El agua que crece en los campos
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En Presidente Roca cayeron 320 milímetros en 14 días. Y el agua no se va. Testimonio de un productor que vivió varias inundaciones, pero que ahora observa con preocupación el impacto de las aguas que llegan de otros distritos, desde hace varios años desbordados.
A 12 kilómetros de Rafaela, el campo es celeste. El agua cubre la superficie y cuesta reconocer el paisaje. A sólo unos minutos de la ciudad, casi en forma amenazante, la inundación muestra toda su magnitud.
Desde el 1º de abril, en Presidente Roca cayeron 320 milímetros. En lo que va del año, se acumulan 800, siendo que la media anual es de 1.100. Buena parte de su zona rural está bajo agua. Su plaza central también y, en el pueblo, se hace difícil transitar por sus calles.
José Luis Bocco vive allí. Lo hace desde que nació. Su familia es una de las más tradicionales del lugar. Creció en el campo que heredó de su padre y que él había heredado de su abuelo. Hace varios años se mudó al pueblo, donde formó su familia. Junto a sus hermanos, siempre se dedicó a trabajar la tierra. Hace tambo, agricultura y engorde de novillos. Hoy, las tres actividades están seriamente afectadas.
“Tato” es un hombre conocido. Fue Presidente de la Comuna e integra la comisión directiva de la seccional Roca de Federación Agraria. Con Cecilia, su esposa, participa de la mayoría de las instituciones del pueblo. Tiene cuatro hijos y, a pesar de su pasión por el campo, uno solo es ingeniero agrónomo.
Cuando transita con su camioneta por las calles de Roca, todo el mundo lo saluda. Incluso los que llegan en tractores a hacer sus compras en las despensas. Cuando lo hace por la ruta 70 o la 13, no deja de expresar su sorpresa. “De esa pastura que ves ahí, no se recupera nada”, comenta. “Este campo era considerado una zona alta, mirá cómo está”, dice señalando una porción de tierra donde el agua se ve dónde comienza, pero no su final.
Bocco no es la primera vez que vive una inundación. Pero a diferencia de otras veces, el fenómeno climático se ve agravado por el comportamiento del agua en la región. “Se necesita un estudio de suelo que sea serio”, repite una y otra vez. Sólo así piensa que se podrá avanzar en obras que no perjudiquen a nadie y sean beneficiosas para todos.
Por Roca pasa el canal Las Calaveras, que nace en San Antonio, cruza la ruta 34 y desemboca en Felicia, en el Vila-Cululú. El canal pasa al norte del pueblo. Hacia al sur, no hay canal. Hacia el sur, sólo está Rafaela. “¿Adónde pensás que va a seguir yendo el agua?”, pregunta sin dar una respuesta.
El agua que se ve es muchísima.
La situación es realmente crítica. Es difícil y complicada. Para los productores, revertir esta situación no va a ser sencillo.
¿Qué afectó más? ¿Los últimos días de lluvias consecutivas? ¿O lo que se viene acumulando en el año?
Estos 14 días de temporal, nos complicaron de sobremanera. No hubo tregua y no tuvimos espacios para hacer nada. Antes estas lluvias eran escalonadas. Ahora, se dieron en muy poco tiempo.
¿Faltan obras o es imposible contener tanta lluvia?
Siempre que vienen estos fenómenos, van a faltar obras. Siempre. Dimensionar las obras para estos fenómenos, es imposible. Porque nunca se sabe cada cuánto tiempo se van a dar. Pero que faltan obras, también es cierto. Y, principalmente, estudios regionales sobre el agua.
¿Te tocó vivir inundaciones de este tipo?
Me tocó. Acá hubo una gran inundación en el año ’81. Fue una situación similar a esta, pero con muchas menos obras que ahora. En ese momento, el escurrimiento de las aguas fue prácticamente natural. Ahora tenemos más obras, pero siguen faltando escurrimientos.
En marzo de 2007, la lluvia también había traído problemas
Hubo muchísima agua en el 2007. Fue bravísima. Llovió 400 milímetros en dos días. Pero llovió esos dos o tres días, y después no llovió más. ¿Qué hizo el agua? Se amontonó, pero a los 4 o 5 días ya empezó a correr normalmente. Y se fue.
Hace dos años, la inundación alcanzó a localidades como Josefina, Santa Clara de Saguier y Bauer y Sigel.
Pero ahí el agua ya venía de otro lugar, sin que haya estado previsto, aguas abajo, qué iba a pasar. Y es lo que terminó pasando. No solamente en el 2014. Se empezó en el 2010. En el 2014, explotó todo. Y a nosotros, ahora, nos está pasando prácticamente lo mismo. Cada año se agrava más el tema del agua. Hay lugares, donde jamás se habían tapado de agua. Mucha de toda esa agua, aún hoy no se sacó. Pero mucha de esa agua seguro que terminó perjudicando a otras cuencas. Creo que a nosotros, algo nos tocó. La cantidad de agua que hay, y la que sigue entrando, son señales de que algún problema de cuenca hubo.
¿Cómo funcionan los tambos en estas condiciones y con los caminos intransitables?
Los tambos siguen funcionando como pueden. Las vacas están encerradas y se les da silo, rollo, maíz en lugares poco apropiados, pero secos. Esto afecta la producción, que cayó en un 50 o 60 por ciento. Algo que probablemente impactará en la cadena de pagos. En algunos lugares, hay ripios o arenados que conectan a los tambos. Pero la mayoría, no lo tiene. De esta manera, se debe apelar a tractores y acoplados con tanque. Pero es cierto que hay tambos que ya se sacaron de la colonia. En estas condiciones, seguir o no seguir, puede ser una verdadera encrucijada.
Y la cosecha, ¿se llegó a levantar algo?
El 15% de la cosecha de soja se levantó antes de la lluvia. Pero hay muchos que no llegaron a levantar nada.
¿Y la hacienda?
En ganadería, hay muchos dueños que tuvieron que salir a vender. La hacienda se muere por el estrés mismo de no poder comer y no poder echarse. Ayer estuvimos mudando algunos animales y los pusimos más en el seco. Cuando ven un poco de verde, se desesperan. El ternero es el que más sufre, porque toma agua de los charcos y empieza con diarrea, con infección, y cuando están débiles se les van las defensas.
¿Cómo afecta al pueblo?
En estos pueblos, se vive del campo. Y lo padece todo el mundo. Lo padece el patrón, lo padece el puestero, lo padece el tractorista. Lo padece la familia, los chicos no pueden ir a la escuela…
¿Qué pasa con las napas?
Hace dos o tres años que la napa no baja lo que tendría que bajar. Se mantiene siempre alta, y aquí en el pueblo, está prácticamente en la superficie.
¿El suelo sigue absorbiendo como antes?
Se habla mucho de estas cosas. Pero nadie tiene la varita mágica. Si me dijeras que es un lugar donde antes hubo monte, y ahora se hace agricultura… Pero siempre se sembró. Y hay pasturas, y hay tambo, y hay caminos, y canales… Pero la napa no baja.
¿Cuál es la solución?
Es un tema muy delicado. Nosotros no queremos ni inundar, ni perjudicar a nadie. Al agua hay que darle paso. El agua no tiene distrito. El agua va por la cuenca natural. Pero si Josefina le da paso, Vila le da paso, Saguier le da paso, y Roca no puede dar paso, el agua se va amontonando.
¿Qué va a pasar cuando se retire el agua?
Primero hay que renovar todas las pasturas. Amén de renovar callejones, caminos, corrales, hay que renovar también todas las pasturas. Prácticamente el 100% de las pasturas se perdió. Eso es plata y tiempo. Porque la pasturas demoran 60 o 90 días en aprovecharse.
El productor de hoy está más informado de lo que puede suceder con el clima.
Sí. El que está en la actividad, siempre está atento.
¿Llevás tu propio registro de lluvia?
Los tengo escritos. Año a año. Tengo un pluviómetro en mi casa. Un tarro de acero con una medida de regla. Y cada vez que llueve lo anoto en un almanaque. Los tengo desde el año ’88.
¿Se imaginaban que podía suceder algo así?
No. Si bien los pronósticos lo marcaban, no pensábamos que iba a ser de esta magnitud. Y aún no terminó. Si el temporal hubiese esperado 20 días en venir, la gente podía terminar de hacer sus silos, sus reservas, empezar a trillar. Ya hubiese habido algo de pastura sembrada, la vaca podría haber estado mejor alimentada y el impacto hubiera sido otro.
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