EL 2004 CULMINÓ CON 3.753 NUEVOS EMPLEOS EN RAFAELA
Luego de estar en los primeros meses del nuevo siglo en el último círculo del infierno, los argentinos comenzaron un lento, constante y, por ahora, incierto ascenso, que los depositó, en el comienzo de este 2005, en una posición, al menos, esperanzadora. Expertos por estas horas en leer cuanto indicador económico o gráfico ande dando vueltas por allí, los habitantes de esta zona del mundo experimentan simultáneamente por estas horas, la satisfacción de estar mejor que ayer y la incertidumbre ante lo que deparará el porvenir.
Sin ir más lejos, hay mucha más gente trabajando que lo que había hasta no hace mucho tiempo atrás. Esto, que no hace desaparecer los cientos de miles de personas que aún se encuentran desocupados o subocupados, no es un dato menor, y se puede observar claramente en la calle.
En nuestra ciudad, al compás de lo que sucedió en muchos otros lugares del país -ver “Rosario, a la cabeza”-, la creación de empleo volvió a generar buenas noticias. Apenas horas después de culminado el año se supo que durante todo el 2004 se generaron 3.753 nuevos empleos en Rafaela. Esta cifra se obtiene a partir de restarle a las 7.704 altas laborales, las 3.951 bajas.
De todos modos no todos los rubros aportaron de la misma manera. Entre los sectores que mayor participación tuvieron en las incorporaciones de personal se destacaron el metalúrgico, el de la construcción, y el comercio. Sin embargo, la construcción y el comercio volvieron a encabezar las bajas laborales, junto al rubro servicios.
El hecho de que la construcción y el comercio se hayan anotado en ambos lados tiene que ver con el nivel de la demanda y el factor estacional.
Así, luego de estar en los vagones de cola de la economía nacional, con balances negativos y muchas bajas en materia laboral, estos sectores fueron los primeros en reactivarse, de la mano, fundamentalmente en el caso de la construcción, de un profundo rechazo de los ciudadanos a los bancos. Las personas dejaron de tener como primer destino de sus fondos a las entidades bancarias y empezaron a colocar sus recursos en la remodelación, compra y construcción de casas, quintas, y edificios de departamentos.
La inicial estabilidad económica, que trajo aparejada una mayor masa poblacional con recursos y una mejora en los ingresos, generó una especie de boom en la construcción y en el comercio, sobredimensionado por las magras cifras que entregaban los años anteriores. Con el correr de los meses la situación empezó a normalizarse, aunque mantuvo los índices positivos.
El negro, a la par
La precariedad económica, legal y cultural del país, sumada a la astucia de los empresarios y a la desesperación de los desocupados, hizo que el empleo en negro creciera en la misma proporción que el empleo regular en esta ciudad. Pese a que los controles aumentaron y provocaron un efecto positivo, al punto tal que se puede decir que la situación comenzó a estabilizarse, no todos los nuevos empleados pasaron a contar con aportes jubilatorios, obra social y asignaciones familiares.
Todo esto, además de continuar debilitando las cajas previsionales -el déficit de la caja provincial “sólo” alcanzó los 94 millones de pesos-, deja a los trabajadores en una posición endeble, ya que tienen que usar parte de su salario de bolsillo para cubrir áreas -como salud- que deberían estarlo a partir de los aportes incluidos en el salario reglamentario.
Es evidente que la propia inestabilidad nacional es la principal causa de este problema, de ahí que un crecimiento sostenido en el tiempo podría facilitar el “blanqueo” de muchos trabajadores. Las cúpulas gremiales, desgastadas continuamente por inacabadas peleas internas, están por el momento ocupadas en lograr que la mayor cantidad posible de personas ingresen al mundo asalariado, haciendo poco hincapié en la forma en que esa masa se incorpora al mercado laboral. Por su parte las empresas e instituciones, en nombre de la tan mentada emergencia económica, no terminan de regularizar a sus empleados, y continúan apelando al empleo en negro y a los contratos basura, pese a que, en muchos casos, la ruptura de la paridad monetaria ha elevado fuertemente las exportaciones.
Enero, a la baja
El primer mes de 2005, que comenzó hace poco más de 48 horas, estará caracterizado por la baja de numerosos contratos, lo que podría hacer caer los actuales índices positivos. No obstante, en febrero se provocaría una estabilización, debido a la reactivación de la actividad en varios sectores productivos luego del lógico receso. A partir de allí, habrá nuevamente que ponerse a observar tanto la realidad, que muestra a diario la calle, como las estadísticas, para determinar si la mejora en el mercado laboral continúa o si sólo fue parte de un “veranito”, esa especie de recreo en medio del caos al que estamos acostumbrados los argentinos.
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