Hacemos las reuniones los jueves y ponemos dos pesos cada uno. Por ahora les damos un día a la semana, pero lo que queremos es abrir sábados, domingos y feriados, y también darles la copa de leche a la mañana”, sostiene.
LA LOGÍSTICA
Los matrimonios se organizaron de manera tal de equilibrar los trabajos: la comida se hace en casa de Nora, en una cocina común, con los elementos que puede haber en cualquier casa humilde. Después, se traslada todo a lo de Albina, donde los chicos esperan turno para almorzar.
En total, por semana llegan a juntar unos 30 pesos. Con eso preparan los menúes: hamburguesas, arroz, fideos, albóndigas, pollo, estofado.
“Ahora estamos adhiriendo gente. Les cobramos una cuota mínima, de dos pesos. Y hay muchos que se están sumando. El barrio es muy pobre, no se puede pedir demasiado”, explica Liliana. De todos modos, hay comerciantes de la zona que rebajan los precios para que comprar los insumos no resulte tan costoso.
¿Por qué dedicarse a los chicos? La respuesta de Nora es todo un símbolo: “Porque no nos da el lugar para más” dice. Es que la idea es, más adelante, tratar de asistir a los viejos del barrio.
Los domingos, la casa de Nora vuelve a la normalidad. Pero cuando llega el mediodía, se empieza a escuchar desde adentro el murmullo de los pibes. “Vienen igual, a ver si hay algo. Me da una pena…”, confiesa la mujer.
Colaboraciones
Se reciben donaciones al teléfono: 4884084.
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