EL 75% DE LOS ARGENTINOS QUE CONSUME O CONSUMIÓ DROGAS COMETIÓ UN DELITO
El consumo de drogas aumentó en todo el mundo y con él subieron la violencia y el deterioro de los vínculos familiares y sociales. En el marco de una nueva conmemoración del “Día Internacional Contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas” decretado por Naciones Unidas, el problema del uso y abuso de estupefacientes abrió un nuevo debate internacional: la eficacia de los tratamientos.
Unos 185 millones de habitantes del mundo consume algún tipo de drogas prohibidas y de ellos, el 47 por ciento tiene entre 15 y 64 años. Esto indica que dentro de la masa activa de la humanidad hay alrededor de un tres por ciento que padece problemas de adicción y no existe continente o país, que pueda desentenderse del problema.
En Argentina, las estadísticas marcan dos aristas que sobresalen a la situación global: el gran porcentaje de adictos-delincuentes y la falta de fondos para que organismos nacionales o privados puedan contener a los enfermos y proporcionarles tratamientos adecuados.
Un estudio realizado por la Fundación Manantiales, en el que fueron medidas diez variables, arrojó como resultado que el 74,5 % de los adictos cometió algún acto delictivo y casi el 35% utilizó armas, durante el período de adicción. Números, por otra parte, que encajan perfectamente en las ascendentes estadísticas delictivas y de inseguridad del país.
Hoy, tanto a nivel nacional como internacional, el problema de los adictos comenzó a encararse desde la perspectiva de la eficacia de los tratamientos. Con el caso de adicción del ex futbolista Diego Maradona todavía repiqueteando en los medios internacionales, una revisión de los métodos que se utilizan para la recuperación de los consumidores es casi una obligación de los gobiernos y entidades encargadas de ello.
Se calcula que para atender a los droga dependientes, los argentinos gastan 1.500 millones de dólares en atención médica-hospitalaria, medicamentos, estudios clínicos, costos por HIV y Hepatitis B y C (enfermedades asociadas al uso de drogas), en procesos judiciales, en gastos de seguridad, en improductividad laboral, en accidentes laborales, domésticos o simplemente en la calle, donde bajo la influencia de drogas y alcohol un conductor embiste a un peatón.
“Queda claro que el adicto no es un delincuente por principio o condición humana, pero su enfermedad lo hace delinquir. Las drogas anulan la conciencia y por ende el juicio, no sólo mientras dure su efecto, sino que son de tiempo completo, haciendo que las personas hagan cosas que creían inimaginables. Tomando la cifra de 600.000 adictos en Argentina, casi las tres cuartas partes de ellos en algún momento van a delinquir y más de un tercio de ellos pueden llegar a utilizar armas”, evaluó el licenciado Pablo Rossi, director general de la Fundación Manantiales.
La otra realidad –según el experto- es que la Argentina carece de presupuestos coherentes para la prevención de la adicciones y tanto el Sedronar y la Subsecretaría de la Provincia de Buenos Aires manejan montos muy reducidos para el apoyo de las casi 400 ONG´s que están abocadas a las recuperación de más de 5 mil adictos.
La ecuación, dice Rossi, es sencilla: “El costo mensual por cada persona en tratamiento es cuatro veces menor de lo que pagamos los argentinos para que alguien aprenda a `delinquir mejor` durante su permanencia en una cárcel”.
En sintonía con el tema anual propuesto por la ONU a partir del 26 de junio de este año, “Drogas: El Tratamiento Funciona”, en el que se busca corregir “la idea errónea, y transmitir algunos puntos sobre el tratamiento para el uso indebido de drogas, basado en las evidencias e investigaciones más recientes y confiables”, el profesional afirmó que “cualquier verdadera política de Estado, propuesta por la dirigencia política contra la inseguridad, debe incluir el apoyo de las ONG`s que trabajan en la prevención y asistencia de la drogodependencia”.
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