DONACIONES PARA LOS INUNDADOS ESTÁN ABANDONADAS EN EL PUERTO DE ROSARIO
Increíble pero real. A casi tres meses de que el desborde del río Salado causara la tragedia más grande en la historia de la provincia de Santa Fe, que costó la vida de 23 personas (según los informes oficiales) y que dejara a cientos de miles en la más absoluta pobreza, todavía hay donaciones que no se repartieron. En uno de los galpones del puerto de Rosario hay dos montañas de bolsas con ropas que esperan que las autoridades de Santa Fe ordenen enviar a la capital provincial.
Parece mentira. Después de tanto apuro, de tantas corridas. Después de que miles de personas de distintos puntos del país se desprendieran de sus bienes para entregarlos a los damnificados por el avance de las aguas, todavía esa mercadería está amontonada en galpones de Rosario.
El 28 de abril las aguas del Salado avanzaron más de lo calculado y las estructuras de las defensas “se cayeron a pedazos”, graficó ese día el gobernador Carlos Reutemann. De allí en más, la historia de la capital provincial cambió para siempre. Cientos de miles de santafesinos vieron cómo la correntada arrasaba con sus casas. Con la crecida constante, ya la preocupación dejó de ser el resguardo de los bienes materiales. La cuestión era salvar la propia vida y la de los allegados. Un tercio de la ciudad quedó bajo agua.
Mientras la lluvia no dejaba de castigar a Santa Fe, el resto del país era testigo de tanta tragedia a través de los medios de comunicación. La pregunta era “¿cómo se puede ayudar a esa pobre gente?”. Y todos estaban dispuestos a entregar ropa, frazadas, colchones. Algunos querían a ir a colaborar a Santa Fe. Otros sumaron su fuerza de trabajo haciendo cadenas humanas en los puntos de recolección y clasificación de mercaderías para enviar a Santa Fe.
Se fijaron prioridades para las donaciones. La primera semana de mayo, todavía se estaban pidiendo colchones, frazadas, y alimentos enlatados. Luego se solicitaba leche en polvo, azúcar y elementos de limpieza.
Los argentinos desde los lugares más recónditos revolvieron entre sus pertenencias y se desprendieron de muchos objetos (algunos que hasta les resultaban necesarios) para entregarlos a los “hermanos santafesinos” que estaban pasando por la mala. Día y noche se juntaron donaciones en la Casa de Santa Fe en Buenos Aires. También se acopió mercadería en Rosario y en otras ciudades del país. Nadie fue indiferente.
Un tren con una decena de vagones repletos de ayuda humanitaria partió desde Capital Federal hacia Rosario y desde aquí se remitió en barcazas hacia Santa Fe, porque todavía estaban cortadas las vías de comunicación terrestre.
Como en el juego de la perinola, “todos ponen”. Quien más, quien menos, algo donó. A casi 90 días de que las defensas cedieran al paso de las aguas, todavía hay ayuda que no llegó a sus destinatarios.
En uno de los galpones del puerto rosarino, ubicado en avenida Belgrano a la altura de Cerrito, hay dos montañas gigantes de bolsas con ropas que esperan que las autoridades provinciales manden camiones para llevarlas a Santa Fe.
En la cúspide de una de esas pilas de mercaderías, hay un moisés blanco y pocos metros mas abajo, su correspondiente colchoncito, que ningún bebé de Santa Fe todavía pudo utilizar. Es más, hasta llegaron a donar una corneta gigante, rayada celeste y blanca, de esas que se usan en los festejos futboleros.
Zapatillas de distintos colores, formas y tamaños. Zapatos de hombre y de mujer. Remeras, pulloveres, camperas y todo tipo de ropa duermen el sueño de los justos, mientras muchos santafesinos todavía necesitan esa ayuda, más aún si se tiene en cuenta el frío de estos días.
Pero no sólo hay ropa. En el lugar que otrora fuera una usina del puerto, hay apilados colchones usados que serían de mucha utilidad para los que perdieron absolutamente todo.
Si bien el galpón está custodiado por un efectivo de seguridad privada y un agente de la Prefectura Naval -cuyos costos afronta el Ente Administrador Puerto Rosario (Enapro)- el abandono de la mercadería en el lugar se presta para que se produzcan robos hormiga.
Según pudo constatar La Capital, el último envío de ayuda que salió hacia Santa Fe fue el 8 de julio. Se remitieron dos camiones con 2.100 bolsas de ropa y calzado.
Lo cierto es que aún queda mercadería para llenar cuatro camiones con acoplado. Pero falta la orden de las autoridades de Santa Fe. Mientras tanto, la lluvia que se filtra por los techos del galpón y las palomas que dejan sus rastros sobre las bolsas de ropas arruinan progresivamente lo que la gente donó con esfuerzo para los inundados.
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