El abuso no es un crimen de género
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Editorial. Mito o realidad, la cultura carcelaria tiene un código de convivencia que sólo conoce la gente que cumple condenas o trabaja en las prisiones.
Analía De Luca
Sobrevolando la información en Internet y de fuentes variadas, se puede encontrar coincidencias en lo que se considera “Ley de la cárcel”, “Ley del talego” o “Ley del burro”: Muerte al delator: nadie ha oído, ha visto, ni sabe nada. Las deudas hay que pagarlas siempre. Las mujeres son sagradas, el violador sigue estando considerado como el más despreciable de los seres que entran en la cárcel. Los niños también son sagrados, incluso para las reclusas. Asesinar es gratis: los que tienen las condenas más largas saben que les quedan más años de condena que de vida, y, si hay que quitar a alguien del medio lo hacen. Respetar al más duro y la jerarquía carcelaria.
Y, por supuesto, todo esto con apoyo de personal penitenciario que hace la vista gorda.
Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas
Hay en España un delincuente muy famoso, conocido como “Dieguito El Malo”. En ocasión de la desaparición y supuesto femicidio de la joven Marta del Castillo, envió una carta a la revista Interviú -publicada el 18 de mayo de 2009- en la que advertía al asesino: “la verdadera condena, la que incluso los violadores casi no pueden resistir y eso sin haber matado, su mayor padecimiento, vendrá de la población reclusa”.
Dieguito sabía de lo que hablaba porque había sufrido la muerte de una hija, había pasado gran parte de su vida en reclusión, era un alto jefe de la jerarquía carcelaria y, además, escritor. Por todo eso, la carta estaba muy bien redactada y proseguía: “el sufrimiento empezará con todo tipo de escupinazos, hasta que entendáis que no podréis ni ir a cagar a gusto ni tan sólo uno de los miles de días y sus noches sin fin, con la asegurada enfermedad del sueño”.
“la verdadera condena, la que incluso los violadores casi no pueden resistir y eso sin haber matado, su mayor padecimiento, vendrá de la población reclusa”.
…Pero nadie resiste un archivo
Por estos días, se difundieron dos videos que ponen en evidencia un secreto a voces que, entre otras interpretaciones posibles, demuestra que no solo las mujeres son víctimas de abuso sexual.
Según confesó el propio Pastor Gómez Bacca, violó y asesinó a Angie Lorena, una nena de la localidad colombiana de Cabuyaro. Fue recibido a golpes por los presos de la cárcel de Villavicencio, quienes, además, filmaron y difundieron la bienvenida. El 9 de enero, se dispuso su traslado a la cárcel La Picota, “para garantizar la integridad y vida de este sujeto como lo exige la ley colombiana”, indicó Marlon Cabrera, funcionario municipal.
Alexander Gastón Farías cumple tres sentencias por abuso en el penal de Almafuerte, Mendoza. El 23 de diciembre último, un grupo de reclusos lo vistió de mujer y lo forzó a bailar, metiéndole un palo en la boca, mientras lo golpeaban en la cabeza y lo obligaban a mirar a la cámara. El video también fue difundido y la propia madre aseguró: “Si no lo saco ya del penal, lo voy a sacar en un cajón”. Fue trasladado a un pabellón de máxima seguridad, donde permanece aislado para resguardarlo.
El sistema de poder
El 21 de octubre de 2018, la justicia salteña sentenció a seis imputados por ultrajes a dos presos ocurridos en una comisaría de Hipólito Yrigoyen y acusaron a policías de encubrimiento. Tres de los acusados fueron condenados a 12 años de prisión efectiva por resultar coautores materiales y penalmente responsables de los delitos de “abuso sexual con acceso carnal, agravado por el número de partícipes y abuso sexual gravemente ultrajante agravado por el número de partícipes en concurso real”. Las penas para los tres restantes se incrementaron debido a que registraban antecedentes de sentencias anteriores: a uno le sumaron seis meses y le revocaron la condicional; a otro le unificaron la pena a una de cinco años que ya cumplía; y, al último, 20 años y un mes de prisión, unificados con una condena de ocho años y un mes por la que estaba preso.
Todo el personal de la comisaría está siendo investigado, ya que solo hay tres celdas que pueden ser observadas desde cualquier punto del edificio. Pero hay otro interrogante: los dos presos abusados habían sido sentenciados, a su vez, por abuso. Sin connivencia del personal policial ¿cómo se enteraron de esto los demás presos?
los dos presos abusados habían sido sentenciados, a su vez, por abuso. Sin connivencia del personal policial ¿cómo se enteraron de esto los demás presos?
“Ante la duda, créele al débil”
“En el Próvolo todos los chicos (varones y mujeres) eran de familias vulnerables”, relata Paola González a La Nación. Es una de las cuatro madres que inició las marchas contra los abusos en el colegio mendocino, donde sacerdotes y hasta una monja están procesados por abusar de menores sordos e hipoacúsicos. En tanto, el actor Maximiliano Ghione, quien también admitió haber sufrido abusos, aconsejó: “ante la duda, creele al débil”. En Santa Fe lo sabemos bien: seminaristas contra un obispo, por ejemplo, poco pueden hacer para defenderse.
Así como el discapacitado, los niños pequeños, el preso recién llegado y la mujer que no tiene lazos de contención, el abuso no es un crimen de género, es un crimen de poder.
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