DURAS CONDENAS PARA 13 PRESOS QUE SE AMOTINARON TRAS UNA FRUSTRADA FUGA
Estaban presos, quisieron escapar y los descubrieron, aunque eso no los persuadió: en lugar de abortar el intento armaron un motín y capturaron a tres policías, a los que retuvieron como rehenes hasta que no tuvieron otra salida que entregarse. Casi cuatro años después de aquel episodio, los 13 protagonistas de la frustrada fuga fueron sentenciados a cinco años y cuatro meses de prisión, aunque la mayoría recibió una pena mucho más severa porque a esa sanción se sumó la que corresponde a los delitos por los que estaban presos. A uno de ellos, que ya registraba cuatro condenas, lo sentenciaron a 17 años.
Casi todos estaban detenidos por delitos graves. Pasaban sus días apilados en un calabozo ínfimo y maloliente de la subcomisaría 19ª, en el barrio Las Flores. Varios llevaban mucho tiempo recluidos, pero otros eran novatos y todavía no estaban ni siquiera procesados.
El episodio por el que ahora fueron condenados ocurrió el 2 de septiembre de 2000. Comenzó cuando los cuatro policías que estaban de guardia en la seccional escucharon ruidos en uno de los calabozos. Intuyeron que los reclusos probablemente estarían cavando un túnel para escapar, y decidieron entrar para comprobarlo.
Lo confirmaron ni bien tres de ellos ingresaron al penal. Sobre el piso del baño hallaron un montículo de tierra y enseguida vieron el hueco: tenía casi tres metros de longitud y buscaba una salida hacia el exterior de la subcomisaría.
Al sentirse descubiertos los presos reaccionaron. Uno de ellos se abalanzó sobre el agente de la policía provincial César Ludueña y otros lo imitaron. Enseguida lo dominaron, al igual que al también agente Uriel Turigini y al cabo Marcelo Miño. Si no escaparon fue porque el cuarto integrante de la dotación policial alcanzó a cerrar las puertas y llamó a la Guardia de Infantería. Al rato la cuadra estaba rodeada y los presos ya no podían escapar, pero aún tenían en su poder a los tres policías capturados.
Habían pasado menos de 30 días desde un motín muy violento en la seccional 19ª. Allí también hubo policías rehenes que terminaron heridos. Previamente los reclusos habían robado dos armas pertenecientes a la dotación de la comisaría. Entre las autoridades de la provincia cundió el temor de que aquel episodio violento se repitiera y el nuevo motín concentró la atención de todos.
Con la llegada a la subcomisaría 19ª de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE), comenzó una negociación tensa que recién terminó a las 10.30 de la mañana. La única exigencia de los reclusos era que los trasladaran a otros penales, y así se hizo. Pero el intento de fuga, la captura de los tres custodios y las heridas que sufrieron (de distinta consideración, pero ninguna grave) ya eran hechos consumados.
Los propios policías dijeron que hubo siete presos que no participaron del motín y pudieron identificarlos. Los otros 13 fueron imputados. Algunos eran veteranos en esas lides, y otros no tenían más antecedente que el delito por el que se los acusaba en ese momento. Todos terminaron procesados por intento de evasión y privación ilegítima de la libertad agravada porque perseguía el fin de garantizar la fuga.
Son Carlos Augusto Insaurralde, Mario Alberto Jáuregui, Raúl Osvaldo Leguiza, Marcos David Horacio Castro, Jorge Raúl Ianuzzi, Gabriel Iván Martínez Maldonado, Horacio Antonio Ibarra, Darío Víctor Pereyra, Cristian Roberto Taborda, Luciano Javier Urquiza, Diego Jesús Carabona, Hugo Rubén Vera y Cristian Javier Nicolás Acosta.
A todos el juez Luis Giraudo los condenó a cinco años y cuatro meses de prisión, pero ninguno de ellos pasará menos de cinco años y medio en la cárcel. Jáuregui fue sentenciado a 17 años. Ianuzzi a 10 años y 4 meses. Urquiza, a 12 años. Y Taborda a 13 años y ocho meses.
La razón de las diferencias son los antecedentes de cada uno y los delitos que les atribuyen. Jáuregui era reincidente y en aquel momento ya acumulaba cuatro condenas, a la que ahora se suma esta. La situación de los otros es parecida, sumado al hecho de que se los condena por delitos graves que incluyen hasta un homicidio. Todavía falta saber si el veredicto es definitivo ya que los condenados, asistidos por un defensor oficial, apelaron.
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