EL BUFÓN Y SUS PAYASADAS REGRESAN A LA CORTE BRITÁNICA
Trescientos cincuenta años después de que su figurín desapareciera de palacio, el bufón reaparecerá en la corte británica. La casa real, cada vez más envuelta en escándalos de todo tipo, quiere risas en sus fiestas, y por eso publicó dos avisos pidiendo candidatos, uno en el diario The Times y otro en Daily Telegraph.
“Se busca bufón”, dice el anuncio, persona “alegre”, con “uniforme propio” de campanillas. Debe “ser alegre y estar dispuesto a trabajar los fines de semana durante el verano del 2005”, agrega el texto que preparó el English Heritage (EH), ente que promueve las actividades culturales, históricas y el patrimonio de Gran Bretaña.
El bufón, un clásico de las cortes medievales, dejó de trabajar en Inglaterra en 1649, con la revolución del diputado puritano Oliver Cromwell. En realidad, ese movimiento protestante, nacido de luchas religiosas y políticas, se llevó puesta a toda la monarquía (Carlos I fue decapitado), aunque por poco tiempo. La revolución inglesa duró de 1645 a 1658, año de la muerte de Cromwell. De la “revolución gloriosa” quedaron importantes herencias como el modelo parlamentario que Cromwell impuso cuando fue Lord Protector mientras reprimía a católicos de Irlanda y a antirrepublicanos en Escocia (la masacre de Drogheda fue su acción más sangrienta). Y cuando Carlos II, hijo del anterior rey, recuperó el trono, quedó el Parlamento pero el bufón no volvió.
Ayer, el Consejo Nacional de Bufones declaró, ante la convocatoria del EH, que será un privilegio trabajar para la familia real británica y en los actos nacionales, pero aclaró que el puesto de bufón oficial “deberá ser remunerado con un buen sueldo”.
La portavoz del EH, Tracy Borman, declaró que con el puesto de “bufón oficial” se busca recuperar la tradición real de diversión y alegría y que la idea es “regresar a viejas tradiciones medievales del espectáculo bufonesco”.
El elegido, que debe ir extravagantemente vestido con el sombrero de tres picos, servirá para entretener a la realeza y actuará en actos patrios, como solía hacer en las casas reales de la Europa medieval y, según las crónicas chinas, 4.000 años antes en la corte del emperador Chiiu Shih huang-til y sus payasos Yusze.
En el siglo XVII, las tareas del bufón incluían el facilitar la digestión del monarca y hacerle olvidar momentáneamente los deberes del Estado. El bufón era asimismo requerido para acompañar los viajes oficiales de la familia real, alegrar los festines y actos nacionales.
El último fue Jeffery Hudson, un hombrecillo que medía medio metro. Una vez, mientras Carlos I y Enriqueta María comían con el duque de Buckingham y se disponían a cortar una gran torta, Jeffery salió del pastel dando saltos y risotadas. El bufón debía cuidarse de sus chistes: uno malo o inoportuno podía costarle la vida.
La tradición del bufón fue retomada por la Comedia del Arte y por el personaje teatral italiano Pulcinella, quien “compartía cartel” con Arlequín.
Quien sea elegido ahora bufón en Inglaterra deberá pasar un difícil examen durante un acto, ante jueces y expertos, en Warwickshire, uno de los míticos condados del reino.
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