DOS POLICÍAS AYUDARON A UNA MUJER A DAR A LUZ
Camila ya estaba por nacer y su mamá Blanca -que vive en una precaria casita al costado de la ruta 168- sólo atinó a pedir ayuda en la subcomisaría 7ma. de la Policía, en el barrio El Pozo.
Allí se encontró con el oficial principal Julio Tarragona y el cabo Juan Lucca, quienes decidieron llevarla al hospital en el móvil policial, ante la imposibilidad de encontrar un servicio de emergencia desocupado. Pero Camila no quiso esperar ser recibida por los médicos de la guardia del Iturraspe. A unos 300 metros del hospital, su mamá rompió bolsa y dio a luz a la beba, con la ayuda de los policías.
El hecho ocurrió en la madrugada del domingo pasado, cuando ambos policías estaban de turno en esa seccional. Fue un acontecimiento natural pero -al mismo tiempo- totalmente diferente al trabajo que habitualmente realizan.
Juan tiene 26 años y es padre de dos chicos. Al relatar su experiencia aseguró que “cuando la ayudábamos pensaba en mis hijos y trataba de hacer todo lo mejor posible, porque no se ayuda a dar a luz todos los días. Pensaba que dependía de nosotros dos que todo saliera bien con la mamá y su beba”.
Para Julio -de 37 años, sin hijos- la experiencia fue distinta: no era la primera vez que su profesión le demandaba ayudar a alguna parturienta, ya que anteriormente trabajó en algunos barrios donde la asistencia médica es escasa, según comentó, como Yapeyú. También participó en otro hecho relacionado con bebés: encontró uno en un baño, que luego fue llevado a la seccional 10° de la Policía, en donde fue amamantado por una empleada.
Contó a El Litoral que “un nacimiento es algo que no se puede explicar. Como la señora se descomponía decidimos ayudarla; fue algo instantáneo. Lo estábamos haciendo y no nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando”.
También relató que durante el trayecto hacia el hospital, le iban hablando para que se tranquilizara y por la radio avisaban a la central que comunicara al Iturraspe que pronto llegarían. Dijo estar convencido de que “la actuación del personal policial frente a este tipo de situaciones debe ser algo natural” y aseguró que “fue una experiencia que hice con el corazón”.
Blanca tiene 31 años y ya era madre de otros nueve niños. Vive con su esposo en una precaria casita que está sobre la 168, a algunos metros al este del hipermercado. La nueva integrante de la familia y su mamá ya volvieron a su hogar, después de haber sido examinadas por los médicos.
Este contenido no está abierto a comentarios

