EL ADIOS A JUAN PABLO II
Todo el mundo tiene los ojos puestos en el Vaticano. La Plaza de San Pedro acoge un acontecimiento histórico. Un acto sin precedentes al que han acudido millones de peregrinos y líderes religiosos y políticos de todos los países del mundo y todas las confesiones.
El funeral comenzó a la hora prevista, las 10.00 de la mañana. Cuando los ‘sediarios’ sacaron a hombros el féretro del Pontífice de la Basílica de San Pedro, los peregrinos respondieron con aplausos. El ataúd se depositó en el centro de la escalinata. Y entonces comenzó la homilía.
La Plaza de San Pedro está repleta de fieles que habían aguardado durante toda la noche para despedir a Juan Pablo II. El ambiente solemne se rompe en ocasiones con aplausos o gritos de “Santo, ya”, “Santo, ya”, con los que los feligreses piden que Juan Pablo II sea proclamado santo “inmediatamente”.
La Plaza de San Pedro y las vías adyacentes tienen capacidad para unas 300.000 personas. Son las que han conseguido seguir la ceremonia desde un lugar cercano al Pontífice, pero se calcula que otros cuatro millones de peregrinos de todas las nacionalidades lo hacen desde alguna de las pantallas gigantes que se han colocado estratégicamente en distintos puntos de Roma. En ella 320 sacerdotes impartirán la comunión.
Quienes sí pueden ver la ceremonia desde un lugar realmente privilegiado, a las puertas de la Basílica de San Pedro, son los cerca de 200 mandatarios que han acudido a la Ciudad Eterna para dar la despedida al Papa. Entre ellos, la delegación española, encabezada por los Reyes e integrada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy.
Entre los más madrugadores a la hora de llegara a la Plaza estuvieron el rey de Alberto II de Bélgica, el secretario de la ONU, Kofi Annan, el presidente de Ucrania, Víctor Yushchenko, y el presidente de Afganistán, Hamid Karzai. Poco después han ido llegando líderes como Tony Blair, Lula da Silva, Chirac o el príncipe Carlos de Inglaterra.
La nota de color, alternativa al riguroso luto de los mandatarios occidentales, la ponen los dirigentes árabes o asiáticos, ataviados con llamativos trajes.
La ceremonia en el interior de la Basílica
Antes de la ceremonia al aire libre, el ritual comenzó en el interior de la Basílica, donde los restos mortales del Papa se depositaron en un ataúd liso de ciprés forrado de terciopelo carmesí en presencia del Camarlengo de la Iglesia Romana, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo.
En él se introdujeron un pequeño bolso con medallas conmemorativas del Pontificado de Juan Pablo II, la mitra vaticana y el ‘Rogito’, un documento sobre su vida escrito en latín y guardado en un tubo de plomo. El arzobispo Piero Marini y el secretario privado de Juan Pablo II, Estanislao Dziwisz, cubrieron con un velo de seda blanco el rostro del Papa. Antes de cerrar el féretro, el Camarlengo roció con agua bendita su cadáver.
La ciudad de Roma amaneció semiparalizada, ya que el tránsito ha sido restringido y sólo se permite el paso a los medios públicos, en una operativo de seguridad montado con más de 15.000 efectivos de la Policía y el Ejército distribuidos en los puntos estratégicos de la capital italiana. El dispositivo, sin precedentes, incluye un avión Awacs de la OTAN.
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