DURA CRÍTICA PAPAL AL MATRIMONIO ENTRE CATÓLICOS E ISLÁMICOS
En un documento de 70 páginas dedicado a los migrantes presentado ayer, el Vaticano cambió de tonos y énfasis, al destacar con claridad “lo que no puede ser tolerado” en las relaciones con “el comportamiento religioso y las normas morales del islam”.
En primer lugar, el Papa, que firmó la “Instrucción” el 1º de este mes, se pronuncia con más dureza que nunca en contra de los matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes.
El capítulo dedicado a las relaciones entre católicos y musulmanes es el más ríspido del documento dedicado a los migrantes, especialmente a los inmigrantes que llegan a los países occidentales.
“El flujo migratorio actual es el más grande de todos los tiempos”, destaca el texto. Más de 200 millones de personas han abandonado sus hogares para trasladarse a las zonas más prósperas del mundo.
En Europa hay ya 56 millones de musulmanes, muchos de ellos inmigrados desde el Oriente Medio, Asia y Africa.
“Erga migrants Caritas Christi” (La caridad de Cristo hacia los migrantes) fue presentado por el cardenal Stephen Fumio Hamao, actual presidente del Consejo Pontificio para los Migrantes e Itinerantes.
En una conferencia de prensa, el purpurado explicó que existe una parte de los países islámicos que “no garantizan la libertad de culto y no existe el derecho de reciprocidad”, que sí es aplicado en Occidente, donde hay mezquitas junto a las iglesias, “que es un mejor modelo social”.
Al advertir a los cristianos sobre la necesidad de evitar los matrimonios mixtos, especialmente con musulmanes, el documento vaticano advierte que “las diversidades son demasiadas”.
La instrucción señala cómo se deben comportar los religiosos y laicos católicos y advierte que “debido a los resultados de amargas experiencias” que padecen sobre todo las católicas casadas con islámicos, hay que recordar que “las mujeres son las menos tuteladas en las familias musulmanas”.
El texto pontificio afirma en otros párrafos que la prohibición del matrimonio mixto no es absoluta, pero recuerda que el padre musulmán es para los islámicos quien tiene la patria potestad sobre los hijos. También reclama a las católicas que se casan con un inmigrante musulmán que “se abstengan de pronunciar o firmar la profesión de creencia musulmana, llamada la shahadda”.
El Vaticano recomienda a los centros de orientación católicos que adviertan a las mujeres que quieren contraer matrimonio con musulmanes de la magnitud de las dificultades que van a encontrar, sobre todo si se van a vivir al país islámico de su cónyuge.
Otro tema delicado es el del uso de los templos. Hace unos días el Vaticano rechazó que la catedral española de Córdoba, construida donde fue la famosa mezquita del Califato, pueda ser utilizada por los musulmanes.
El papa Juan Pablo II dice que no es oportuno que los espacios de los católicos, como las iglesias, capillas, lugares de cultos o reservados a las actividades de evangelización “sean puestos a disposición de las personas pertenecientes a religiones no cristianas y mucho menos que sean utilizados para lograr reivindicaciones dirigidas a las autoridades públicas”.
En la Santa Sede crece así la preocupación por la situación de las comunidades católicas en los países musulmanes, de modo especial en aquellos que rígidamente identifican al Estado con el islam, que impiden cualquier manifestación de fe no musulmana.
El caso típico, no único, es el de Arabia Saudita. Las preocupaciones se extienden a la difusión a través de los inmigrantes de las creencias y la cultura islámicas.
Por eso el documento afirma que “los hermanos y hermanas musulmanas” deben tener una conciencia creciente que favorezca “el cumplimiento de las libertades básicas, los derechos inviolables de las personas, la misma dignidad para mujeres y hombres, el principio democrático en el gobierno del pueblo y el sano laicismo del Estado”.
La Iglesia, antes favorable a imponer la religión oficial en las naciones católicas, adopta plenamente en el documento de ayer el principio de separación del ámbito religioso de la actividad del Estado.
El documento hace un llamado en favor de la integración de los inmigrantes, contra el racismo y la discriminación. Pide a los cristianos que “respeten las tradiciones y las culturas de los inmigrantes”, pero llamándolos a testimoniar el Evangelio como “seguidores de Cristo”.
Con respecto a las relaciones con los musulmanes, la “Instrucción” invita a “distinguir en las doctrinas y en las prácticas religiosas y en las leyes morales del islam, lo que puede ser compartido de lo que no es condivisible”.
Si bien la fe de católicos y musulmanes es común en la creencia en un único Dios, hay “divergencias, algunas de las cuales se refieren a las adquisiciones legítimas de la modernidad”, como los derechos humanos, el ejercicio de las libertades individuales, la igual dignidad entre la mujer y el hombre y los principios democráticos del gobierno.
Para los inmigrantes, la actitud de los cristianos no debe “ser de miedo sino de hospitalidad y derechos”. Ningún país “puede pensar en resolver solo” el problema en expansión de las migraciones.
La Iglesia Católica defiende “la cultura de la hospitalidad” como indispensable e invita a promover el diálogo sin quedarse en “gestos” o “leyes sectoriales” insuficientes. Los inmigrantes deben poder realizar sus derechos a “la reunión de las familias, la educación de los hijos, el alojamiento, el trabajo, el formar asociaciones, promover los derechos civiles y otras formas de participación en las sociedades”, en las que se han establecido.
La actitud de los cristianos respecto a los inmigrantes “de otras religiones”, en especial con los musulmanes, “debe ser de diálogo sincero, abierto y respetuoso, pero no ingenuo”, concluye.
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