EE.UU. LANZÓ UNA FEROZ OFENSIVA EN EL NORTE DE IRAK: HAY 110 MUERTOS
Simultáneamente al cierre del debate por la carrera presidencial en Estados Unidos, donde el tema Irak dominó la discusión, Washington ordenó una de las más feroces ofensivas desde que invadió el país árabe. La ciudad de Samarra fue arrasada y murieron al menos 110 iraquíes y 1 soldado estadounidense, 200 iraquíes quedaron heridos y decenas, detenidos.
Samarra, 100 kilómetros al norte de Bagdad, es una importante ciudad de Irak de mayoría sunnita y muy activa en la resistencia a la ocupación. La población civil quedó paralizada por el miedo, según testimonios recogidos luego de que miles de tropas de la Iø División de Infantería, con tanques y artillería aérea, convirtieran a Samarra en un infierno, un día después de que la explosión de tres coches bomba contra EE.UU. terminara en una masacre de decenas de niños iraquíes en Bagdad.
EE.UU. enfrenta resistencia chiíta, el grupo mayoritario en Irak, y sunnita, sector religioso al que pertenece el ex dictador Saddam Hussein. Estos últimos son fuertes en Fallujah, oeste de Bagdad, y en Samarra, y según la Casa Blanca nuclean a nacionalistas del proscrito Partido Baaz de Saddam y combatientes extranjeros liderados por el jordano Abu Musab Al Zarqawi, considerado por Washington el hombre de Al Qaeda en Irak.
La operación Samarra comenzó de madrugada, cuando del otro lado del mundo el foco estaba en el debate entre George Bush y John Kerry, que tuvo a Irak de tema central. EE.UU. insiste en que está “limpiando” el terreno para entregar al poder en Irak a un gobierno electo en enero próximo, pero el escenario se agrava a diario con una espiral imparable de sangre, odio, muerte y desintegración nacional.
“No sé si los muertos y heridos son milicianos o civiles, sino que no tenemos vendas ni tubos de oxígeno”, dijo desesperado Jalid Ahmed, del Hospital General de Samarra. “Estamos aterrorizados por el violento ingreso americano a la ciudad. Mi esposa y mis hijos sufren el terror de morir por los bombardeos. Espero que los combates terminen pronto”, dijo Mohammed Saleh, de 33 años.
La ofensiva de EE.UU. fue imponente, un asalto en gran escala para recuperar el control de ese “bastión rebelde sunnita”, dijo el Ejército de ocupación, que volcó no menos de 3.000 hombres en esa tarea, perdiendo a uno sólo.
Las tropas, acompañadas de policías del gobierno interino de Irak, controlado por EE.UU., tomaron sedes del gobierno local. A su paso los insurgentes atacaron con granadas y armas pequeñas pero estuvieron lejos de trabar el paso del Ejército norteamericano, notoriamente mejor pertrechado en armas y logística.
Por la tarde, el ministro del Interior iraquí, Sabah Kadhim, dijo que 80% de la ciudad estaba “controlada”. Y según Qasim Dowoud, de Seguridad Nacional, más de 100 “insurgentes” cayeron en las hostilidades y 37 fueron capturados, incluyendo ex funcionarios de de Saddam.
En el hospital se apilaban cadáveres y columnas de humo subían sobre el santuario de Alí al-Hadi y Hasán al-Askari, un lugar muy reverenciado por los musulmanes shiítas. Pero el templo no resultó dañado, dijo el mayor Neal O’Brien, vocero de la primera división de infantería.
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