Educación popular
Según su propia página web, www.trashumante.com.ar, la Universidad Trashumante “Es un espacio de trabajo a partir del cual llevamos adelante diferentes proyectos desde la Educación, la Comunicación y el Arte Popular y cuya esencia es contribuir a la transformación de nuestra sociedad desde la reflexión político pedagógica”.
Según Tato Iglesias, docente de la Cátedra de Sociología de la Educación de la Universidad de San Luis y mentor de la idea, “es un trabajo que comenzó junto al grupo Sendas de la Educación Popular y que se expandió de boca en boca, de corazón en corazón, hasta transformarse en un proyecto colectivo que se caracteriza por la diversidad de grupo”.
Hace unos años, la Universidad de San Luis iba a dar de baja a un colectivo viejo y desvencijado –estilo “rabanito”- para reemplazarlo por uno mejor. Entonces Iglesias gestionó la sesión, convocó a una hija arquitecta para que lo convirtiera en una suerte de motor home de la educación y se marchó a recorrer el país.
Con las teorías de Paulo Freyre en los asientos y un grupo de educadores, artistas, poetas, pedagogos, formadores que se contagiaron de la idea estuvieron un año en la ruta, de pueblo en pueblo, porfiando que, como decía Freyre, “nadie aprende de nadie, nadie enseña a nadie, todos nos educamos juntos”.
“La Universidad Trashumante toma como marco teórico de referencia a la Educación Popular, su mirada y visión del mundo, que nos indica un camino a seguir. Así, como educadores populares nuestra tarea primaria y esencial es aportar herramientas de formación en la lectura de la realidad, mirar desde los otros, generar espacios de reflexión en el cual la mayoría de las voces puedan decir y decirse, priorizando el fortalecimiento de las organizaciones populares de base”, dicen los mentores.
Si bien Iglesias es una referencia inevitable para la Trashumante, que ya ha sumado gente al trabajo en La Rioja o en Río Negro, en Tierra del Fuego o en Córdoba, la horizontalidad, la participación y el consenso son herramientas insoslayables de esta construcción integrada ahora por varias organizaciones sociales más que los tiempos del comienzo.
La Universidad Trashumante va, anda, se inquieta. Defiende la formación “para comprender y leer el mundo de modo mejor”, antes que la capacitación, “que no hace más que darle a la gente las especificaciones técnicas que el poder necesita, o sea, aportar más al sistema”. La Universidad Trashumante parió en San Luis y usa las autopistas iluminadas del Adolfo para llevar la educación popular donde pocos llegan. Hay que subirse a este colectivo.
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