EE.UU. INTERCEDE PARA QUE LA ARGENTINA ACUERDE CON EL FONDO
El Gobierno de los Estados Unidos volvió a plantear ayer la necesidad de que Argentina presente una estrategia para atender a los bonistas que no entraron al canje. Pero, a pesar de la dureza del reclamo, el Departamento del Tesoro pretende que la resolución de este tema no sea un obstáculo para que el país consiga firmar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Con ese fin, el secretario del Tesoro, John Snow, acordó con el jefe del FMI, Rodrigo Rato, que el directorio del organismo impulse una revisión de los reglamentos internos que hacen imposible un arreglo en las condiciones actuales.
“El nivel de aceptación que logró el canje de la deuda argentina es una señal de éxito. Pero es un primer paso y todavía queda mucho por hacer. Es importante tener un plan para tratar con los acreedores que no ingresaron”, destacó Snow. Pero, el funcionario del gobierno de George W. Bush reveló también que “estamos conversando con la Argentina sobre la continuidad de las reformas y el porcentaje de acreedores que no entro al canje”.
La actitud del Tesoro de EE.UU. ha sido hasta ahora presionar, pero sin dejar de reconocer el costado positivo del 76,15% de adhesión. Y no lo hace por filantropía. Es porque Snow —a tono con el pensamiento de la administración conservadora de la Casa Blanca— quiere revalorizar esa parte de la operación porque fue lograda en un acuerdo directo entre la Argentina y sus acreedores, sin intervención ni dinero del FMI o del propio Tesoro. Es el precedente que desea instalar a partir de la experiencia argentina.
“Considerar que toda la operación fracasó porque falta acordar con una parte sería un error. Hay que buscar una solución para el resto, pero sin que eso signifique impedir a la Argentina tener un acuerdo de refinanciación con el Fondo Monetario”, explicó a Clarín una calificada fuente política de Washington, que tiene acceso directo a las oficinas de Rato y de Snow.
Según este punto de vista, el jefe del FMI estaría de acuerdo en que el caso argentino requiere una actualización de la política de lending into arrears, es decir el reglamento interno para prestar a los países que están atrasados en alguna porción de su deuda. Así, Rato habría aceptado que llegó el momento de revisar “el dogma”, como se le llama aquí a ese esquema. Los expertos sostienen que no tiene respuestas para casos como el argentino, que contienen una parte exitosa y otra por resolver, pero que no se neutralizan una a otra. Para eso, se convocaría discretamente a una comisión revisora que comenzaría a trabajar en un plazo muy corto. Hay un sector “fundamentalista” del Fondo, que se aferra al dogma y considera imposible avanzar en cualquier discusión con Argentina mientras el 24% de los acreedores siga afuera del canje.
En cambio, hay una posición más flexible en el FMI con la cual Rato tiene puntos de vista en común. En esta línea se enrola, por ejemplo, la idea de conformarse con un gesto menos controvertido que la reapertura del canje: que Néstor Kircher impulse la anulación de la ley cerrojo, que impide cualquier gesto de aproximación hacia quienes no entraron al canje.
Lo que pretenden Rato y Snow es que Argentina pueda avanzar en la definición de otros temas, como la actualización de las tarifas de los servicios públicos, un mayor ahorro fiscal que garantice los pagos a los acreedores y acelerar el acceso del país al mercado de capitales para que pueda reducir su deuda con el FMI.
Y no quieren tensar la cuerda con un tema que tiene difícil resolución, al menos en el corto plazo, según admiten. En la evaluación que hace Rato, empujar a la Argentina a la cesación de pagos con el Fondo no sería un buen negocio. Y para la Argentina tampoco resultaría conveniente seguir pagando todos los vencimientos, porque pronto sufriría un estrangulamiento financiero.
De todos modos, el ex ministro español considera que esta estrategia es compatible con el juego de presiones mutuas de las que participa con el presidente Néstor Kirchner. Es así como Rato no se guarda ninguna palabra a la hora de emplazar a la Argentina a cumplir sus compromisos. Esto fue evidente una vez más en las declaraciones que hizo ayer a la BBC: “Nosotros no hemos hablado de reabrir el canje o de no reabrir el canje. Aquí hay un 24% de deuda que no se ha reestructurado y que son unos 25.000 millones de dólares, incluidos los intereses. Y uno tiene que tener una estrategia respecto de esa deuda”, dijo.
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