DOLOR POR EL ASESINATO DE UN VECINO EN CABAÑA LEIVA
Familiares, amigos y vecinos de Luis Benítez, asesinado la noche del miércoles en un intento de robo en Cabaña Leiva, despidieron sus restos esta mañana en el cementerio municipal. El trágico hecho ocurrió en su casa de calle Diez de Andino al 5600, del barrio El Sabalito, cuando la víctima intentó resistir el ingreso de los ladrones a su hogar.
Luis había llegado del trabajo, en una ladrillería de Recreo Sur, cuando en horas de la noche se percató del ingreso de desconocidos a su domicilio. Desesperado, intentó frenar el avance de dos encapuchados, y se tomó a golpes con uno de ellos, a lo que otro repelió con varios disparos.
Tras la huida de los asesinos, un vecino socorrió a Benítez, que agonizaba en el piso, como consecuencia de haber recibido tres impactos de bala. Inmediatamente lo cargaron en un auto con destino al Hospital Mira y López, pero la gravedad de las lesiones impidieron salvarle la vida.
Allegados a la familia hicieron saber que Luis había comprado días atrás, un televisor y un equipo de música para la casa. Tal vez esto hizo suponer a los malvivientes que el muchacho conservaba una pequeña fortuna y se lanzaron en su búsqueda.
La inesperada reacción de Luis por defender a los suyos impidió que se cometiera el atraco, sin embargo, la familia vivió momentos terribles, puesto que su mujer, su cuñada y dos hijos de corta edad presenciaron el cruento crimen.
Hasta el momento no hay detenidos por ese hecho, aunque vecinos que vieron escapar a la pareja de delincuentes, colaboran con la tarea del personal policial que investiga el homicidio. Algunos testimonios indicaron que los encapuchados escaparon por un descampado.
Manos trabajadoras
Luis cuidaba cada centavo que ganaba junto a su hermano Julio en la ladrillería, y sus horas libres las dedicaba a levantar la casa en la que lo ultimaron.
Horacio Solís, un almacenero que junto a sus hijos fue rehén de otros dos delincuentes el año pasado, fue el primero en auxiliar a Benítez, y lamentó la desaparición de su vecino, a quien definió como a un “gringo del campo”, “bueno y trabajador, serio y callado”. Todos los que viven en la zona coinciden con la descripción del almacenero.
Los reclamos de justicia de sus allegados son voces reiteradas en un barrio de gente trabajadora, que poco a poco se ha ido poblando de gente de mal vivir, que los atemoriza y pone en riesgo.
Este contenido no está abierto a comentarios

