DOLINA. “NO SOY QUIEN PARA COMPETIR CON LOS GENIOS CONSAGRADOS DE LA TV”.
“Supongo que con los años he ido reduciendo la magnitud de mis propuestas a ver si me aceptan alguna”, dijo Alejandro Dolina respecto de la brevedad de “Bar del infierno”, el nuevo ciclo que de lunes a viernes, de 0 a 0.15 se emitirá desde esta noche por Canal 7.
Alejandro Dolina, el autor de las varias veces reeditadas “Crónicas del Angel Gris” así como de la opereta “Lo que me costó el amor de Laura”, conduce su ciclo radial “La venganza será terrible” por radio Continental y aunque este ciclo se transmite por la televisión por cable, “Bar del infierno” marca el retorno a la TV abierta después de más de una década.
En diálogo con La Capital, el autor de la mitología del barrio de Flores que encabeza Manuel Mandeb en eterna lucha contra los Refutadores de Leyendas consideró que “«Bar del infierno» es un programa muy humilde porque dura apenas 15 minutos y está en un horario humilde que es el de las 12 de la noche en un canal humilde que es Canal 7”.
-El título suena a algo mágico o peligroso.
-El asunto es más o menos así: El “Bar del infierno” es un lugar del que las personas que están dentro no pueden salir, pero además el bar no termina nunca; a un salón le sucede otro, a una barra le sucede otra.., o sea que no hay manera de salir, porque no está la puerta y porque a lo mejor no existe otra cosa que el bar.
-¿Qué gente frecuenta ese bar?
-Los que están allí están condenados a no salir y a repetir sus conductas; los músicos tocan, los borrachos se maman… Yo soy uno de los condenados, que cada día debe contar un cuento ilustrado por una o dos canciones ya que hay un coro que interviene y casi discute con el narrador. También están los músicos y los cantante que cantan algo que tiene que ver con lo que narramos. Canciones nuestras y otras del repertorio general.
-¿Quiénes son sus colaboradores?
-Están conmigo Federico Mizrahi y Claudio Gallardou, que hace las puestas en escena ya que tras cada charlita hay alguna escenita lateral. Trabajan conmigo mis dos hijos.
-La brevedad del ciclo, ¿fue una opción o una imposición del canal?
-Las dos cosas. Yo no tengo muchas posibilidades de ingreso a la TV: usted sabe que hace como 12 años que no trabajo ahí y eso no fue sólo una decisión propia sino también porque cuando hice alguna propuesta no la aceptaron. Supongo que con los años reduje la magnitud de mis propuestas hasta ver si aceptaban alguna, pero también me parece realista decir que yo no soy quién para competir con los genios de la TV, con personas consagradas (risa)… Lo digo en serio.
-Vamos a creer que lo dice sin otra intención…
-Lo digo en el sentido de competir en el rating. Yo no le puedo ganar a nadie. Además, los programas de horario central o de una o dos horas están sometidos al rating; si uno no “mide” bien durante un tiempo le dan una patada. Aunque la patada es lo de menos. Lo peor es que te empiezan a molestar para que hagas cosas que a ellos les parece que “miden” más.
-¿Por qué en casi todas sus propuestas aparece el coro griego, la cosa operística?
-Lo que hago siempre tiene mucho de la ópera o, mejor dicho, de la opereta. Porque está bastante más relacionada con el humor. Me gusta porque me da placer oírlo y lo hago porque casi nadie lo hace porque los programas de ficción son de muy poca ficción.
-¿Por qué dice eso?
-Porque esa manera de entender la ficción es una opción de los autores. Aún en los programas de ficción se filtra la realidad, pero no del modo correcto, fatalmente, de un modo artístico, sino mostrando a un personaje que lee el diario. «Che. ¿viste lo que pasó en tal lado?», le dice un personaje a otro, y comentan el último crimen (risa).
-¿Esas llamadas a la realidad no son burdas? ¿No hacen que se pierda lo artístico?
-Me parece que sí. Imagínese que en medio de “La traviata” alguien cante (canta) “¿Escucharon lo que dijo el presidente?” (carcajadas).
-¿Debe existir alguna relación entre lo alegre y lo banal?
-Existe, pero no creo que deba ser necesariamente así. La inteligencia sirve para muchas cosas y no sólo para los asuntos graves. La inteligencia no es aburrida sino divertidísima. Yo encuentro diversión en asuntos que son verdaderamente inteligentes. Les Luthiers, Woody Allen… El tipo inteligente se puede reír tanto del chiste de churrasquería como de uno más sutil. Lo que me parece es que existen algunas gracias que ya no surten mucho efecto en uno. La gente no es tonta y hay que dejar de marchar al paso del más lento. No quiero mostrar en mi programa o en lo que hago una falsa ingenuidad haciendo que algunos chistes me dan gracia, porque no me la dan.
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