EL 3% DE LOS ARGENTINOS MANIFIESTA INTERÉS EN AHORRAR
En septiembre se agudizó la desigualdad en las finanzas de los argentinos, habida cuenta de que por un lado se detectó un leve aumento en la capacidad de ahorro, localizada en el segmento de los sectores de medios/altos a altos ingresos, mientras que por el otro, se verificó el fenómeno inverso en el caso de los segmentos de la población de bajos ingresos.
Ésa es la fotografía que obtuvo la Fundación Mercado sobre una muestra de 3.580 hogares de diversos aglomerados de acuerdo con la distribución poblacional y de ingresos, de la Capital Federal, Gran Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Rosario, Tucumán, Bahía Blanca y Neuquén, entre el 22 y el 30 de septiembre último.
Según el sondeo “la capacidad de ahorro subió levemente, a sólo 3,1% de la muestra, mientras el atesoramiento respecto del mes anterior bajó por segundo mes consecutivo, 2%”, destaca el informe de la fundación.
La lectura que hace el equipo que dirige Oscar Liberman es que “esto marcaría que la suba de los ingresos mejora la capacidad de ahorro, específicamente en los sectores medios/altos y altos, pero a la vez en los que no perciben aumentos de remuneraciones se compensa la pérdida de poder adquisitivo real por la inflación con una disminución de los saldos ahorrados”.
El dato auspicioso es que por tercer mes consecutivo repuntó el índice de confianza del ahorrista, el cual se asienta exclusivamente en las expectativas de mejora de los ingresos, más que en el rendimiento que ofrecen las colocaciones financieras de bajo riesgo, como son los depósitos bancarios a plazo fijo, que mantienen tasas reales negativas.
Esto alienta el “boom” de consumo presente, más aún considerando las atractivas promociones de pago en cuotas por las emisoras de tarjetas de créditos y las casas comerciales.
Pero la mala noticia es que las expectativas de ahorro presentes que detectó la Fundación Mercado bajaron por segundo mes consecutivo.
Esto estaría indicando que en el corto plazo la mayor parte de la población estaría sufriendo sobre sus presupuestos los efectos negativos de la aceleración del aumento promedio de los precios, y en otros, por ese fenómeno se estarían anticipando decisiones de compra.
A pesar de este cuadro, que es sensiblemente menos favorable que el que manifestaban las investigaciones del equipo de Oscar Liberman a mediados del 2003, cuando la confianza del ahorrista se ubicaba 8 puntos por arriba de los valores actuales, con 40,8%, y más aún el índice de sus expectativas, que era mayor en 15 puntos porcentuales al valor actual de 53%, las entidades financieras se muestran más abiertas a salir a captar los recursos ociosos de la población con la apertura de más de ochenta sucursales en el país.
Esa decisión no oculta la expectativa que tienen los banqueros de que el mercado ofrecerá mejores posibilidades para poder desarrollar nuevos negocios y crecer en los tradicionales segmentos de préstamos personales, prendarios e hipotecarios.
Para eso se basan en las previsiones oficiales y privadas que anticipan un nuevo aumento en la generación de riqueza, aunque seguramente a menor ritmo que en el corriente año.
MÁS PLANES DE COMPRA DE BIENES DURABLES
5,7%. Fue el índice de familias que tenían presupuestado en septiembre adquirir electrodomésticos y automotores. Son los denominados bienes de consumo durable, que se encontraban rezagados, tras la prolongada crisis desde mediados de 1998 hasta la segunda mitad del 2004.
7,3%. Fue el pico que se registró en mayo del 2005, cuando la aceleración del ritmo de inflación llevó a muchos consumidores a programar compras anticipatorias a los aumentos de los precios.
69,4%. Fue la expectativa de aumento de ingresos que tenía la población, que redundó en la mejora de la situación presente del promedio de las familias del país.
56,3%. Fue la previsión de consumo de los hogares, alentada por la concurrencia de nueva aceleración de la inflación y la persistencia de tasas reales de interés negativas para el ahorrista.
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