DOS VÍCTIMAS DE LA DICTADURA RECONOCIERON UN CENTRO CLANDESTINO
Dos víctimas de la dictadura reconocieron ayer ante la Justicia Federal un centro clandestino de detención en San José del Rincón, donde estuvieron secuestrados cinco meses, después de pasar por la seccional 4ª de la Policía de la provincia. Daniel García y su esposa Alba Sánchez identificaron una casa quinta en calle del Sol, en el barrio Villa California, a 200 metros al oeste de la ruta 1, en la que aseguran haber estado detenidos ilegalmente entre el 6 de diciembre de 1977 y el 25 de mayo de 1978. El procedimiento fue realizado por el juez federal Nº 1, Reynaldo Rodríguez, quien investiga el circuito de la represión ilegal en Santa Fe.
“Esta es la casa en la que estuvimos detenidos en forma totalmente ilegal después de haber pasado por la seccional 4ª”, dijo Sánchez luego de reconocer la quinta ante el juez Rodríguez.
‑¿Un centro clandestino de detención? -preguntó un reportero de C&D.
‑Exactamente. Que no figura en el Nunca Más ni en ningún otro
documento.
La finca está al lado del camping del Sindicato de Trabajadores Viales que tiene un pórtico muy particular: un arco que en estos años se convirtió en referencia de la zona. En su cautiverio, Sánchez pudo ver ese arco a la distancia, desde un ventiluz del baño de la casa. “En cada cambio de guardia, ellos (los represores) tenían que entregar la casa limpia, entonces a veces me obligaban a limpiarla. Lógicamente tenía que sacarme la capucha para hacer la limpieza. Cerraba la puerta del baño y con trabajo me subía al inodoro y veía lo que estoy viendo ahora: la entrada del camping”, relató Sánchez.
Después, ya en libertad, con ese registro de la memoria, ella y su esposo lograron llegar al lugar donde estuvieron secuestrados. Y como otra prueba más, ayer invitó a los cronistas a mirar hacia el pórtico del Sindicato de Trabajadores Viales. “Desde acá se ve el arco y la libustrina que se mantuvo durante todos estos años”, dijo la mujer.
‑¿Así identificaron la casa?
‑Así pude ver la entrada del club de los viales y como conocía la zona me resultó muy fácil llegar a este lugar. A partir de ahí, pude determinar perfectamente cuál era la casa -precisó Sánchez.
Un rato antes, el diálogo entre el juez Rodríguez y el matrimonio quedó registrado en grabadores y cámaras de TV. “Concretamente, ¿esta es la finca?”, preguntó el magistrado.
‑Esta es -respondió García, sin dudar. Su esposa asintió.
‑¿Hubo algunas modificaciones?
‑Sí, sí.
‑Les pregunto si esta es la propiedad y en caso afirmativo si hubo reparaciones o modificaciones -insistió el juez.
‑Absolutamente es la finca -contestó Sánchez‑. “Hubo modificaciones, hay algunas arcadas nuevas (en la galería) que antes no era así”, completó García. “Era una construcción muy vieja, databa de varios años, pero aún así quedan detalles que son reconocibles desde afuera”.
La quinta estaba cerrada y los propietarios ausentes, así que el matrimonio la reconoció desde la calle sin poder ingresar al interior. El juez Rodríguez tampoco ordenó el allanamiento. Es una casa modesta de fin de semana con galería y parque arbolado alrededor.
‑¿No tienen ninguna duda? -planteó otro cronista.
‑Absolutamente ninguna -dijo Sánchez.
‑¿Era el mismo paisaje?
‑Exactamente el mismo. La casa cambió bastante, pero no deja de ser la casa y no dejo de reconocerla -apuntó la mujer.
‑¿Puede decir qué veía desde adentro?
‑La ruta 1. El paso del colectivo que iba hacia la costa y era perfectamente identificable. Lo que vi hace 27 años es lo mismo que veo hoy -relató Alba. Su esposo agregó: “El trato fue atroz. Sufrimos las peores torturas que se puedan imaginar durante un período prolongado, que después fue aflojando”.
‑¿Cuántas personas estaban detenidas?
‑En el período que estuvimos (entre el 6 de diciembre de 1977 y el 25 de mayo de 1978) éramos tres. Nosotros dos y otra compañera que fue chupada con nosotros porque vivía en nuestra casa -dijo García. Era una chica de Buenos Aires a la que sólo conocíamos por su apodo: “La Tana” y que vino a Santa Fe a refugiarse porque la perseguían en Buenos Aires y cayó en nuestra casa”.
‑Y hoy, ¿qué sienten?
‑Algo de escalofríos. Pero es necesario hacerlo, no sólo por nosotros sino para todos aquellos que les pueda servir -finalizó Alba.
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