Dilma pasa a la ofensiva: “Están vendiendo terrenos en la Luna”
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Luego de mostrarse como víctima, ayer pasó al frente y volvió a cargar contra quienes ella considera “golpistas”; el Senado empezó a definir el cronograma de la votación para aprobar el juicio político.
No hay tiempo que perder. Mientras que el Senado brasileño comenzó a definir el cronograma para el juicio político a la presidenta, Dilma Rousseff advirtió que sus opositores ofrecen cualquier cosa para lograr apoyos con tal de sacarla del poder en lo que ella reiteró es un “golpe institucional”.
En una conferencia de prensa con prensa extranjera en el Palacio del Planalto, la asediada presidenta cargó contra su vicepresidente, Michel Temer, que ha aprovechado cada minuto desde que, el domingo, la Cámara de Diputados aprobó por amplia mayoría la apertura del proceso de impeachment contra Dilma para empezar a delinear lo que prevé será un gobierno de “reunificación”.
Tanto en Brasilia como en San Pablo, donde se encuentra ahora, Temer -del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB)- mantuvo una intensa agenda de reuniones con posibles ministros. Su objetivo, según interlocutores, es montar un equipo con fuerte perfil económico-social: figuras respetadas en las áreas de finanzas, negocios e infraestructura, que permitan al país inyectar rápido confianza para salir de la peor recesión en casi un siglo, sin sacrificar los avances sociales logrados por los 13 años de gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), para mantener a la población en calma.
“Los golpistas están vendiendo terrenos en la Luna”, previno la mandataria. “Los golpistas dicen que mantendrán los programas sociales; nosotros hicimos un ajuste fuerte, pero no lo hicimos para cortar el gasto social, sino para preservarlo -agregó-. Necesitamos entender que este proceso no va a traer estabilidad política al país porque rompe la base democrática. Creo que sin democracia Brasil no se transforma, y no recuperaremos nuestra capacidad de retomar el crecimiento.”
Volvió a insistir en que resistirá todo el “injusto proceso” en su contra, que es parte de un “filón golpista adormecido” que data desde la intentona de 1954 que terminó con el suicidio del presidente Getulio Vargas.
“La conspiración se da por el hecho de que la única forma de llegar al poder en Brasil es utilizando métodos, transformando y ocultando que este proceso de impeachment es una tentativa de elección indirecta, de un grupo que de otra forma no tendría acceso por el único medio justificable, que es el voto directo”, resaltó.
Cuestionada acerca de si creía que la campaña “Chau, querida” de la oposición en el Congreso tenía origen en sentimientos machistas, respondió que seguramente sus adversarios no tendrían este tipo de actitud si fuera un hombre.
“Ha habido, mezclada en todo esto, una gran cantidad de prejuicios contra las mujeres. Han dicho que estoy nerviosa, histérica, desequilibrada y hasta han insinuado que soy autista. Esto no pasaría si el presidente fuera un hombre”, indicó durante el encuentro, en el que detalló la falta de base legal de las acusaciones en su contra.
Dilma está acusada de haber maquillado las cuentas públicas para esconder el déficit y ganar así la reelección de 2014. El gobierno, sin embargo, alega que las maniobras contables que realizó no fueron de mala fe y que son prácticas comunes a todos los presidentes anteriores.
Aun frente a la posibilidad de que en los próximos meses no esté al frente del Planalto, la presidenta aseguró que la crisis política no obstaculizará las Olimpíadas a celebrarse en Río de Janeiro desde el 5 hasta el 21 de agosto. “Tengo la certeza de que serán los mejores Juegos Olímpicos de este país y del mundo”, aventuró.
Ante la ofensiva del gobierno contra el bando “golpista”, el vicepresidente Temer optó ayer por resguardarse y no generar más conflictos innecesarios que alimenten la inestabilidad del país.
“Muy silenciosa y respetuosamente voy a esperar la decisión del Senado. Será el Senado quien tenga la última palabra sobre este tema”, dijo a los periodistas que siguen todos sus pasos en San Pablo.
En tanto, en el Congreso, el presidente del Senado, Renan Calheiros -también del PMDB, aunque más leal al gobierno-, diseñó junto a los líderes de los otros partidos el cronograma que seguirá el proceso de impeachment en la Cámara alta. Después de varias negociaciones, se decidió que el próximo lunes será conformada la comisión especial de 21 miembros que analizará el pedido de apertura del proceso aprobado por Diputados. La oposición, encabezada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quería adelantar ese paso para esta misma semana. Con la nueva hoja de ruta, se espera que la comisión elabore su parecer en los siguientes diez días hábiles, lo somete a consideración interna y luego, 48 horas después, lo presente al plenario del Senado. Es decir, esta votación clave ocurriría recién el 12 de mayo, si no hay adelantos.
Si el Senado hallara a Dilma culpable con el voto de dos tercios de sus miembros (54), sería destituida y prohibida de presentarse a otro cargo electivo por ocho años. Temer quedaría al frente de la presidencia hasta el fin del actual mandato, el 31 de diciembre de 2018.
Hasta ahora, en Brasil sólo un presidente fue despojado de su cargo por un impeachment: Fernando Collor de Mello, en 1992, aunque prefirió renunciar un día antes de que el Senado lo declarara culpable de corrupción. Casi 24 años después, hoy es senador.
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