DOS HORAS DRAMÁTICAS EN UNA TOMA DE REHENES EN LA CITY PORTEÑA
A pocos metros del Obelisco y tras dos horas de tensión rodeado por más de 200 policías, un ladrón, que hace una semana había salido de la cárcel de Olmos, se entregó luego de liberar a dos mujeres que había tomado de rehenes en un comercio de fotografía que intentó asaltar en plena City.
La crisis paralizó la zona céntrica de la ciudad, pues quedó cortado uno de los accesos directos a la Plaza de Mayo, lo que generó un embotellamiento de tránsito. El intento de asalto comenzó a las 19.15, cuando un ladrón ingresó en el local de Kodak, en diagonal Roque Sáenz Peña 940, a unos 400 metros de la Casa Rosada y a cinco cuadras de Palacio de Justicia, en el lugar más vigilado de la Capital.
En esa ocasión, un delincuente entró en el comercio y amenazó a las dos empleadas. Un joven transeúnte, que caminaba por la vereda del local, advirtió desde la calle que las empleadas estaban ubicadas frente al mostrador y a un sujeto que quería sacar algo de la caja registradora. A su vez, un segundo sospechoso entraba en la casa de fotografía. El joven siguió caminando y al llegar a la esquina, en el pasaje Carabelas, alertó a dos agentes del Cuerpo de Policía de Tránsito, que acudieron al lugar, según relató a LA NACION el joven testigo, que no quiso identificarse.
De inmediato los policías de Tránsito pidieron refuerzos, que en pocos minutos llegaron. Uno de los ladrones huyó y el otro se parapetaba en el negocio y amenazó con matar a las empleadas si es que no lo dejaban escapar.
La Policía Federal desplegó un operativo gigantesco alrededor del comercio. El Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF), entrenado especialmente para resolver estas situaciones de crisis, tomó posición en la zona y desplegó francotiradores en los altos de edificios linderos y a otros, con fusiles de asalto con miras infrarrojas, fueron apostados detrás de los patrulleros. Un grupo restante se protegió con un escudo de acero y se alineó junto al acceso del local para irrumpir cuando lo indicara su jefe. Un negociador comenzó a conversar con el asaltante para lograr que se entregara.
A las 20, sin armas a la vista y con los brazos en alto, el negociador ingresó en el comercio. Tras unos minutos de diálogo logró que el ladrón liberara a una joven mujer. Eran las 20.30
La chica salió del negocio sola abrazada a un abrigo. Miró hacia el local y caminó unos pocos metros hasta que un grupo de policías la protegió.
Cuando se pensaba que todo había terminado, los policías no ingresaron en el local pues había otra mujer cautiva en manos del delincuente. El negociador estuvo en todo momento en el local y trató de persuadir al asaltante para que se entregara. Le dio una gaseosa y dos paquetes de pastillas. En el ínterin, el ladrón habló por una radio y dijo llamarse Claudio, tener 18 años y que acababa de salir de la cárcel.
A las 21.30, el ladrón se entregó y fue trasladado en medio de una caravana policial. La segunda rehén, una vez liberada, fue atendida en una ambulancia con una profunda crisis nerviosa.
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