EDUCACIÓN SEXUAL: LOS OBISPOS RECLAMAN UN AMPLIO DEBATE
El debate por la educación sexual se reavivó otra vez. Ayer, el plenario de obispos que delibera en Pilar pidió a los legisladores que no se apuren a tratar un proyecto de educación sexual antes de que finalice, en diciembre, el actual período legislativo. Los obispos buscan que no lo aprueben “de la noche a la mañana” y que, en cambio, sometan la iniciativa “al correspondiente y amplio debate previo, que incluya la consulta a todos los interesados, especialmente a los padres de familia y a las instituciones y organizaciones comprometidas con la educación”.
El pedido fue hecho mediante una breve declaración difundida en la casa de retiros El Cenáculo, donde los religiosos sesionan desde el lunes y hasta el sábado. En los últimos días, había trascendido en medios eclesiásticos la preocupación de que se acelerara el tratamiento del proyecto sin suficiente debate y antes de que se operara el recambio de legisladores producto de las recientes elecciones. De hecho, ayer comenzó a firmarse un dictamen de mayoría en la comisión de Educación de la Cámara de diputados.
La Iglesia viene pidiendo, ante el tratamiento de este tipo de proyectos en las legislaturas de la ciudad de Buenos Aires y las provinciales, que el Estado no se arrogue la facultad de definir unilateralmente sus contenidos. Considera que la educación sexual debe ser, prioritariamente, una responsabilidad de los padres cuyos alcances en el ámbito escolar deben ser consensuados con los colegios. En todo caso, cada colegio —especialmente los privados—deben definir su contenido de acuerdo a su perfil.
Esta posición —además de reafirmar la potestad de los padres y, en segunda instancia, de los colegios— trasunta la preocupación de que los lineamientos de la educación sexual que, eventualmente, se dicten desde el Estado, “se reduzcan a una mera instrucción sexual para evitar el contagio del sida y los embarazos no deseados”.
Desde la doctrina católica, la educación sexual debe inscribirse en “una educación para el amor” con vistas a la formación del matrimonio y la familia.
El debate se deslizó ayer hacia el escándalo cuando un grupo de militantes católicos irrumpió durante el tratamiento que se estaba haciendo del proyecto en la comisión de Familia de la cámara baja. Los manifestantes pedían a voz en cuello profundizar la discusión y llamar a una audiencia pública donde se expongan las diferentes posturas. La presidenta de la comisión, Silvia Martínez, suspendió el debate y habló de una “brutal presión”.
Quienes defienden los proyectos que le otorgan al Estado la facultad de definir los contenidos de la educación sexual sostienen que las escuelas deben dar respuesta a una necesidad que muchas veces no dan los padres. O porque no quieren o porque no saben. Mientras tanto, dicen, crece la amenaza mortal del sida y se multiplican los abortos y los embarazos adolescentes.
La polémica por la educación sexual cobró fuerte vigencia el fin de semana pasado, luego de que el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, denunció que en un colegio de La Plata se repartieron preservativos y anticonceptivos orales a chicos de entre 10 y 13 años. Varios padres también se quejaron. El gobierno bonaerense admitió esa situación y terminó removiendo a un colaborador del ministerio de Salud que dio la clase.
La discusión subió de tono al sumarse el ministro de Salud de la nación, Ginés González García, quien acusó a Aguer de “fanático” por decir que se estaba fomentando “la corrupción sexual”.
Con todo, dijo que el reparto de preservativos fue “una estupidez”. Pero Aguer no se quedó callado y le replicó: “Es un intolerante”.
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