DOS HERIDOS EN VIOLENTOS ASALTOS
Un grupo de delincuentes perpetró un certero golpe en la sede de una empresa de transporte de cargas ubicada en la zona norte, desde donde logró llevarse costosas maquinarias de trabajo, no sin antes dejar herido de bala a un empleado.
El hecho ocurrió esta madrugada, aproximadamente a las 4, y tuvo lugar en la sede central de la empresa transportadora internacional Friosar, ubicada en Ayacucho al 2400, en el barrio de Guadalupe Oeste.
Es en este domicilio donde la empresa posee un importante galpón donde guarda sus unidades -poderosos camiones equipados para carga refrigerada- además de realizar las tareas de mantenimiento.
Norberto González, de 49 años, se desempeña como sereno de dicha empresa y anoche atravesó una dramática experiencia cuando se vio sorprendido por un grupo de delincuentes.
La odisea comenzó cuando el mencionado escuchó algunos ruidos que provenían de la parte posterior del predio, por lo que se decidió a dar una recorrida para inspeccionar.
Fue en esta circunstancia que un individuo le salió de entre las sombras y en cuestión de segundos ambos se trenzaron en una pelea cuerpo a cuerpo.
Sin embargo la cuestión tomó un rumbo drástico por cuanto el delincuente no vaciló en echar mano a un arma de fuego con la que disparó dos veces contra la humanidad de González.
Los proyectiles alcanzaron al trabajador en el hombro izquierdo y en la pierna del mismo lado. Demás está decir que por los efectos de sus heridas el hombre quedó reducido tendido en el suelo.
Campo libre
Con el único obstáculo superado, el rufián se tomó varios minutos para observar la “mercadería” existente en el galpón, en una faena de la que se sospecha también participaron otros compinches que estaban oficiando de “campana”.
Desde el lugar, los cacos se alzaron con una máquina de soldar, un taladro mecánico, una amoladora y un televisor. Pero no conforme con lo hecho hasta allí cargaron todo el botín a bordo de un Renault 21, propiedad del titular de la firma, Antonio Sartore, con el que se dieron a la fuga.
Mientras tanto, el sereno González alcanzó a arrastrarse hasta la vereda y desde allí comenzó a pedir auxilio. Más tarde iba a producirse su arribo al hospital José M. Cullen, donde quedó internado en observación y, felizmente, fuera de peligro.
Indignación
En diálogo con nuestros cronistas, Sartore manifestó sentir una “profunda indignación” por lo sucedido. “Esto no hace más que reflejar que los delincuentes están por encima de la gente de bien y de trabajo. Estamos a merced de los violentos”, dijo.
“La tarea de los gobernantes y de la Justicia deja mucho que desear. No puede ser que nunca agarran a nadie. Y encima cuando agarran a algún ladrón, al otro día está suelto”, agregó.
Por último el empresario sentenció que “si seguimos así vamos a terminar nosotros encerrados en nuestras casas y ellos (los delincuentes) andando con total impunidad por la calle”, culminó.
En la Liga
En tanto, poco después del mediodía de la víspera se tuvo noticias sobre un sangriento asalto que tuvo lugar en la sede de la Liga Santafesina de Fútbol, en calle Corrientes al 3000.
Es de hacer notar que la institución deportiva se ubica exactamente frente al templo Sefardí, donde existe una guardia policial las 24 horas, por lo que el suceso adquiere dimensiones más que preocupantes.
Todo comenzó cerca de las 15 cuando tres sujetos -dos menores y un mayor- irrumpieron en las oficinas de la entidad, donde se encontraba Raúl Vanderberger, de 44 años, quien se desempeña como empleado administrativo.
Los sujetos llevaban todos armas blancas y concretaron el golpe actuando a cara descubierta.
Con una violencia singular, los malvivientes sometieron al mencionado a una verdadera paliza, mediante golpes de puño en el rostro. Además le realizaron cortes con los cuchillos en distintas partes del cuerpo.
Semejante actividad tenía como fin que la víctima les revelara el lugar donde supuestamente estaría guardado un dinero “importante”. Esta especulación surge porque en la fecha la entidad recauda las cuotas de los clubes afiliados a esa institución.
Al cabo de varios minutos de “tortura”, los ladrones hallaron unos 4 mil pesos, los que estaban en el cajón de un escritorio de una de las oficinas sin ningún tipo de llave.
Concretado el atraco, sus autores se dieron a la fuga con rumbo desconocido, pese a que partieron desde el corazón de la zona céntrica.
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