EE.UU. A PUNTO DE LLEGAR A LAS MIL EJECUCIONES DESDE 1976
Un macabro aniversario está a punto de celebrarse en Estados Unidos: la ejecución número mil desde la reinstauración de la pena de muerte, en 1976. Si todo sigue su curso, Daryl Mack, un asesino convicto de Nevada, se convertirá el 1º de diciembre en el preso que escriba este capítulo de la historia de Estados Unidos.
Aunque insiste en su inocencia, Mack ha decidido no apelar más: prefiere morir ahora a seguir encerrado en su celda.
Pero quizás otro hombre le arrebate -involuntariamente- este dudoso honor, dado que podría ser ejecutado el 30 de noviembre. Y es que en caso de que a comienzos de la semana próxima se levante un aplazamiento de ejecución para otro preso, Robin Lovitt, de Virginia y por el momento todavía el condenado a muerte número 999, avanzará un puesto.
La menudo arbitraria costumbre de decretar la pena de muerte fue uno de los principales motivos de la decisión del Tribunal Supremo estadounidense para, en 1972, suspender esta forma de castigo en todo el país. Sin embargo, tras una revisión de las leyes sobre la pena capital, en los estados federados volvió a aplicarse el 17 de enero de 1977: en aquel entonces, un pelotón fusiló en Utah a Gary Gilmore.
Las estadísticas muestran que pese a la revisión de las leyes, siguen siendo ejecutados más ciudadanos de raza negra que blancos. Más drástica aún es la diferencia cuando el agresor es negro y la víctima blanca. Además, el 98 por ciento de los fiscales distritales de los estados norteamericanos donde rige la pena de muerte son blancos.
Entretanto sin embargo, los métodos de ejecución se han “humanizado”, o eso afirman al menos las autoridades judiciales estadounidenses. En 37 de los 38 estados que volvieron a instaurar la pena de muerte, la inyección letal es el único método o al menos uno de los posibles a elegir por el condenado. Sólo Nebraska usa la silla eléctrica.
Los condenados a muerte y los opositores a la pena capital lograron dos victorias ante el Tribunal Supremo: desde 2002, no se puede ejecutar a disminuidos psíquicos y desde marzo de este año rige una prohibición de ejecución para aquellos condenados que eran menores de edad cuando cometieron el delito.
De hecho, en los últimos años se ha reducido tanto la cifra de condenas a muerte como de ejecuciones. Así, en 2004 la pena capital fue decretada en 125 casos, la cifra más baja desde la suspensión de la pena de muerte. En total, fueron ejecutados 59 presos -la mayoría, como siempre, en Texas-, lo que implica una disminución por cuarto año seguido. En varios estados, entre ellos en Illinois, la condena a muerte no es aplicada de facto.
El hecho es que si en 1994 el 80 por ciento de los estadounidenses estaba a favor de la pena de muerte, una reciente encuesta muestra que la cifra de los que la apoyan es ahora de sólo -o todavía- 62 por ciento.
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