“Dirigir teatro me ha rejuvenecido, me ha renovado las neuronas, me ha creado nuevas y frescas sinapsis en las que yo ya no soñaba”
Mauricio Kartun es uno de los grandes dramaturgos que ha dado el teatro argentino en los últimos 30 años. Por los pupitres de su escuela taller, aprendieron a escribir teatro los jóvenes más talentosos de las últimas décadas, son los casos de Daniel Veronese, de Rafael Spregelburd, de Patricia Zangaro, de Alejandro Tantanian, de Federico León. Esta labor docente, lo convirtió en un maestro de dramaturgia. Y como si todo esto fuera poco, también se animó a dirigir y como no podía ser de otra manera lo hizo con excelencia.
“Yo siempre digo que después que leí a Roberto Arlt quise ser escritor y quise ser ladrón. Por suerte, la primera vez que intenté robar quise llevarme el carburador de una motoneta Siambreta, me corrieron diez cuadras, me agarraron y el susto fue tan grande que entendí que ladrón no era y me quedé con la literatura”.
Mauricio Kartún
-Leí en algunas entrevistas que te realizaron que venís de una familia de clase media, de comerciantes. ¿Cómo nació tu pasión por la lectura?
-Tanto mi madre como mi padre eran inmigrantes con una escasa formación escolar: los dos tenían hasta tercer grado de primaria. Sin embargo los dos, muy a la manera de esta camada de inmigrantes de los años 30’, estaban muy cargados de la expectativa de poder crear en otro país un lugar donde sus hijos puedan tener acceso a otras cosas que ellos no había podido tener en su país de origen. Y una de las cosas que se valorizaban al mismo nivel de la comida era el acceso a la cultura. Vos fijate que buena parte de los hijos de inmigrantes hemos tenido una formación universitaria casi obligada por nuestros padres. En mi caso, mis padres, que luchaban contra mi pereza constitudinaria para con el estudio, habían descubierto que yo tenía un acceso a la cultura que estaba relacionada con mi pasión por la lectura. Entonces, en el barrio que yo vivía, en San Martín, me abrieron una cuenta en una librería en la que yo, siempre que fuera para leer, podía sacar lo que quería. Creo que nunca terminaré de agradecerles este gesto.
-A pesar de tu conflictiva relación con la escuela tenías una gran facilidad para escribir.
-Yo tuve una, dos, tres circunstancias afortunadas. La primera fue encontrar un mentor literario en el barrio, alguien que leía lo que escribía y me hacía correcciones. La segunda circunstancia afortunada era tener una novia que estaba tan enamorada de mí que me pasaba a máquina lo que yo escribía con una letra horrorosa. La tercera fue presentarme a los 18 años a un concurso literario, con un cuento, y ganarlo. Desde allí sentí que para esto servía. Descubrí que acá tenía algo que me permitía pensar el futuro.
-Mauricio ¿Cuándo te diste cuenta que esa escritura iba a estar fundamentalmente dedicada al teatro y no a la narrativa?
-Fue cuando mi mentor literario, Hugo Loicono, me señaló que lo más débil que tenía mi narrativa eran los diálogos y me dijo que la mejor manera que tenía un escritor para mejorar en este sentido era escribir teatro. Un día, caminando por la calle Corrientes, encontré un cartelito en la puerta del Nuevo Teatro convocando a un curso de dramaturgia. Me anoté, empecé a escribir el teatro y descubrí el placer inefable de crear historias con esta especie de desechos que son las palabras en función coloquial, estos diálogos que sobreabundan alrededor nuestro, y a partir de allí no paré. También descubrí escribiendo teatro, que a diferencia de la narrativa que es un hecho solitario el teatro es un hecho social. Y entre otros valores nada despreciables descubrí que escribiendo teatro se conseguía novia. (Risas)
-Mauricio, si tuvieras que reflexionar a cerca de tu obra ¿Crees que hay un primer Kartun, un segundo y un tercero?
– Inevitablemente en los años ’70 hay una dramaturgia de urgencia, muy vinculada a la militancia política. Luego del año 78’, mi vinculación con el taller de teatro de Ricardo Monti me permitió entrar en zonas que yo tenía algo menospreciadas, que tienen que ver con el recuerdo infantil, el barrio…y allí aparecen “Chau Misterix”, “La casita de los viejos”, “Cumbia morena cumbia”. Con el regreso de la democracia, hay toda una escritura muy vinculada a mi relación con un grupo de dramaturgos con los que producíamos en estado de taller y allí aparece “Pericones”, “Desde la lona”. Y en las últimas épocas, estoy trabajando en una suerte de síntesis, porque puedo trabajar en un teatro político que se parece al de los ’70 pero que tiene una impronta diferente, muy basada en la experiencia y en la decepción; también, de pronto puedo saltar al recuerdo barrial como hice en “Rápido nocturno”. Si yo tuviera que buscar una constante en mi obra, creo que tiene que ver con mi amor por los géneros caducos, mi amor por las viejas imágenes, por los mundos desaparecidos: este es el barro con el cual trabaja el ceramista. Yo puedo hacer cerámica con modelos muy distintos pero sigo teniendo el placer por meter los dedos en este barro y no en otro.
– Dos ilustres actores y directores santafesinos, llamados Jorge Ricci y Rafael Bruza, fueron fundamentales en tu “joven trayectoria” como director Teatral. ¿Cómo fue esta experiencia?
-Sí, la primera experiencia de dirección está muy vinculada a Santa Fe porque la hice con el equipo de Teatro Llanura. La relación con Jorge Ricci y Rafael Bruza fueron amores a primera vista, nos conocimos en un encuentro de teatro que organizó la UNL y el Instituto Nacional del Teatro. Al tiempo, me hicieron una propuesta algo insólita: “Nosotros queremos que vos dirijas una obra que escribimos nosotros y donde los actores vamos a ser nosotros”, afirmaron. Y yo les respondí: “¿Pero ustedes no son directores y yo no soy director sino autor? “Bueno pero eso es lo que nos atrae de la propuesta, remarcaron, queremos ver que sale de este desafío curioso”. La obra es “El clásico binomio”. Tenemos la fantasía de volver a montarla en esta temporada o en la siguiente en Buenos Aires, después de 15 años.
-Mauricio ¿Qué significó la experiencia de la dirección teatral en tu trayectoria artística?
-Empezar a dirigir me ha rejuvenecido, me ha renovado las neuronas, me ha creado nuevas y frescas sinapsis en la que yo ya no soñaba. Entrar en contacto con el actor, con el escenario, hombrear escenografía, es mirar el teatro desde otro lado, me ha sacado de un lugar mas “cucha”. Los autores somos muy “cucha”, nos encerramos en un lugar chiquito, esperamos que nos traigan la comida y salimos de vez en cuando a ladrar agarrados de la cadena. Dirigir me ha sacado de la “cucha” y es algo que tengo que agradecerle en principio a la decisión y más atrás, a esos amigos queridos del “Teatro Llanura” que alguna vez confiaron que yo podía hacerlo.
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