EE.UU. ADMITE QUE USÓ CÁRCELES SECRETAS EN TODO EL MUNDO
A dos meses de las elecciones legislativas, en un verdadero golpe de timón, el presidente George Bush reconoció ayer que la CIA tiene cárceles clandestinas alrededor del mundo creadas desde el 11 de setiembre. Y anunció que los 14 terroristas que tenían detenidos en ellas han sido trasladados a Guantánamo. Bush, de paso, urgió al Congreso para que adopte una ley que prevea el establecimiento de tribunales militares legales en los que los terroristas serán juzgados por diversos crímenes incluyendo los atentados perpetrados contra las torres gemelas el 11 de setiembre.
Hace dos meses la Corte de Suprema dictaminó que los tribunales militares especiales que Bush había establecido para juzgar a los detenidos en Guantánamo eran ilegales, pero dejó abierta la puerta para que el Congreso pudiera legalizarlos. Teniendo en cuenta el revés político que representó ese dictamen, Bush está haciendo todo lo posible para revertirlo y para que no pueda seguir siendo utilizado por la oposición demócrata. Sin embargo, anoche se supo que tanto los presos de Guantánamo como los 14 nuevos, no serán considerados prisioneros de guerra, con todas las limitaciones legales que ello implica.
Si la mejor defensa es el ataque, Bush decidió ir más allá, y durante la conferencia que dio ayer rodeado de familiares de las víctimas del 11 de Setiembre, blanqueó las cárceles clandestinas de la CIA, poniendo el acento en como estos campos secretos habían permitido grandes éxitos en la lucha contra el terrorismo.
Bush dijo que con el traslado de los catorce miembros de Al Qaeda a Guantánamo ya no queda ningún terrorista en las cárceles clandestinas, pero, aunque ya no funcionan, dejó en claro que no está dispuesto a cerrarlas. Según el mandatario, esas cárceles fueron cruciales para extraer información de los terroristas y para prevenir nuevos ataques en el territorio de EE.UU. Dijo que entre los 14 trasladados se encuentran, Kahlid Sheik Mohammed, Abu Subaydah y Ramzi Bin Al Shibh, tres jerarcas de Al Qaeda cuyos interrogatorios permitieron desbaratar atentados, salvar la vida de inocentes y detener otros terroristas.
De este modo no solo lograron arrestar a los mentores de los atentados del 11 de setiembre sino que también detuvieron a los de los ataques contra el buque USS Cole en el Yemen en octubre del 2000 y los golpes contra las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y en Kenia.
“Estos son hombres peligrosos con un conocimiento sin paralelo sobre las redes terroristas y sus planes para realizar nuevos ataques”, dijo Bush revelando como la CIA logró que Abu Subaydah dijera donde se encontraba otros líderes de Al Qaeda utilizando “procedimientos alternativos”. El presidente no quiso explicar en qué consisten estos métodos alternativos, porque podrían dejar de ser eficaces en nuevos interrogatorios. Pero los calificó de procedimientos duros, seguros, legales y necesarios.
“Estados Unidos no tortura. No la autorice y no la voy a autorizar”, dijo pese a que todas las organizaciones de derechos humanos coinciden en denunciar que el trato que padecieron los detenidos en la prisión iraquí de Abu Ghraib no puede calificarse de otra manera que no sea tortura.
En un esfuerzo adicional por blanquear la manera en que han tratado hasta ahora a los 455 detenidos en Guantánamo, Bush urgió al Congreso para que apruebe una ley que “legalice” los tribunales militares que la Casa Blanca creo para juzgarlos. Esos tribunales prohibían entre otras cosas el derecho que asiste a los detenidos para ver o escuchar la evidencia presentada en su contra.
Paralelamente el Pentágono dio a conocer un nuevo manual para el ejército que prohíbe la tortura y el trato degradante de los prisioneros. El nuevo manual impide el uso de desnudamiento forzoso, los encapuchamientos, la humillación sexual, la intimidación con perros, la simulación de ejecuciones, la picana eléctrica, las quemaduras de cigarrillos, y el llamado submarino, es decir ahogar a un prisionero colocando su cabeza bajo del agua o dentro de una bolsa de plástico.
Durante una conferencia de prensa que tuvo lugar poco después del anuncio de Bush el general John Kimmons explicó que los prisioneros serán tratados de acuerdo a la ley de Estados Unidos, las leyes de la guerra y la Convención de Ginebra que prohíbe entre otras cosas los asesinatos, los tratamientos crueles y la tortura como también la toma de rehenes.
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