“EL AMOR ES UN EMPLEO SIN DESCANSO”
“Nada se parece tanto al infierno como un matrimonio feliz”, sentencia Graciela, una mujer de 50 años quien, a punto de celebrar las bodas de plata de su matrimonio, explota y es desbordada por sus sentimientos ante la indiferencia de su marido. “Diatriba de amor contra un hombre sentado” transcurre durante una larga y calurosa noche en Cartagena de Indias, en la cual Graciela descargará una letanía de reproches, a medida que va realizando un balance violento y detallado de la relación.
Durante una hora y media, Graciela Dufau brilla sobre el escenario y nos seduce con sus mil facetas, logradas por su genialidad actoral y acompañadas por varios cambios de vestuario –sin salir de escena- y variaciones en la iluminación, que logran crear diferentes climas. Climas que se corresponden con los diversos sentimientos que se apoderan de la protagonista. Desde el romanticismo, pasando por la angustia, hasta llegar a la ironía, el escenario se convierte en un lugar por donde desfilan las más variadas expresiones del alma humana. Mientras este torbellino de emociones invade a Graciela, su marido asume una actitud indiferente y lee el diario tranquilamente, sin pronunciar palabra. “La mansedumbre es el peor de los despotismos”, le reprochará ella.
Él pertenece a una familia de nobles, enriquecidos gracias a la compra-venta de esclavos: los Marqueses de Jaraíz de la Vera. Ella, de plebeya y tartamuda, llegó a obtener cuatro Doctorados en letras clásicas, retórica y elocuencia para estar a la altura de la familia de su marido. Renunció a todo, excepto a su espíritu idealista y soñador.
LA OBRA
Esta pieza, especialmente escrita por Gabriel García Márquez para la actriz en 1987, fue estrenada en nuestro país en 1988, bajo la dirección de Hugo Urquijo, quien también ahora es responsable de la puesta en escena.
En 1986, el escritor colombiano presenció el espectáculo “La Maga” –representado por Graciela Dufau- y lo entusiasmó la comprobación de que una actriz pudiera tener una y varias caras en una sola función. Inmediatamente se contactó con la actriz y su marido, Hugo Urquijo, y les confió: “Hace 30 años ronda mi cabeza la imagen de una mujer dándole a su marido una cantinela de un día entero, al cabo del cual lo quema vivo. Al ver ‘La Maga’ decidí que la historia debía ser contada teatralmente”.
Así fue como nació “Diatriba de amor contra un hombre sentado”, obra que encarna el estilo de García Márquez, conjugando un lenguaje cuidado con metáforas delicadas y climas propios del realismo mágico.
Cuando la pieza fue estrenada en 1988, el exquisito Osvaldo Soriano comentó: “Hacía tiempo que Gabriel García Márquez quería escribir una larga diatriba contra sí mismo, pero dicha por una mujer. Al terminar ‘El amor en los tiempos del cólera’, repasó el material que había descartado y advirtió que Graciela estaba allí, deambulando a la deriva, como todos los personajes que se caen de una novela y reclaman su lugar en otro espacio para no perderse en el olvido. Es posible, también, que sus bodas de plata con Mercedes estuvieran frescas, o que lo obsesionara la idea de no haber sido un buen esposo, distraído que estaba en el trabajo de construir un nuevo mundo de ficciones, en los inconvenientes de una gloria literaria que será la última que este siglo depare a un escritor viviente”.
Por este trabajo, Graciela Dufau y Hugo Urquijo obtuvieron varios premios, entre ellos, el Premio Moliere, el María Guerrero, el Premio Vilches y el Estrella de Mar.
A pesar de ser un texto irónico y que mantiene un tono fuerte, en última instancia, lo que mueve al personaje y a la obra es el más sublime y desesperante de los sentimientos: el amor. Graciela lo define con estas palabras: “El amor es un empleo sin descanso… y el peor pago”. Veinticinco años de entrega sólo le han brindado un buen pasar económico, pero no la satisfacción de “hacer el amor al mediodía, con las puertas abiertas”.
Nuevamente Soriano condensa en una frase el espíritu de esta pieza: “García Márquez ha escrito una de las más violentas, bellas y complacientes diatribas que sea capaz de soportar un hombre que aguarda, impaciente, un juicio que no es el de la historia sino el de su propia, imaginaria mujer”.
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