EL BAILE DE LOS TREINTA
¿Cómo se mide la adultez? ¿Existe alguna regla universal que determine cuándo se deja de ser niño o adolescente, para empezar a ser otra cosa, lo que viene después? Alguien dirá que sí, que entre los 30 y los 40 años la mayoría de las personas encuentran la clave, la llave para dar el paso hacia la vida adulta.
Claro que si los que contestan son los autores de “El tiempo no para”, la tira que se emite todas las noche a las 22:15, por Canal 9, la respuesta será otra. Para ellos, para Constanza Novick, Javier Van de Couter y Alejandro Quesada, no hay llaves ni claves, y mucho menos un camino. Y ellos mejor que nadie para saberlo ya que casualmente, o no, comparten esa etapa de los treinta y pico con los personajes que imaginaron. Ese momento que puede ser puro desconcierto, una crisis generacional que no perdona a nadie: desde allí parte la historia a contar esta noche después de meses de armarla junto a los coordinadores Esther Feldman y Alejandro Maci.
“Teníamos muy claro que queríamos un relato que tuviera que ver con lo generacional, pero eso no es una historia. Necesitábamos un mecanismo narrativo para hablar de eso, que nos obligase a tratar el tema. Entonces apareció esto del suicidio de un par. A partir de esa muerte empezamos a armar la crisis de los 30”, adelanta Feldman.
Así comenzó “El tiempo no para”, con un final. La muerte de Martín forzará la reunión de su grupo de amigos, que hace tiempo que no se ven. Lola (Dolores Fonzi), que vive en San Francisco, regresará al país y se encontrará con su familia: su mamá, Luna (Nacha Guevara), su hermano mellizo Pablo (Walter Quiroz) y su hermana menor, Ana (Sofía Gala Castiglione).
La operación retorno no será fácil. Además del encuentro con su madre cantante, con la que nunca se llevó bien, Lola recibirá una carta del amigo que decidió matarse y volverá a ver a su ex novio, Bruno (Antonio Birabent) quien está más cerca de su familia de lo que ella se imagina.
A la hora del entierro, se cruzarán aquellos amigos que hace bastante que no se ven y en el reencuentro descubrirán afinidades que permanecen y nuevas diferencias, pero sobre todo una coincidencia que los une: la certeza de aquéllo que ya no son y la incertidumbre de lo que pueden llegar a ser en el futuro.
“Desde un principio, Sebastián [Ortega, productor del ciclo] nos planteó la siguiente premisa: en la década que va de los 30 a los 40 años se define lo que será tu vida futura. Muchas de las cosas de la adolescencia que permanecen a los 20 y son graciosas, a los 30 ya resultan medio patéticas”, define Novick, que a pesar de tener experiencia como guionista (trabajó en Pol-ka y escribió “Soy tu fan”), esta es la primera vez que encabeza un grupo de escritores, lo mismo que sus compañeros Quesada y Van de Couter.
“Los protagonistas son estos ocho pares generacionales y de alguna manera me siento reflejada en los conflictos de algunos de ellos, especialmente en eso de hacer balance de tu vida hasta ahora”, explica la guionista.
Entre los que se someterán a ese duro análisis estarán Valeria (Valentina Bassi) madre reciente, casada con Nacho (Gonzalo Valenzuela), su novio desde la adolescencia; Julia (Julieta Ortega), esposa de Pedro (Rafael Ferro), un exitoso cirujano plástico más preocupado por su trabajo que por su esposa y Gonzalo (Luciano Castro) y Jackie (Belén Blanco) una pareja que aprovechará el encuentro con los viejos amigos para intentar cambiar su complicada situación económica.
“Esta es una comedia romántica intensa en la que intentamos mostrar los momentos de crisis con humor y reflejar las cosas como son, como la vida misma”, dice Van de Couter.
Entre las historias que intentarán contarse tal como suceden en lo cotidiano y lejos de la sobreactuación y del prejuicio estará la de Pablo (Quiroz), que vivirá su homosexualidad sin secretos ni ocultamientos y tendrá amores y desamores como el resto de los personajes.
“Los personajes no son arquetipos ni estereotipos. Hay un matrimonio feliz, con diez años de casados, que eligió un camino más bien tradicional; otros que no pueden tener hijos y también está la historia gay, contada con la misma naturalidad con la que la vivimos cotidianamente. Todos los personajes están alejados del tono costumbrista”, cuenta Novick.
Que “El tiempo no para” no es una tira convencional se aprecia desde el vamos. Para empezar, no hay una pareja protagónica excluyente, sino que aquí son 17 los personajes protagónicos que compartirán la carga capítulo tras capítulo. Además, el tono del relato no coincidirá ni con el de un melodrama tradicional ni con la comedia costumbrista que suele poblar las noches televisivas. Si hay un género o estilo con el que se puede emparentar esta tira es con un unitario, aunque suene a contradicción. Es que por definición los unitarios o series semanales se ven una vez por semana y, por ende, tienen el tiempo de producción suficiente como para ir un poco más allá de las superficies. Un lujo que un programa diario no puede darse. “El tiempo no para” es la excepción.
“Estructuralmente, armamos cada capítulo como unitario, respetando algunas cosas de la tiras para mantenernos en el género pero cuidando el tema de la repetición. Lo cierto es que aunque cuentes algo en 13 o 100 episodios hay tiempos dramáticos que tenés que cuidar. En el caso de un ciclo diario puede que las relaciones avancen más lentamente, pero estamos pendientes de que, más allá del cuento central, en cada capítulo algo empiece y termine. Es la mejor forma de eludir esa sensación de que nunca pasa nada que a veces pueden transmitir las tiras”, detalla Feldman.
“Tal vez este programa esté ligado a los unitarios por cierta profundidad que intentamos darle a los temas que se exponen. Los personajes se hacen cargo de los conflictos que los atraviesan”, dice Van de Couter, y agrega: “Ellos viven ese momento de la vida en el que empezás a desaprender lo aprendido hasta ahí y en el que todavía no incorporaste nada nuevo. Es la presión de reflexionar sobre lo construido hasta ahora y el miedo al paso del tiempo”.
Los autores coinciden en que no fue fácil encontrar el rumbo inicial a esta historia que coproducen Underground y Canal 9; que a la hora de pensar las vidas y situaciones por las que tenía que pasar este grupo había que abandonar el lugar común, pero a la vez lograr que se sintiera como una situación conocida. Y, como explica Feldman, encontraron el punto justo el día en que cada uno, frente al espejo, revivió para traspasarles a los personajes “esa sensación que se tiene a los 20 años de que esa etapa durará para siempre, que hay tiempo de sobra para cambiar de carrera, de pareja, de vida”. A los 30 en cambio, sintieron los guionistas y sentirán sus personajes, todo es vértigo y el tiempo ya no para.
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