DUHALDE: "VOY A DARLE TODO MI APOYO QUE PUEDA A KIRCHNER"
Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde no se ven, al menos en público, desde el 8 de julio, cuando en la última Cumbre del Mercosur, en Puerto Iguazú, se saludaron tibiamente, sin permitir el registro fotográfico. Pero a partir de entonces comenzó a regir de hecho la tregua que se dieron. Y las palabras del ex presidente a Clarín van en esa línea: “Nadie mejor que yo sabe lo jorobado que es estar en el lugar que está Néstor, así que de mi parte no voy a hacer otra cosa que darle una mano y todo el apoyo que pueda”.
Duhalde dijo que ese respaldo al Presidente no sólo debía esperarse de él, “sino de toda la gente que está conmigo”. A modo de ejemplo, contó que unos minutos antes del diálogo telefónico con este diario lo habían llamado diputados que le responden para saber qué actitud seguir ante la ley de responsabilidad fiscal, que empuja el Gobierno en respuesta a los reclamos del FMI.
“Les dije: para nosotros más que una ley de responsabilidad fiscal, es una ley de responsabilidad civil. Hay que ayudar al Presidente y si necesita la ley, no se puede andar con egoísmos”, contó Duhalde desde Montevideo, donde tiene la sede el Consejo de Miembros Permanentes del Mercosur que él preside.
El cese de hostilidades entre Kirchner y Duhalde no tiene una fecha a término, pero lleva implícita la idea de que era demasiado prematuro y costoso, desde el punto de vista político, mantener una situación de disputa con eje en las lejanas elecciones legislativas de 2005 en la provincia de Buenos Aires.
Desde aquel día, Kirchner dio señales de distensión, en el marco de un giro más amplio que incluyó el jueves la reivindicación de los partidos políticos. Y Duhalde evitó las declaraciones sobre temas espinosos para el Gobierno. “Yo no habló más y acompaño, pero no me pidan que ni siquiera atienda los llamados de mis amigos”, le dijo Duhalde al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en un reciente encuentro, según contó a Clarín una fuente duhaldista.
Fernández reclamó además el cese de las “operaciones para hacer creer que si ustedes se pelean peligra la gobernabilidad”. Justamente ése era uno de los puntos que irritaba más a Kirchner, que sólo había aludido a su pelea con Duhalde para enfatizar que buscar un vínculo entre sus “diferencias” con el ex presidente y un supuesto riesgo para la gobernabilidad “es un disparate”.
En esa charla con Duhalde, el jefe de Gabinete dejó también una solicitud: “Eduardo, usted tiene que hablar directamente con Néstor cuando quiera decirle algo. ¿Para qué dejar que otros hagan una bola de nieve?”.
La frase del jefe del Gabinete fue una referencia a los tironeos entre “gurkas” y “dialoguistas”, que rodean a Kirchner y Duhalde. “Los dos tienen gente que busca la pelea y los dos tienen gente que busca el acercamiento”, admiten, palabras más, palabras menos, en los dos sectores.
Los gurkas de Duhalde argumentan que Kirchner es presidente “gracias” a su jefe y que el kirchnerismo no está en condiciones de disputar la provincia. Los gurkas de Kirchner sostienen que la gente ve a Duhalde como “la vieja política” y que eso les abre camino para dar la pelea, tal vez con Cristina a la cabeza.
Pero luego del último pico de tensión en la interna, ahora parece prevalecer el criterio político de los partidarios de la tregua.
En el Gobierno, prefieren no mantener este frente abierto. Y Duhalde agrega otra lectura, según un colaborador suyo: “Para las elecciones falta mucho, y si para ese entonces al Gobierno le sigue yendo bien, cómo me voy a negar a que Cristina encabece la lista y a un reparto equitativo. Y si para entonces le va mal, será otro cantar. Pero yo creo que le va a ir bien”.
La distensión había tenido otras manifestaciones visibles en los últimos días. Chiche Duhalde solo habló para ponerse del lado del Gobierno ante las acusaciones del ex ministro de Justicia Gustavo Beliz, y la vicegobernadora bonaerense, Graciela Giannettasio, fue a la Casa Rosada a compartir con Cristina Kirchner un homenaje a Evita, horas antes de estar en otro acto en Florencio Varela con su amiga Chiche.
De todos modos, nadie puede asegurar cuánto durarán las aguas mansas. “Los dos juegan a juegos distintos y en eso no se entienden. Duhalde juega al ajedrez, es un tiempista. Kirchner se asemeja a un jugador de ruleta que apuesta todo en cada tiro. Eso a Duhalde le da vértigo y busca aferrarse a lo que él siente como seguro”, dice un duhaldista. Una explicación posible, no la única, para una pulseada que ya escribió varios capítulos.
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