EL AEROPUERTO DE FISHERTON TAMBIÉN AUMENTÓ SUS MEDIDAS DE SEGURIDAD
Preembarque en el Aeropuerto Internacional Rosario “Islas Malvinas”. Son las 15.55 y un avión con destino a Santiago de Chile y conexiones a Los Angeles y Londres está por despegar en sólo cinco minutos. Llega, apurada, la última pasajera: le piden que pase su calzado y bolso de mano por la cinta que transporta equipajes. La mujer cumple con el pedido y se sorprende cuando tres agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) le dicen: “Con esto no puede abordar el vuelo, señora. Tiene que despachar todo por la bodega o dejarlo”. La pasajera se desayunó así de las nuevas normas de seguridad que rigen desde hace más de 20 días en todos los aeropuertos del mundo, tras un intento de atentado en la terminal londinense de Heathrow. Hay restricciones severas para llevar líquidos, geles y cremas en el equipaje de mano y por eso la pasajera debió desprenderse de tres botellas de vino que llevaba de regalo, un pote de crema y hasta un frasco de champú.
El episodio demoró unos minutos la salida del vuelo. La pasajera, mexicana y de nombre Floriciela, le dijo a La Capital que no se había enterado de las restricciones. “Si hasta traje botellas de tequila cuando vine”, agregó. Pero claro, eso sucedió antes del 10 agosto, cuando la policía británica descubrió que en varios vuelos con partida desde Londres se había planeado hacer estallar explosivos líquidos.
El jefe de la PSA en Rosario, Rubén Godoy, detalló cuáles son los elementos que no se pueden ingresar al preembarque y la aeronave. Aerosoles, bebidas, champú, bronceadores, bidones, crema dental, gel del cabello y otros artículos de similar consistencia. El listado se expone en un cartel visible del aeropuerto y advierte al final que “los artículos mencionados pueden ser transportados en los equipajes despachados a la bodega de los aviones”.
A pesar de las aclaraciones, son múltiples las preguntas y dudas que sobre el tema expresan los pasajeros por estos días.
“¿Y si me tengo que colocar gotas en los ojos?”, “¿cómo me lavo los dientes?” y “¿entonces no puedo comprar un perfume en el free shop?”, son algunos de los interrogantes.
El que contestó en este caso es el jefe de operaciones policiales de la PSA, Germán Jahn. “Los medicamentos como gotas, antibióticos e insulina deben acompañarse con la prescripción médica. Y las empresas que venden vinos y perfumes en el aeropuerto deben encargarse de que el paquete precintado sea directamente depositado en bodega con carteles que adviertan que se trata de algo frágil, detallar el destino o bien aclarar que va en tránsito”.
No obstante, esta norma ha generado versiones encontradas. Porque en Ezeiza, cuando el pasajero ya ha despachado su valija en la bodega, en los free shops se ha llegado a echar mano a la estrategia de hacerlo acompañar hasta la puerta del avión por una empleada. Pero si el viajero tuviera que hacer una escala que lo obligara a retirar el equipaje ese producto podría perder su inmunidad y entrar en la lista de los prohibidos.
La leche y los jugos para los bebés están permitidos si se viaja con un niño, pero todo va a ser chequeado. Hay que estar alertas, porque las medidas puedan ser aún más estrictas en otras terminales, especialmente en los vuelos entre Estados Unidos y Reino Unido (consultar información detallada en la página de la Administración de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos www.tsa.gov).
De todos modos, los tenientes de la PSA se animaron a decir que las empresas aéreas “seguramente” entregarán kits de limpieza para dar respuesta a la higiene personal durante varias horas de vuelo. Pero, ante la duda, conviene apelar a la creatividad: masticar chicles y usar hilo dental podrán aparecer como paliativos ante la prohibición de acarrear el dentífrico. Y quedará en cada uno buscar una solución a la falta de desodorante.
Godoy remarcó que las empresas de viaje deben advertir sobre estas restricciones a sus clientes y habló sobre la importancia de no abandonar los objetos no permitidos en cualquier sitio del aeropuerto. Esa situación se produjo días atrás en Ezeiza: un pasajero se enteró allí de que no podría cargar una caja con botellas de vino y las dejó bajo un asiento. El hecho obligó a aislar la zona y hacer intervenir a la brigada de explosivos.
“Acá por suerte no ha ocurrido algo así, la gente en estos días ha optado por dejar la carga a los familiares que vinieron a despedirlos”, indicó Godoy. Eso fue justamente lo que hizo Floriciela, la pasajera que tenía previsto como último destino la localidad de Tampico, sobre el golfo de México. “Me dejó todo a mí porque si no debía pagar 100 dólares de sobrepeso”, aclaró su suegra, quien se retiró del aeropuerto con los líquidos non sanctos.
EN “PATAS”
Sin duda, los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un punto de inflexión en cuanto a las medidas de seguridad en los aeropuertos, y también en el de Rosario. Hasta ese momento no se podían cargar en el equipaje objetos cortopunzantes de cierto tamaño. “Ahora, directamente, no se permite ninguno”, remarcó Godoy. El teniente se refiere a alicates, tijeras, trinchetas, cuchillos y cortaplumas.
“Desde el 2001 se comenzó a implementar la revisión de los zapatos porque en las plataformas se pueden ocultar estupefacientes y hasta explosivos”, aseguró Godoy.
El policía señaló que hay objetos prohibidos y peligrosos. Y otros que causan sorpresas. “En alguna oportunidad hubo estudiantes de medicina que quisieron pasar en la maleta una calavera”, recordó Godoy, antes de aconsejar a los viajeros que ante cualquier duda se comuniquen con el aeropuerto al 480-7480.
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