EL AEROPUERTO DE FISHERTON TIENE EL MEJOR EDIFICIO PERO LA PEOR FRECUENCIA
El ejemplo habla por sí solo: “Si venís cualquier día a las cinco de la tarde, podés pensar que estás en un museo”. Para muchos, el Aeropuerto Internacional Rosario (AIR) Islas Malvinas parece de utilería: una estructura perfecta, pero vacía. Prácticamente sin vuelos, el inmueble resulta ocioso. La operatoria descendió tanto, que en 2000 llegó a haber 11.562 despegues y durante el año pasado sólo 1.807 (un 75 por ciento menos). Mientras, en los primeros cuatro meses de 2006 hubo 547, a razón de tres frecuencias diarias y, a veces, menos.
Quizás por eso, la recientemente renovada estación aérea haya mutado su metier específico al punto de animarse a admitir fiestas con baile y todo (ver aparte). O, probablemente por el mismo motivo, las autoridades provinciales y nacionales no hayan tenido empacho en organizar la reinauguración de la terminal (con la presencia del presidente Néstor Kirchner) ahí mismo, el 30 de julio de 2004. Una especie de acto de campaña política con colectivos gratis para el público y fiesta musical, piruetas de aeronaves de la Fuerza Aérea, un globo aerostático, stands con productos artesanales, paracaidistas y la presencia de Antonio Tarragó Ros. Todo en el ingreso a un edificio donde las horas pasan y lo que menos se ve es un avión volando.
El lugar se remodeló por completo, aunque paradójicamente justo en su peor momento de actividad. De acuerdo a datos de la Fuerza Aerea Argentina, por el 2004 fueron 2.494 los aviones que despegaron desde Fisherton. Un número que cayó a 1.807 durante el año siguiente.
En la aeroestación aún todo reluce. Es que, a decir verdad, las instalaciones no han sido usadas demasiado y, por ende, no sufren ningún desgaste. Es más, a los pocos meses de su renovación, abrió un coqueto paseo de compras con 18 locales comerciales que ahora hacen malabares para sostenerse.
En rigor, las obras auguraban un futuro más prometedor. Pero ocurrió todo lo contrario: se cayeron los vuelos de Uair, a Uruguay y Brasil, y sólo quedaron en pie una conexión al día con Aeroparque (Aerolíneas Argentinas) y sendos vuelos diarios de Lan (a Chile) y Gol (a Brasil). A los dueños de los locales del paseo comercial (AIR de Compras) no les empezó “a ir” nada bien, pero resisten la malaria.
Excepto un locutorio, todos permanecen abiertos (obvio, cuando hay vuelos) confiados en que el anunciado desembarco de la aerolínea Sol (de capitales locales que, según se anunció, operará desde este mes) meta garra.
Arranca la compañía local
La firma Sol Líneas Aéreas proyecta comenzar a operar a fin de mes, o en los primeros días de julio, con cuatro frecuencias diarias a Capital Federal y otras dos a Córdoba. También explotará los servicios a Santa Fe y Rafaela. Además, ya anunció que mantendrá conexiones con la costa atlántica y otros destinos en Uruguay en el verano. Las autoridades del aeropuerto están entusiasmadas porque “habrá un aumento importante en el movimiento de vuelos”, dijeron. Y, según pudo saber La Capital, confían en seguir creciendo. Es que las firmas Cata y Andes podrían sumarse a la grilla de la terminal rosarina.
De todas formas, los dueños de los locales comeciales del aeropuerto no están conformes. Muchos aclararon que si todavía no dejaron el aeropuerto, que queda desolado buena parte del día, es porque pagan un alquiler a porcentaje de las ventas. A veces, casi cero.
Con matices, todos dicen lo mismo. Y la pregunta de La Capital sobre qué se requeriría para revertir el panorama termina sonando ridícula. “Es obvio, ¿qué va a ser? Faltan vuelos y nada más”, afirma un empleado que prefiere mantener su identidad y rubro comercial en reserva.
“La gente del locutorio no le podía pagar más a su personal y cerró”, cuenta otra fuente. Quedaron tres teléfonos públicos y ninguna computadora abierta disponible para el uso de internet. De todos modos, la terminal cuenta con el sistema inalámbrico conocido como wi-fi.
Esa tecnología no existía hace algunos años cuando, en cambio, sí solían despegar aeronaves de compañías como Varig, Southern Winds, Aero Vip, American Falcon, Pluna o Austral, entre otras, mientras se organizaban los más variados vuelos charter a encumbrados sitios turísticos del extranjero. “No recuerdo una época peor que la actual en la historia de Fisherton”, dijo un empresario del rubro en voz baja.
Sin embargo, el ingreso de la línea de capitales locales Sol, que operará porque el gobierno provincial le subsidiará el combustible (el insumo que más cuesta), enciende una luz de esperanza (ver aparte).
Un futuro poco alentador
Sin aparte no son pocos los que auguran un futuro poco alentador para el aeropuerto de Rosario. El presidente de la Asociación Rosarina de Agencias de Viajes (Arav), Oscar Vázquez, consideró que “no hay casi posibilidades de que el aeropuerto se reactive”. Así, puso en duda que “llegue a tomar la importancia que merece la región”.
El representante de las empresas de turismo locales, manifestó que “a nivel nacional no existe una política aerocomercial”. En ciertas ocasiones se pensó que Rosario podría convertirse en una puerta de salida hacia sitios turísticos emblemáticos como Iguazú, Bariloche o el norte.
Pero Vázquez no confía en que eso ocurra. “Hasta se habla de quitar frecuencias a Aeroparque”, remató.
Además, las tarifas no se ajustan desde 2001. “Las firmas casi vuelan a pérdida y los precios recién se actualizarían en un par de meses, tal vez por eso Aerolíneas no quiera partir hoy más de una vez al día desde la ciudad”, estimó.
“Recuerdo cuando en el 93 ó 94 salía un vuelo de Aerolíneas a Buenos Aires con 100 pasajeros a las 7.30 y media hora más tarde otro Austral con 80; igual la gente trataba de negociar como fuera para que le ubiquen un lugar”, contó un memorioso empleado de la estación aérea.
Hoy, la empresa de bandera decidió solamente partir una vez por día a Capital Federal (los sábados no opera), por lo que es imposible ir y volver en la misma jornada. Aparte, los regresos tienen siempre una escala previa en Santa Fe. En este sentido, hay otro dato que sorprende: los pasajeros de la capital provincial son generalmente más que los de Rosario.
Cada uno de esos vuelos puede llegar a contar con no más de 30 pasajeros y, de vez en cuando, algunos otros.
En la actualidad, muchos empresarios que antes usaban este servicio optaron por el remís. Una posibilidad cómoda y casi tan rápida como el avión. “Por la autopista llegás bárbaro”, sostuvo uno de ellos. “Solemos ir en grupo y sale bastante más barato”, apuntó otro”.
La competencia hacia ese destino hoy es muy fuerte. Hasta los ómnibus se convierten en una opción válida y ni hablar a partir de que se sume el tren rápido que el gobierno nacional anunció con bombos y platillos. Si bien es un proyecto a largo plazo, hará el trayecto Rosario-Buenos Aires en menos de dos horas. “¿Y con la autopista a Córdoba terminada?”, disparó con ironía alguien que intentó poner más leña al fuego.
Un gigante vacío
Las obras de refacción del aeropuerto fueron largamente esperadas. Se reactivaron recién a fines a fines de agosto de 2003 luego de haber quedado detenidas un año antes, cuando la firma contratista llevaba ejecutado el 47 por ciento de los trabajos planificados.
A partir de allí comenzó una serie de negociaciones que terminaron cuando el entonces gobernador Carlos Reutemann firmó el decreto que puso en marcha la remodelación y finalizó con el largo proceso de renegociación con la empresa contratista. Así, el gobierno santafesino desembolsó 10.500.000 pesos con los que se concluyeron los trabajos.
El megaproyecto logró que el nuevo edificio del aeropuerto del barrio Fisherton tenga 10.789 metros cuadrados, es decir que triplicó la superficie anterior de 3.207. Sin embargo, el movimiento de aviones de la aeroestación no acompañó este crecimiento. Y el flamante edificio sigue vacío.
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