DIVIDE A EE.UU. EL DRAMA DE LA MUJER EN ESTADO VEGETATIVO
La vida o la muerte de la mujer que desde hace 15 años se encuentra en estado vegetativo reflotó en los últimos días el debate nacional sobre qué une y qué separa hoy a los estadounidenses: religión, política y moral, en dos visiones del mundo casi contrapuestas.
El destino de Terri Schiavo, una mujer casada que a los 26 años cayó en coma y jamás se recuperó ni se recuperará, según los médicos, provocó un cambio de agenda total en esta capital, que había iniciado un receso de 15 días con epicentro en la Semana Santa. El Congreso se aprestaba esta medianoche del Domingo de Ramos a aprobar una polémica ley para que los padres de Schiavo pudieran sortear la orden del juez que autorizó a desconectar todos los aparatos que la mantienen viva.
La rispidez del drama familiar, que comenzó en el estado de Florida y se convirtió en polémica nacional, forzó al presidente George W. Bush a interrumpir sus vacaciones en su rancho de Crawford, Texas, y regresar a la Casa Blanca.
Bush garantizó que promulgará con su firma el proyecto de ley que promueven los republicanos para este caso específico y que permitiría a los familiares de Schiavo recurrir a los tribunales federales, obviando la orden judicial vigente. El polémico proyecto se trabó en la Cámara de Representantes por la oposición de los demócratas, que a su vez se encuentran en una encrucijada: mantener su posición política a costa de perder más votos, o ceder a la presión pública. Todos los estudios poselectorales coinciden en que el candidato demócrata, John Kerry, perdió por la influencia decisiva de los valores religiosos en la vida cotidiana en este país. La inmensa mayoría de los creyentes practicantes, de cualquier religión, votaron por Bush en noviembre.
Este caso reflotó ese cisma: los creyentes -encarnados en la llamada “derecha conservadora”- defienden la vida a ultranza y, por lo tanto, apoyan a los padres de Schiavo; los liberales respaldan al marido de la mujer, Michael, y el derecho a morir en circunstancias desesperadas como ésta.
“Estoy enfurecido y creo que todo estadounidense en este país también debería estarlo”, dijo ayer a la CNN Michael Schiavo, quien pide desde hace años que desconecten los aparatos, porque afirma que su esposa eso le dijo poco antes de entrar en coma. “Este gobierno está pisoteando un problema familiar que ha sido debatido en los tribunales durante siete años. Creo que el Congreso tiene cosas más importantes que discutir”, afirmó.
Los republicanos, alineados detrás de los padres, rechazan esa idea. “Este es el momento en que debemos actuar. Terri lo merece”, clamó ayer el líder de la mayoría oficialista en el Senado, Bill Frist, en un domingo atípico en el Capitolio.
Lo más preocupante, no obstante, es el claro interés de ambos partidos por capitalizar un drama familiar para sus propias banderas, que también incluyen los debates sobre el aborto y el matrimonio entre homosexuales.
Un memo distribuido sólo entre los senadores republicanos que se filtró a la prensa es elocuente en ese sentido: el caso Schiavo es definido allí como “un gran asunto político” que podría ofrecer buenos dividendos con los cristianos, cuyo apoyo será decisivo en las elecciones legislativas de 2006.
El debate resulta más complejo aún porque el Congreso podría vulnerar además la independencia real del Poder Judicial. El caso Schiavo ya pasó por más de doce instancias judiciales, llegó a la Corte Suprema y retornó al juez, que reiteró la orden de desconectar el tubo por el que se alimenta.
El drama emocional se agudiza por el dolor que afrontan ambas partes, ante cualquier decisión que se tome. Los padres desean mantenerla viva porque creen que Terri, ahora de 41 años, se podría recuperar con mejores tratamientos, algo que fue refutado por las juntas médicas que declararon su estado vegetativo; y su marido, que volvió a casarse y que afirma que ella deseaba morir.
“No es el papel del Congreso, a última hora y del modo más efusivo, vulnerar el sistema judicial de Florida, en particular después de los siete años y 19 jueces que han transcurrido”, afirmó el representante demócrata Robert Wexler.
Pero la presión de la madre de Terri, Mary Schindler, no es racional, sino emocional. “Les pido a las mamás y los papás que llamen a sus congresistas. Ayúdenlos a aprobar esta ley. Es muy importante”, pidió llorando ante las cámaras.
Ya desconectada de los aparatos, Terri morirá en dos semanas, como máximo, si no se la reconecta al tubo con que se la alimenta desde febrero de 1990, mientras que decenas de personas rezan día y noche por ella alrededor del hospital donde está internada.
“La Corte Suprema determinó en casos anteriores que si bien existe el derecho a desconectar los aparatos si el paciente así lo dijo antes, no existe el derecho al suicidio asistido”, afirmó el profesor de Derecho en la Universidad de Columbia, Michael Dorf, quien cree que el gobierno estaría violando “varios principios constitucionales fundamentales”.
Pero este debate sobre la eutanasia incluye facetas afectivas y parece defenestrar razonamientos lógicos y jurídicos como pocos casos antes en la historia de este país. De hecho, un debate social y mediático de esta magnitud no se registraba aquí desde el 2000, cuando el cubano Elián González, con solo 6 años y sin entender casi nada, dividió las aguas nacionales con la balsa que lo arrojó a la costa de la Florida.
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