El biógrafo
Es de antes Naco. Es de cuando se llegaba a un lugar a trabajar o a trabajar. De cuando no había alternativas. De las épocas en los que se crecía entre historias de sacrificio de padres pioneros y rigor confundido con educación certera. De los días en que en Bolsón se oían épicas historias del General Villegas y otros matadores del desierto, y no las más cercanas, de hippies pacifistas.
Por entonces, para los sirios –como el padre de Naco- que llegaron desde Asia, o para los europeos –alemanes, ucranianos, españoles- las alternativas no eran izquierdas o derechas sino sembrar o criar ganado. Quizás por eso no se hablaba de política ni ideologías, quizás por eso nunca se entendieron aquellos tradicionales pobladores con los que vendría después.
Naco. Naco Sales recopiló todas las historias de pioneros y las volcó en un libro que se llama –de otro modo no podría ser- “El Bolsón de antes”. Está cosido a mano el libro. Y de los hilos le brota el amor que él ha puesto para documentarlo. Mucho empeño. Tanto como el que puso para militar contra la llegada de los hippies. Se queja todavía hoy, tantos años después del aluvión, porque dice “que no se bañaban, se drogaban y hacían el amor en la calle”.
Demasiado para la formación clásica de Naco. Demasiado. El prefería a los chilenos que venían a trabajar. “Ellos estaban acá desde siempre y siempre laburaron”, rememora, contrastándolos con los pobladores posteriores y descubriendo una cuestión de límites: cuando El Bolsón se hizo, todavía no estaba demasiado claro si eso iría a ser territorio argentino o chileno.
Los detractores de Naco lo recuerdan gritando a viva voz por radio para que se vayan los hippies. Los que lo quieren –que son mayoría- saben ver en este hombre que tiene una vitalidad muy superior a lo que un documento gastado de 80 años podría suponer, mide las cosas con la vara de aquellos pioneros. Por eso, tipos como Naco constituyen la historia de un pueblo.
Y, si además son recopiladores, tanto mejor, porque contribuyen a que podamos tutearnos con esa historia. Sales se queja de un socio circunstancial que tuvo para escribir el libro. “Catania era un hippie y yo no sabía. No teníamos nada que ver uno con otro pero trabajamos juntos. Después dijo que fue sólo él quien escribió”. Mucho más allá de las internas en la escritura de un libro, ambos y no uno por un lado y otro por el otro, simbolizan El Bolsón.
El Bolsón es los hippies como Catania –que ya no lo es- y los tradicionales como Naco, que lo serán toda la vida. Y esas historias se cuentan en un libro que recorre ahora este viejo poblador, con la vista, como si pasara por cada una de las casas de esos 30 audaces que un día se quedaron a vivir allí sin imaginar jamás que este cajoncito entre montañas generaría tantos desvelos, tantos mitos, tantas leyendas que uno quisiera que sean de verdad.
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