DURA BATALLA EN UN BASTIÓN DE HEZBOLLAH EN EL SUR DEL LÍBANO
Hay una nube de periodistas en un punto fronterizo a solo 30 cuadras de donde se está librando una de las batallas más feroces de esta guerra. Todos hemos llegado porque las noticias anticipaban un desastre para la operación israelí contra la milicia de Hezbollah: 15 soldados muertos y casi tres decenas de heridos. Luego el ejército moderó esos números y admitió 9 bajas fatales aunque sí 35 heridos. El golpe vino acompañado de una de las oleadas más fuertes de misiles sobre el norte israelí, que llegaron ayer a 110 causando numerosos heridos. Al tiempo que se conocían estas cifras, se supo que el gobierno rechazó una propuesta de la guerrilla para un alto el fuego inmediato y sin condiciones.
El combate que se inició en la madrugada y no perdía furor mientras avanzaba el día hacia el atardecer se libra en la ciudadela de Bint Jbeil, la “capital de Hezbollah” en el sur libanés.
El lunes, el ejército, urgido por mostrar resultados en esta demorada y compleja campaña terrestre, había anunciado que tras dos días de pelea, finalmente el sitio había caído. Fuentes militares que hablaron con este enviado con el ruido de fondo del estruendo de la artillería y el paso de aviones y helicópteros que participaban en los combates, dijeron que efectivamente las tropas habían logrado ingresar al lugar, pero el anuncio de victoria fue prematuro.
Alrededor de dos centenares de milicianos de Hezbollah armados con metralletas, fusiles, lanzaderas de hombro de misiles, morteros y granadas se ubicaron en torno de la ciudad en un puñado de aldeas que la rodean y en el centro físico de Bint Jbeil.
Una columna de milicianos se dividió en tres flancos y rodeó a los militares israelíes que marchaban en fila india por un camino escarpado en el suburbio de la fortaleza. Desde un recodo, a las 5 de la mañana, comenzó el fuego de metralla y explosivos que brotaba a los lados del camino. Ahí es donde se produjo la mayor cantidad de víctimas y un número similar en el bando de Hezbollah.
El mayor Spika (no dio su nombre), vocero del comando sur de Israel, dijo a este enviado entre otros periodistas que “hay una guerra dentro, es una gran batalla. Se combate en cada casa, en las calles. Nuestra gente está en la ciudad. Pero toda el área está minada y se debe ir caminando, no es posible usar los vehículos”.
En un mismo tono intenso, excitado y locuaz, agregó que “no tenemos control todavía del lugar. Estamos en camino. Están disparando desde todos lados. El plan es no conquistar el área sino sacar a Hezbollah de allí.”
Dijo luego que la milicia usa cohetes y lanza granadas. “Esta es una guerrilla que no muestra tanques enfrente tuyo, están ocultos, muy bien armados y bien entrenados”.
Mientras el oficial hablaba, los aviones pasaban rugiendo por el cielo confundiendo su sonido largo con el estruendo sordo de los obuses. “Son los aviones que intentan proteger a los helicópteros que van por los heridos”, explicó.
En la zona, cercana a Avivan, se veían tres tanques y otros vehículos del cuerpo de ingenieros, pero esta vez el acceso desde la ruta había sido cerrado por la policía al revés del camino franco que siempre encontró este enviado desde que lo recorre los últimos días. Se trata de la principal entrada a la zona de combates.
Cerca del lugar donde habló el mayor israelí, hay puntos donde se han instalado piezas de artillería y numerosos tanques que constantemente disparan hacia el Líbano. Este enviado visitó ayer una de esas bases a la que se accede bajando un camino en barranca por la espesura hasta un claro en un valle. Todo el espacio está lleno de ese estruendo repetido que en cercanías de esos sitios, produce temblores y silbidos en los oídos. No hay una gran dotación de personal, pero si camiones que ingresan o salen constantemente llevando municiones para la tropa.
El principal vocero de Hezbollah, Hussein Rabhal, reivindicó un éxito de su tropa en la batalla: “Lo que puedo decir es que 13 israelíes han sido quemados vivos en sus tanques, en nuestra tierra”. Y describió que “nuestros combatientes realizan una guerra de guerrillas, salen del subsuelo, de las calles estrechas, de viviendas y ventanas”.
El modo de combate con estilo guerrillero que estableció el Vietcong en el Sudeste asiático, es el ejemplo que más se menciona aquí para comparar y evaluar el funcionamiento de Hezbollah.
El premier Ehud Olmert, que ayer participó de una reunión de tres horas de su gabinete, fue informado hora tras hora sobre el incremento del número de bajas de sus hombres. La actual ofensiva “no durará meses, aunque se está alargando más de lo que habíamos previsto”, afirmó.
El funcionario rechazó ayer una nueva propuesta de cese al fuego inmediato y definitivo planteado por el grupo ultraislámico. El pedido fue acompañado de la demanda de un “intercambio de prisioneros a través de negociaciones indirectas”.
Hezbollah mantiene bajo su control a dos soldados israelíes que tomó prisioneros hace más de dos semanas lo que desató esta guerra. Israel reiteró su negativa a cualquier alto el fuego que no incluya la liberación inmediata de los efectivos, el desarme de la guerrilla y el despliegue de una fuerza en la frontera.
Un dato notable de ayer es que el premier sostuvo que lo que se busca es crear una franja de seguridad de dos kilómetros desde la frontera binacional para evitar que la guerrilla lance misiles.
La distancia señalada es sensiblemente inferior a los 30 kilómetros que planteó en su momento la canciller norteamericana Condoleezza Rice cuando hizo este lunes una fugaz gira por la región, y también menor a los 20 kilómetros que venía proponiendo el gabinete israelí.
Otro de los sucesos graves que enfrenta la ofensiva israelí fue el ataque contra un cuartel de la fuerza de interposición de la ONU en Líbano, que mató a cuatro observadores internacionales, un canadiense, un chino, un finlandés y un austríaco. El episodio causó una oleada de repudio internacional. Olmert llamó al secretario general de la ONU Kofi Annan, crítico de la guerra contra el Líbano, para excusarse y le reprobó haber insinuado que el golpe fue premeditado. El premier dijo que el cuartel no estaba en el blanco y que inició una investigación.
Sin embargo, se supo que hubo al menos seis advertencias previas de esa fuerza a Israel para evitar un desastre. Jane Holl Lute, vice secretaria general de la ONU para las operaciones de mantenimiento de la paz, sostuvo que el cuartel había sufrido 21 ataques en un radio de 300 metros y 12 disparos de artillería a una cuadra, cuatro de los cuales lo habían impactado antes de que un misil lo destrozara.
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