EL AGRO AL BORDE DEL DESASTRE POR LA FALTA DE PRECIPITACIONES
Las cifras en relación a las pérdidas por la sequía que afecta a gran parte del campo argentino, no dejan de sorprender. “En Villaguay (Entre Ríos) el cultivo de maíz está perdido en un 90 por ciento”, señaló Omar Barchetta, secretario gremial de Federación Agraria Argentina (FAA), de recorrida por las zonas afectadas por la falta de agua. Mientras tanto, los pronósticos anticipan temperaturas superiores a los 40 grados y se calcula que las lluvias reparadoras recién llegarían mañana o en los próximos días. Y esto genera más tensión entre los productores agropecuarios de la región que ven como sus campos sembrados con maíz y soja sufren por la falta de agua. Durante la semana pasada, distintos sectores del agro manifestaron su preocupación por la sequía que afecta, sobre todo, al centro y sur de la provincia de Santa Fe, y anticiparon pérdidas millonarias en caso de no modificarse las condiciones climáticas.
“En la zona de Venado Tuerto hacia el sur la situación se está agravando.
Los maíces, en algunos campos, están prácticamente terminados, y la soja ya está sufriendo la falta de agua”, señaló Barchetta. Según el dirigente agrario, “el panorama en Entre Ríos, más precisamente en Villaguay, es desolador. Podríamos decir que en esta zona el cultivo de maíz está perdido en un 90 por ciento, hay lotes de soja de segunda que ya se secaron y la de primera viene complicada”.
“La semana que viene vamos a seguir recorriendo otras provincias para conocer de cerca la grave situación de los productores. Si para los próximos días no llueve de modo abundante, seguramente vamos a recibir pedidos para decretar la emergencia agropecuaria”, sostuvo el dirigente.
Números negros
Desde la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) hablaron de 10 millones de toneladas de maíz y soja en riesgo. En tanto, desde la Sociedad Rural Argentina (SRA) estimaron que las pérdidas en el agro rondarían los dos mil millones de dólares por sequías que azotan a campos argentinos.
Según los primeros estudios realizados en Santa Fe, la caída de la producción del cultivo de maíz sería del 40 por ciento y del 15 por ciento para la soja, lo que significa una pérdida total de 390 millones de dólares para la bota.
Esta caída, debido a las condiciones climáticas adversas por la que atraviesa la provincia, constituye una pérdida total del 17 por ciento de la producción de granos, según cifras oficiales se estima en 17 millones de toneladas para la campaña 2005/06. Entonces, las pérdidas para el maíz rondarían los 300 millones de pesos y para la soja de 897 millones de pesos.
La alarmante sequía ya afecta campos del centro y sur de Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y el norte de La Pampa. En cambio, a diferencia de otros años, en el Chaco y norte santafesino el panorama es más alentador. Cabe destacar que en la provincia las precipitaciones anuales rondan entre los 900 y 1.000 milímetros, pero las últimas mediciones no superan los 700, según agricultores federados, “una cifra muy baja”.
Por su parte, consultoras climatológicas argumentaron que “la falta de agua en Buenos Aires, sur de Santa Fe y Entre Ríos, se debe a que en la zona se instaló un sistema anticiclón que no permite el ingreso de bajas presiones que son las que generan las precipitaciones”.
Según cifras del Ministerio de la Producción, para la campaña 2005/06 se sembraron en la provincia 379 mil hectáreas de maíz y estiman una producción de más de tres millones de toneladas. Mientras tanto, la superficie sembrada de soja es de 3,7 millones de hectáreas y se espera un rendimiento de 11 millones de toneladas. Eso sí, todo depende del tiempo. Si no llueve en los próximos días y en forma abundante –Santa Fe necesita por lo menos una lluvia de 80 milímetros para que no disminuyan los rindes– la producción total de granos en la campaña 2005/06 podría llegar a 71 millones de toneladas, por debajo de los 85,5 millones de toneladas de la campaña pasada . En este sentido, el ingreso de divisas sería de 10.341 contra 11.900 millones y, además, bajaría la recaudación fiscal por retenciones.
Investigaciones hídricas
Los desajustes climáticos y los últimos desastres naturales han hecho reflexionar a investigadores de todo el mundo sobre cómo prevenir consecuencias que pueden perjudicar seriamente la calidad de vida.
En ese sentido, docentes de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) estudian desde hace un tiempo los eventos hídricos de distintas escalas temporales en la provincia.
“La ocurrencia de un evento extremo de déficit hídrico (sequía) es determinada a través del seguimiento y análisis del comportamiento de variables como precipitación, temperatura, humedad del suelo, condiciones de la vegetación. Cuando estas variables exhiben valores por debajo de los normales durante una secuencia de meses, por ejemplo más de tres consecutivos, se está en condiciones de declarar la presencia de un fenómeno de ésta naturaleza”, dice un extracto del informe presentado por los investigadores.
Según el documento, la sequía tiene varias consecuencias preocupantes. Más allá del costo en términos monetario, los impactos de la sequía en la sociedad, la economía y en el ambiente son de una gran magnitud.
“Este tipo de eventos extremos afecta en forma directa a las actividades agrícolas y ganaderas; pero indirectamente afecta a la sociedad y distintos sectores altamente relacionados con el campo. El alto nivel de vulnerabilidad que presenta la sociedad frente a este fenómeno extremo, los cambios en la variabilidad climática y la mayor ocurrencia de eventos de este tipo, alimentan la preocupación y el trabajo científico en establecer sistemas de monitoreo de situaciones climáticas extremas y sistemas de pronósticos de estos fenómenos con el objetivo firme de disminuir la vulnerabilidad socio-productiva”, dicen las investigadoras de la UNL.
Para las ingenieras y docentes que realizaron el trabajo sobre desajustes climáticos en la provincia, Marcela Ghietto y Susana Vanlesberg, “el plan para sequías debería constar de tres partes: monitoreo y alerta temprana, valoración de riesgo e impacto, y mitigación y respuesta. Respecto al primer punto es vital la valoración de la disponibilidad de agua tanto para el corto como el largo plazo, y esto tanto en el caso de sequía como de inundaciones. Por supuesto que en el caso de las sequías adquiere mayor relevancia”, aseguran las docentes.
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