EL BRILLO DE UNA ESTRELLA
El fotógrafo le pide que lo mire. Sonrisa y click. El centro de entrenamiento de los Spurs se convierte en un set de producción. Y el zurdo se presta sin problemas una y otra vez.
Si bien la normalidad es subjetiva, Manu tiene una vida anormal con respecto a cualquier terrícola. “En la NBA no hacemos la vida de alguien que va a Miami a probar suerte —comenta—. Vivimos en una parte selecta, continuamente viajando, con poco contacto real con la sociedad. Vivimos en una microsociedad que es la franquicia y de ahí salimos muy poco. Acá me han tratado de maravillas”.
—¿Qué cosas te gustaría hacer y no podés?
—Por la velocidad que se vive en la NBA, no estás tres días en el mismo lugar. Se vive a las apuradas, pero sabía eso al llegar acá. Me gustaría viajar menos, poder disfrutar más de mi casa, de la ciudad, de ella…
Ella es Marianela, su mujer, quien lo mira cada tanto mientras continúa el almuerzo en el restorán italiano “Grissini”, al cual Manu llegó recomendado por P. J. Carlesimo, la mano derecha del entrenador Gregg Popovich.
Deseosos de una siesta reparadora que no llegará temprano, Manu y Many tienen por delante esos seis años de contrato del bahiense.
“Mi objetivo es vivir acá mientras dure mi carrera —asegura—. Mi idea siempre es volver a la Argentina, crecer ahí, estar con amigos de toda la vida. Nunca sabés qué puede pasar en seis años y menos en un país como el nuestro”.
¿Habrá planes de agrandar la familia? “Por ahora no, pero seguramente será pronto. Todavía queremos estar un poco más de tiempo solos. Ya llegará el momento —cuenta—. Crecerá la familia acá, pero mi idea básica es volver al país”.
—¿Cómo te sentís cada vez que vas a la Argentina y hay tanto movimiento alrededor tuyo?
—Me gusta porque sé que me siguen, me respetan y me agradecen lo que hice por la Selección. A veces me gustaría estar más con los míos, tener una vida más normal. Pero siempre digo que las cosas buenas que me da esta vida son tantas o mayores que las que me quita. Igual, no hago cosas muy distintas. Soy un tipo muy tranquilo, que disfruta de su casa, de los amigos.
Sus padres y sus hermanos viven allá. Sufrió con una amenaza de secuestro. Pero Argentina le tira. Sigue la actualidad del país. Y dice: “Creo que hace un par de años estaba todo peor. Las dos últimas veces que fui noté un cambio de actitud positivo de la gente”.
No abandona el tema. Argentina es protagonista de la conversación. “Yo nací ahí, crecí ahí, soy argentino y quiero estar ahí adentro de mi país. Con sus problemas y las cosas buenas —afirma—. Es duro explicarle a esta gente (por los estadounidenses) la diferencia que existe, pero es lo mío. Nos reímos y criticamos lo nuestro, pero lo seguimos queriendo”.
Desde Argentina y varios países le llegan cientos de correos electrónicos a su sitio www.manuginobili.com. “Al comienzo sorprendió que un jugador de la NBA respondiera, pero la gente se acostumbró a verme como algo más cercano —detalla—. En cuanto a los pedidos de material (se frota el pulgar y el índice de la mano izquierda), si le diera a uno vendrían detrás en avalancha”.
Tiene ganas de ayudar a la gente Manu. Cuenta que no se contactaron jamás con él desde el Estado argentino, pero sí tiene en claro que quiere dar una mano. “Tengo un par de ideas que quiero desarrollar con tiempo —explica—. Empezar con todo sería al pedo. Hay que empezar con lo poco que se pueda tocar. Hay que empezar desde abajo y entonces crecer”.
Cualquier similitud con su vida y su carrera no es mera coincidencia.
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