DOLOR E INDIGNACIÓN POR UN CRIMEN BRUTAL
Luis Benítez murió cuando, con tres heridas de bala en el vientre, era llevado en dirección al Hospital Mira y López. El crimen perpetrado ante la aterrorizada esposa de Luis y sus dos pequeños hijos, provocó dolor e indignación entre los vecinos. Los asesinos buscaban hacerse del dinero que Luis había ganado tras agotadora faena en la ladrillería que poseía en Recreo Sur.
En su casa de Cabaña Leiva, un joven padre de familia fue asaltado y sin compasión, asesinado, ante su aterrorizada mujer, su cuñada y dos hijos de corta edad.
A las 20, Luis Benítez regresó del trabajo y, como al cabo de cada jornada, saludó a los niños y enseguida a su esposa, Gisela, cuando salió a su encuentro con un mate amargo.
Sin embargo, apenas minutos más tarde, la brusca irrupción de dos hombres armados convertiría ese cuadro de paz familiar en un escena de horror.
Esos desconocidos que encañonaron a Luis, cuando todos estaban alrededor de la mesa, le exigieron el jornal que justamente había ganado junto a su hermano Julio, tras otra dura faena en una ladrillería de Recreo Sur.
Luego, al no encontrar respuesta, los delincuentes enmascarados comenzaron a abrir cajones y a revolver toda la casa en busca del dinero.
Entonces, Luis, quien cuidaba hasta la última moneda para seguir adelante con esa casa que levantaba con sus propias manos, terminaría por reaccionar violentamente, aun sabiéndose en desventaja.
En seguida, los estampidos de las armas que retumbaron en la habitación llenaron de alarma a los vecinos. Los que se asomaron a la calle alcanzaron a ver a los asesinos, cuando a la carrera desaparecían en dirección a un descampado.
Quien acudió en auxilio de los Benítez fue Horacio Solís, un almacenero que junto a sus hijos fue rehén de otros dos delincuentes el año pasado.
Horacio contó que, al entrar a la casa, encontró que Luis agonizaba y agregó que hizo lo imposible por rescatarlo de la muerte, pero eso sería imposible, a causa de los tres tiros que lo habían alcanzado en el vientre.
Horacio lamentó la desaparición de su vecino -fallecido cuando era trasladado hacia el hospital Mira y López- y lo definió como a un “gringo del campo”, “un tipo bueno y trabajador, serio y callado”. Algo parecido dijeron con voz entrecortada por la emoción otros de nuestros entrevistados.
Julio Benítez, al igual que su esposa, nos dijo que el empeño que su hermano Luis ponía en su trabajo era excepcional y la madre de ambos, Beatriz Olivera, recordó entre sollozos que el último domingo, lejos de descansar, Luis pasó el día levantando una nueva habitación para sus chicos.
En calle Diez de Andino al 5600 -escenario del crimen-, y en el barrio “El Sabalito”, familiares, amigos y allegados esperaban que concluyera la autopsia ordenada por la Justicia, para velar los restos de Luis.
En tanto, fuentes policiales dijeron que el personal de la URI -especialmente de la Seccional 7a.- trabaja en procura de localizar y capturar a los asesinos.
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