EDUCACIÓN VIAL A TRAVÉS DEL JUEGO
Dos factores confluyeron para que el programa “Educación vial, un camino para la vida” pudiera concretarse. La falta de trabajo estable de algunos miembros del equipo llevaron a María Lorena y Ana Hadad, Luciana Sirozki y Walter y Ricardo González a presentarse a la convocatoria del Programa de Desarrollo Local y Economía Social “Manos a la Obra” del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
El emprendimiento de los profesores de Educación Física fue premiado y subvencionado por el gobierno. Así lograron comprar el equipamiento necesario para trabajar sobre un problema que los preocupa: los accidentes de tránsito. Y lo hicieron a través del juego y la educación.
Con el dinero aportado por la Nación compraron el equipamiento y construyeron las pistas para que los chicos aprendan los reglamentos y disposiciones viales pero también adquieran hábitos y valores para la convivencia urbana.
El programa está orientado a los niños y adolescentes en edad escolar y utiliza como elemento disparador el juego. “El juego introduce en el chico una motivación que es innata y natural. Al divertirse asimilan más lo que les enseñamos”, sostuvo Ricardo González
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Todos los domingos a partir de las 15, los chicos se calzan el casco y eligen el vehículo que más les gusta: bicicletas (triciclos para los más pequeños) o kartings. Subidos a sus vehículos, tendrán que prestar atención a las señales de tránsito y obedecerlas. “Los profesores de Educación Física controlamos que respeten los carteles e indicaciones y si se equivocan paramos la música y los corregimos. Es en esos momentos donde nos explayamos más sobre el error y les explicamos por qué es importante respetar la indicación vial”, indicó González.
Luego de este desafío, sigue otro circuito: la pista de obstáculos. “Se colocan parantes, conos y banderines para que los chicos desarrollan el equilibrio y la coordinación. Es muy importante que desde edad muy temprana manejen la lateralidad y aprendan a mirar a la derecha y a la izquierda, algo que tienen que aprender desde pequeños”, explicó González.
Además, se les enseña a tomar conciencia de que la velocidad en la vía pública es peligrosa. Y para que este concepto les quede grabado, los profesores lo hacen a través del juego. “En la carrera del más lento, los chicos internalizan que la velocidad no los conduce a ningún lado y lo hacen al mismo tiempo que se divierten intentando llegar últimos”.
A LA ESCUELA
El programa de educación vial también llega a las escuelas, para lo cual se llevan cuatro circuitos que se despliegan en el patio de la institución que ha requerido el servicio.
Además de instalar las pistas de obstáculos y de señales, los chicos participan de actividades estético-expresivas en donde aprenden los valores de la cooperación y el compañerismo.
EVALUACIÓN
El programa comenzó en abril del año pasado y en el receso invernal de 2005, 800 chicos pasaron por la Granja de la Esmeralda. El éxito de la experiencia se sustenta -según Ricardo González- en la combinación enseñanza y juego y en el hecho de que crea hábitos que perduran. Sin embargo, González está convencido de que para que las actividades generen resultados que modifiquen las estadísticas de accidentología en el largo plazo es necesario incluir los programas de educación vial en la currícula escolar. “La educación vial debería estar en las escuelas como una materia más, como está matemática o educación física; debería tener objetivos y contenidos propios”, argumentó.
En este sentido, el profesional sostuvo que las campañas preventivas que realiza el Estado “no son malas” pero fallan en algo: son a corto plazo y no cumplen con el objetivo que tienen que generar. “Es muy difícil modificarle los hábitos a la gente adulta, por eso hay que enfocar la educación en los más chicos”, finalizó.
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