EL AMOR ES MÁS FUERTE
Anoche, en Nueva York, los televidentes vieron por cable el final de la serie que cautivó a esta ciudad durante seis temporadas. Los bares de la ciudad organizaron “fiestas Sex and The city” y la gente organizó reuniones en casas de amigos para ver juntos el último programa.
No hubo boda. Y ninguna propuesta de matrimonio sobre algún puente del Sena, a la luz de la luna, como se había especulado hasta ahora. Tampoco hubo ninguna escena de rescate en la que la dama es salvada por su hombre. Nadie tuvo que soportar, en otras palabras, un final romántico estilo Arlequín, para un programa que le escapaba a la historia tipo cuento de hadas en pos de mostrar la vida real.
Visto desde la superficie, el último capítulo (de 45 minutos) de Sex and The City de la cadena HBO se las ingenió para cerrar las vidas de sus cuatro inteligentes, sexys y divertidas protagonistas de forma bastante prolija.
Charlotte recibió finalmente a su bebé. Samantha abrazó el amor y éste la abrazó a ella. Miranda, siempre avara en materia de emociones (al menos, cuando de hombres se trata), terminó en un lugar en donde la profundidad de su amor por su nuevo marido, Steve, quedó dolorosamente al descubierto.
Y Carrie regresó y, sí, se quedó con Big. Big, el tipo que le rompió el corazón, la engañó y la desilusionó siempre, pero que siempre la hizo reír, sentirse viva y brillar. El tipo destinado para estar con ella, en opinión de todos los televidentes, pero que nadie aceptaba como su destino. ¿No podía Carrie, acaso, contentarse con vivir sola?
Sin embargo, tal como hicieron durante años, los guionistas coquetearon con los conceptos tradicionales de las mujeres y el romance. Carrie se cruza en el momento ideal, con sus omnipresentes tacos de 10 centímetros de alto, con Big, en el lobby del hotel en donde se hospedaba. Los dos terminan riéndose de forma histérica sobre las caras alfombras del Four Seasons.
Luego, ese momento que todos espérabamos y deseábamos: Big le declara su amor a Carrie. Es de noche, están en un puente, ella tiene frío y él se saca su saco y lo coloca sobre los hombros desnudos de ella. “Todo esto es tan surrealista. ¿Cómo llegaste hasta aquí?”, le pregunta ella.
“Me llevó mucho tiempo llegar hasta aquí, pero acá estoy”, le contesta Big. “Carrie, sos la única para mí”, le dice, finalmente, Big. Se besan, y Carrie le dice “Extraño Nueva York. Lleváme a casa”.
Y se vuelve luego a las vidas de las otras tres mujeres. La historia de Charlotte resultó frustrante y predecible. Después de enterarse de que la pareja de Carolina del Norte no le va a entregar el bebé que quiere adoptar, finalmente, se entera de que va a recibir otro, pero de China. Nos enteramos después de que Samantha no pudo tener sexo todo el tiempo, porque la quimioterapia ataca la libido, pero que, en el fondo, ella prefiere la monogamia. Y encuentra al hombre justo para practicarla, Smith.
La historia de Miranda resultó la más dolorosa. La madre de Steve sufre un derrame cerebral y la mujer que hasta hace una semanas no podía aceptar la idea de una luna de miel porque le parecía algo demasiado íntimo, termina haciéndole lugar en su casa a su suegra. Hay una escena, incluso, en donde Miranda aparece bañando delicadamente a la mujer a la que antes odiaba. “Lo que hiciste, eso es amor”, le dice Magda, su casera.
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