DOS ANCIANAS MUERTAS A GOLPES EN EL INTERIOR DE UNA VIVIENDA DE ROSARIO
Un doble homicidio en una vivienda del barrio Sarmiento tuvo como víctimas a dos ancianas de 71 y 73 años, que fueron golpeadas salvajemente, al parecer, con fines de robo, según informaron anoche fuentes policiales. Los cuerpos sin vida de las mujeres fueron hallados por personal de la comisaría 10ª durante la tarde, tendidos cada una en una habitación. Pero el asesinato se habría producido la noche del jueves, según estimaron los voceros. El aviso a la policía lo hizo, mediante una llamada telefónica, una vecina, ante la requisitoria de un amigo de ambas hermanas que vivían solas. El hombre estaba preocupado porque no contestaban el teléfono y se llegó hasta el lugar.
Samay y Elvira Pérez Villalón, muertas a golpes por desconocidos, vivían en una casa ubicada en Ocho de Noviembre 570 (Sorrento al 700), una vivienda de clase media acorde a su condición de jubiladas.
La policía encontró todo el interior del domicilio revuelto, aunque los asesinos no se llevaron ni el televisor ni otros artículos del hogar, por lo que los investigadores apuntaron, en principio, que no se trataba de un robo común.
En tanto, los cadáveres serán sometidos hoy a una autopsia en el Instituto Médico Legal, pero trascendió que como primer signo visible, las ancianas presentaban diferentes traumatismos y graves lesiones, principalmente en sus cabezas.
Tanto para los vecinos como para los amigos de la víctimas es muy poco probable que las mujeres contaran con una suma importante de dinero ya que sus únicos ingresos eran “una pensión de unos 400 pesos y una jubilación docente”, dijo Juana, la vecina de la casa contigua, desde donde se dio aviso a la policía.
Samay era una docente universitaria jubilada que se desempeñó en la facultad de Ciencia Política de la UNR. Su hermana mayor, Elvira, era profesora de piano.
Ambas habían nacido en el barrio Sarmiento y eran consideradas por los vecinos como “dos mujeres muy instruidas”, que hablaban varios idiomas y que tenían un gran nivel cultural, a pesar de lo cual eran personas austeras, sencillas y amables.
Samay también era compañera de tertulias, los sábados por la tarde, de un grupo de viejos compañeros de la docencia universitaria, con los cuales compartía, té de por medio, momentos de charlas y recuerdos.
Además, era la pareja de un ex decano de la Facultad de Derecho, Alberto Roberto Domínguez, de 84 años, y con quien habían planificado casarse la primera quincena de octubre, desafiando todos los convencionalismos.
Un viejo amigo en común, otro ex docente universitario, Arnaldo Celso Angeloni, contó que había recibido la llamada preocupada de Domínguez, quien le había preguntado si había hablado con Samay, “porque todo el viernes había intentado comunicarse telefónicamente en vano” con la mujer.
Angeloni le dijo que “no sabía nada”, pero lo calmó y le expresó que, tal vez, habría tenido algún problema con su hermana, Elvira, quien estaba delicada de salud –según explicó el hombre–, que pronto lo llamaría; o, que al fin, se encontrarían por la tarde de ayer.
Pero llegó el sábado y Domínguez, preocupado, le pidió por teléfono a un muchacho del barrio, Darío –que vive a unas cuadras del lugar y que hacía trabajos de albañilería y jardinería en la casa de las ancianas– que se acercara hasta el domicilio de las hermanas Pérez Villalón.
Darío fue, tocó el timbre y golpeó la puerta de casa sin respuesta alguna. Luego se asomó al tapial del frente de la vivienda y le llamó la atención que había una luz prendida en una de las habitaciones.
Entonces acudió a una vecina, quien al final llamó a la policía.
Al caer la tarde, a alrededor de las 19, ya con la presencia de Domínguez y Angeloni en el lugar, personal de la comisaría 10ª encontró los dos cuerpos sin vida de las ancianas.
Los fondos de la casa dan a una cortada y al parecer, según las primeros indicios, el o los asesinos podrían haber ingresado por ese lugar.
Sin embargo, los investigadores tampoco descartaron que el agresor haya ingresado por la misma puerta, ya que era común que las ancianas recibieran a jardineros y albañiles, comentaron voceros policiales.
Luego se hizo presente en el lugar personal de la Brigada de Homicidios y la jueza Raquel Cosgaya, aunque prefirieron no hacer declaraciones al respecto hasta que se recaben más pruebas.
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