EE.UU. INICIARÍA UN RETIRO GRADUAL DE IRAK
Como pocas veces desde el comienzo de la invasión, la guerra en Irak regresó a la cúspide del debate político de esta capital en las últimas 72 horas, impulsada por la debilidad de la Casa Blanca y por una oposición demócrata que, por primera vez en años, considera que puede retomar el control del Congreso en 2006.
El debate se extiende a las figuras republicanas y demócratas, los medios de comunicación, los centros de estudios y la calle con una pregunta dominante: ¿debe iniciarse la retirada escalonada pero total de las tropas?
El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, presentó ayer la posición oficial: 22.000 soldados iniciarán el repliegue en tres semanas, después de las elecciones del 15 de diciembre en Irak. Aclaró, sin embargo, que el retiro completo de las fuerzas de la coalición sólo alentaría caos en Medio Oriente. “Hoy tenemos 160.000 uniformados allí. Después de las deberíamos reducir el número a 138.000”, dijo en el canal Fox. “A continuación, serán los comandantes en el terreno (…) quienes presentarán las recomendaciones para eventuales reducciones suplementarias de las fuerzas de la coalición”, aclaró.
Los demócratas consideran insuficiente la propuesta del gobierno de George W. Bush y reclaman un plan completo de repliegue. El 52% de los estadounidenses apoya esa idea, según una encuesta de Gallup, mientras otro 38% dice que las tropas deben permanecer “tanto como sea necesario” para dejar una “democracia estable” y evitar que se repita la pesadilla del fin de la Guerra de Vietnam, con los helicópteros despegando del techo de la embajada.
Los generales John Abizaid y George Casey, al frente de las fuerzas norteamericanas en la región y en Irak, respectivamente, apuntan a una idea intermedia, según reveló ayer el diario británico The Sunday Times. Tras las elecciones del mes próximo, cerca de 60.000 soldados saldrán de la zona de conflicto de manera gradual para fines de 2006, junto con las tropas de Corea del Sur y Gran Bretaña, con lo que la presencia norteamericana bajaría a menos de 100.000 uniformados, con la idea de reducirla aún más a medida que las fuerzas iraquíes tomen el control del país.
Rumsfeld utilizó cuatro de los cinco programas políticos de televisión que dominan las mañanas de los domingos para dejar abierta esa posibilidad. “¿Es posible? Seguro que es posible. Veamos qué recomienda el general Casey, pero es apropiado que él vaya haciendo planes de ese tipo”, dijo el jefe del Pentágono, quien de todos modos repitió que los Estados Unidos permanecerán en Irak todo el tiempo que sea necesario.
“Estados Unidos tiene una estrategia que está en marcha”, insistió. “Se ha entrenado a más de 212.000 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes. Quienes denigran sus competencias y capacidad se equivocan”, acusó.
Pero la oposición demócrata aumentó sus ataques y críticas contra la guerra en los últimos días, acusando abiertamente a la Casa Blanca de haber manipulado los datos de inteligencia para convencer a la población de que era necesario invadir Irak para garantizar la seguridad de los Estados Unidos. Las críticas se concentran en un puñado de funcionarios de máxima confianza de Bush: el vicepresidente, Dick Cheney; Rumsfeld; el consejero de Seguridad Nacional, Richard Hadley, y la ahora secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
El jueves, el legislador demócrata y veterano de Vietnam John Murtha, considerado un duro de pocas pero decisivas palabras, dijo que “ya es hora de que las tropas vuelvan a casa”, lo que causó un cruce dialéctico nervioso con los republicanos en el recinto.
Falta menos de un año para renovar toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado y demócratas y republicanos buscan una posición aceptable ante una guerra que aumenta cada día su costo humano -más de 2000 soldados muertos y 15.000 heridos- y económico -más de US$ 200.000 millones-.
El debate sobre la guerra en Irak ha eclipsado las iniciativas de la agenda republicana y se ha convertido en un escollo para aprobar proyectos como la reforma tributaria y de la seguridad social.
“Los legisladores están perdiendo la paciencia; empiezan a decir que no les interesan las consecuencias de un retiro”, estimó el analista de asuntos militares del Instituto Lexington, Loren Thompson. “En Vietnam, cuando los legisladores influyentes comenzaron a abandonar al presidente, los jefes militares en el terreno empezaron a preguntarse si debían arriesgar sus vidas por una causa dudosa”, recordó.
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