EL AUMENTO DE LA VIOLENCIA TAMBIÉN LLEGA A LAS GUARDIAS
Tiroteos, asaltos, grescas; de la mayoría de los hechos de violencia que se registran de manera llamativamente cotidiana en la ciudad resultan, cuanto menos, heridos. Y las guardias de los hospitales adonde son derivados confirman el incremento de hechos graves, en los que están involucrados, cada vez en forma más frecuente, menores de edad.
Desde la Guardia del Hospital José María Cullen la percepción de que hay más hechos y que revisten más violencia queda confirmada. “Antes era los fines de semana y ahora es un promedio de dos hechos diarios”, cuantificó Horacio Locatelli, médico cirujano y jefe de la guardia de los jueves. Y si el jueves era, hasta hace unos años, una jornada intensa de trabajo como cualquier otra pero sin el aditamento de los hechos de violencia, ahora esa condición desapareció. “Hubo un jueves en que tuvimos que atender a tres baleados”.
El Hospital Dr. Orlando Alassia no es ajeno a esta realidad; muy por el contrario, los casos se repiten casi con exactitud, sólo que los protagonistas son niños menores de 15 años.
“Antes era muy raro ver a un chico baleado; eran ocasiones fuera de lo común y se daban generalmente a consecuencia de que quedaban atrapados en algún tiroteo”, dijo Javier Díaz, desde hace ocho años médico de guardia de la división de emergencias de ese hospital. Pero admitió que en la actualidad estos casos se han extendido en forma notable: “se ven cada vez con más frecuencia, no tenemos días ni horarios”. Aunque lo más grave es que “los chicos caen heridos porque están implicados en forma directa en los tiroteos; los pacientes que están llegando manejan armas cuando antes eran víctimas de accidentes”.
El arma en el cuerpo
“Observamos que los hechos de violencia van en aumento”, concluyó Locatelli y en ello encuadró a las intervenciones que requieren de una estructura importante de resolución.
Sin embargo no se trata sólo de casos en los que estén implicadas armas (blancas o de fuego). También hay hechos en los cuales “las armas las lleva el individuo, son los puños”, acota.
“A veces recibimos pacientes que en una fiesta o después de una fiesta aparecen con lesiones muy graves en el rostro, y eso implica una reconstrucción sumamente importante”, expresó el médico con preocupación. “A lo mejor trasciende a los medios el herido por arma de fuego o arma blanca; el golpe de puño no se hace público pero produce lesiones graves y secuelas a futuro, como una parálisis facial o pérdida de la visión”. Y permitiéndose alguna libertad idiomática evaluó que “es distinta la violencia, como si fuera más violenta”. Condición que, en todo caso, no es privativa de los ámbitos privados sino también de la vía pública, “del automovilista que quiere pasar antes que el otro, del que va en contramano. Todos terminan siendo hechos de violencia y estamos pagando las consecuencias” que se expresan en las estadísticas con su secuela de víctimas fatales y lesionados.
Locatelli trabaja en la guardia del Cullen desde hace más de 15 años: “era más tranquila, no porque hubiera poco trabajo sino porque era excepcional que un día de semana llegue un herido de arma”. Pero ahora ha cambiado mucho y esta tendencia es notable “desde hace unos cinco años”. El médico no distinguió edades ni género en los protagonistas de estos hechos: “son jóvenes y no tan jóvenes, hombres pero también mujeres que se han vuelto más agresoras”.
Tránsito
EL DATO: violento
Los accidentes de tránsito, si bien son consecuencia de otro tipo de violencia, son preocupación constante en la guardia del hospital de niños: “en el último tiempo han aumentado cerca de un 50 %, son mucho más graves y violentos que los que veíamos antes. Es un desastre”, calificó Javier Díaz, desde el Alassia.
La pérdida de la inocencia
Desde la guardia del Alassia, el Dr. Javier Díaz no puede ocultar su preocupación: “el aumento de la violencia es notable, se ven muchos más casos que hace unos años y ha bajado la edad”.
El alcohol y las drogas no quedan excluidos entre quienes transitan la primera etapa de la adolescencia y requieren atención en la guardia del hospital. “En los dos últimos años hay también un marcado aumento en el ingreso de chicos drogados o alcoholizados, que antes no veíamos”. Por lo general tienen entre 11 y 15 años y, según informó, cada fin de semana atienden alrededor de dos menores descompuestos por esta causa, que llegan trasladados por la propia familia o por la policía que los encuentra “tirados en la calle”. A veces también los llevan desde las escuelas.
Estas situaciones suelen ocurrir durante la noche y no hay distinción de sexo, es decir, llegan casi la misma cantidad de niñas que de niños. En tanto, la mayoría de los pacientes heridos por armas de fuego ingresan durante el día, preferentemente cuando cae el sol, y son varones.
Entre las chicas es común la agresión con las propias manos. “Recibimos muchas chicas golpeadas y fracturadas desde las escuelas”, aseguró Díaz.
El trabajo interdisciplinario dentro del hospital es lo que permite abordar casos tan complejos como éstos. Para que los chicos no estén de paso sólo cuando resultan heridos o están bajo los efectos de las drogas, una vez que reciben el alta en la guardia son derivados a otras áreas, como el Comité de Maltrato Infantil o el Consultorio Adolescente.
“Tratamos de captarlos a través de un problema físico, pero es muy difícil por la falta de contención familiar y muchas veces terminamos perdiéndolos”, concluyó Díaz.
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