DOS ARGENTINOS CERCADOS EN EL INTENTO DE GOLPE EN FILIPINAS
Dos diplomáticos argentinos en Filipinas, el embajador Mario Schuff, y el segundo secretario de la Embajada, Jorge Stevens, quedaron atrapados con sus familias en el espectacular motín militar que concluyó ayer, en un complejo comercial del distrito financiero de Manila. Mientras Stevens pudo escapar de la zona con su esposa e hijo, Schuff quedó cercado con su mujer en un hotel, que fue también acordonado por las fuerzas leales al gobierno filipino.
Cerca de 300 militares rebeldes se amotinaron en la madrugada de ayer (hora argentina) en el edificio Oakwood del centro comercial de Makati y exigían la dimisión de la presidenta Gloria Macapagal Arroyo. Los insurgentes, fuertemente armados, colocaron explosivos alrededor del complejo, que alberga comercios, bancos y departamentos de lujo y donde había unas 300 personas.
Los rebeldes prometían hacer volar toda la zona, donde también estaba Schuff. Tras 17 horas de asedio los rebeldes se rindieron. La intentona golpista “ha concluido”, anunció ayer la propia mandataria, sobre las 22.00 hora local (las 11 argentinas), citada por la agencia EFE. Entre los 296 militares sublevados, había 70 oficiales, que acusan al gobierno de corrupto.
Durante la madrugada de Manila, Stevens contó que el embajador Schuff y su esposa ya estaban a salvo pero que se encontraban descansando. Pese a las horas de tensión vividas, el diplomático tiene hoy una reunión en el Congreso filipino.
El embajador y él llegaron a Filipinas recién en marzo pasado, por lo que todavía no tienen residencia para habitar. Schuff moraba en el hotel Intercontinental, situado justo en frente del complejo comercial
donde se produjo el motín. Stevens vive en otro hotel, el Ayala Center, también cruzando otra pequeña calle.
“Como en la noche del sábado ya había rumores de golpe, tomamos la iniciativa con el embajador de tener al personal local totalmente en guardia, siguiendo la televisión”, dijo Stevens. Además, agregó, la embajada argentina, que está a unas 12 cuadras del centro comercial tomado, queda en el edificio donde están las embajadas de Chile y Brasil. “Estábamos todos en comunicación”. Pasadas las tres de la mañana recibieron el llamado que les anunció el motín.
“Temíamos un 11 de setiembre filipino”, dijo Stevens, que no puede aún olvidar las imágenes de TV que mostraban a los insurgentes colocando explosivos alrededor del complejo, justo enfrente de donde él estaba. Stevens pudo salir del Ayala Center con su esposa y su bebé, de ocho meses. “El hotel donde vivo es todo vidriado, un peligro en caso de que se produjeran explosiones”. Contó entonces que le impresionó mucho la llegada de las tropas leales a la zona. “Se desplazaron vehículos blindados, la policía nacional, el ejército y los marines filipinos, que son la ‘pesada’ de las fuerzas armadas. Son los mejores y los más sofisticadamente entrenados para combatir a los grupos terroristas”.
Precisamente en ese acordonamiento de la zona quedaron rodeados los hoteles Dusit e Intercontinental, donde se quedaron Schuff y señora. “Fueron rodeados por el ejército por razones de seguridad, ya que había posibilidad de que hubiera fuego cruzado”, dijo Stevens.
El embajador Schuff, que tiene 58 años, pudo salir del Intercontinental tras 9 horas de encierro. “No hubo ni tiros, ni víctimas, pero sí mucha preocupación durante todo el tiempo que estuvo cercado, y con la incertidumbre de que los rebeldes podían volar todo”, dijo el segundo secretario. Agregó que finalmente Schuff fue trasladado con todos los huéspedes del Intercontinental al Westin Plaza, un hotel ubicado a tres o cuatro kilómetros de allí.
Durante todo el tiempo que estuvo atrapado en el motín, Schuff se mantuvo en contacto con sus colegas e incluso recibió un llamado directo del canciller Rafael Bielsa, alertado por la guardia del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino.
En Filipinas, contó Stevens, hay unos 150 argentinos, la mayoría empresarios. En la sede diplomática, sólo Schuff y Stevens son argentinos; el resto, filipinos.
Los militares rebeldes que se sublevaron y luego se rindieron serán trasladados de inmediato al cuartel general del Ejército y hoy serán enviados a sus respectivos cuarteles, aclaró anoche el jefe de las Fuerzas Armadas filipinas, Narciso Abaya.
Por su parte, la presidenta Arroyo aseguró que no recibirán ningún tratamiento especial y que serán investigados por la acción que han protagonizado. También anunció que los civiles que estén implicados serán perseguidos. “El diálogo ha dado resultados positivos”, concluyó en su mensaje televisado a la nación, puesto que hubo una ardua negociación mediada incluso por la iglesia católica.
El motín le permitirá a Arroyo darle un respiro a su gobierno ya que desde que asumió no pudo cumplir con sus promesas de mejorar la economía y la seguridad de un país casi ingobernable por las permanentes divisiones políticas, el auge de las organizaciones criminales y los atentados terroristas de los rebeldes islámicos.
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